Un hombre llamado Manuel

El Semanario Vanguardia despidió de la vida laboral al entrañable fotógrafo Manuel de Feria, hombre que dejó su huella en la historia fotográfica de la provincia.

 Despedida al fotógrafo Manuel de Feria, de Vanguardia.
La dirección del semanario Vanguardia le entregó un reconocimiento a ese hombre que dedicó parte de su vida a la obra fotográfica. Muy emocionado Manuel de Feria declaró que se jubilaba per no se retiraba, como una forma de reafirmar que seguían contando con su apoyo incondicional. (Foto: Ramón Barreras).
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Aquel día llegó al aula con su cámara en el cuello. Habló de fotografía, de luz, asaje, lentes… Todo parecía indicar que él era el hombre llamado Manuel que nos daría las clases de fotografía, según constaba en el horario puesto en una de las paredes de la Facultad.

Desde entonces, se convirtió en el profe De Feria, un excelente profesional, compañero, amigo. Cuando estaba recién llegada al periódico me tocó trabajar con él. Siempre supo enseñarme con cariño, por eso se ganó mi respeto y el de todos los colegas que lo estiman y aprecian.

Todavía recuerdo mi primera visita a un central azucarero. Mientras le hacía la entrevista al funcionario mis ojos se querían salir de las órbitas, entendía muy poco. No estaba familiarizada con el tema. Nunca antes había pisado un coloso de hierro con olor a melao. El profe enseguida se dio cuenta y comenzó a hacer preguntas también. Así me salvó de un ataque cardíaco. Luego me explicó cada cifra. Con él aprendí sobre rendimientos y moliendas.

El periódico no será lo mismo sin Manuel. ¿Dónde vamos a encontrar a un fotógrafo, periodista, electricista, mecánico, plomero…?

Todo lo arregla, hasta lo que parece imposible, incluyendo aretes y abanicos en situaciones extremas.

Siempre disfruté cuando me contaba de su juventud. De las tantas novias de sus años mozos, de la vez que se quedó dormido mientras manejaba a toda velocidad, de su vida reporteril, de las visitas de Fidel…

A De Feria lo vamos a extrañar. Hace días que ya lo extrañamos. Cuando entró a mi aula aquel hombre llamado Manuel, ni siquiera sospechaba que se convertiría en uno de mis mejores compañeros de trabajo. En uno de esos seres imprescindibles, que por peculiares y buena gente, siempre da gusto conocer.