Tributo a Celia Sánchez Manduley en Santa Clara

Desde allí se hizo pública la convocatoria del proceso político ¡Somos la Revolución!, el cual centrará el trabajo de la FMC durante el presente año.

Celia Sánchez Manduley
(Foto: Tomada de Internet).
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Las federadas santaclareñas, en representación de las féminas de la provincia, rindieron tributo a Celia Sánchez Manduley (1920-1980) en el aniversario 37 de su desaparición física.

Desde ese pequeño jardín, situado al inicio del reparto Bengochea, se sintió el homenaje inspirado en la modestia y sencillez de la flor más autóctona de la Revolución Cubana. Un sitio propio para distinguir, esta vez, a 30 jóvenes incorporadas a las filas de la Federación de Mujeres Cubanas (Fmc).

Fueron reconocidos aquellos bloques de la organización femenina declarados cumplidores por su aporte monetario a la Patria, en tanto Jorge González Álvarez, integrante del Buró del Partido en el municipio, recibió el Bono que certifica esta contribución por parte de las santaclareñas.

Una lluvia repentina y fría en este enero no pudo impedir que desde allí se hiciera pública la convocatoria del proceso político ¡Somos la Revolución!, el cual centrará el trabajo de la Fmc durante el presente año.

Le correspondió a Keytia Bacallao Yera, máxima dirigente femenina en Santa Clara, evocar legado de Celia desde aquella infancia traviesa por el ingenio Isabel, en Media Luna, hasta su vínculo abierto con la causa revolucionaria mediante el Movimiento 26 de Julio y la lucha de guerrillas, sin obviar su participación en el combate de El Uvero, la estancia en la Sierra Maestra, y su fidelidad al líder histórico de la Revolución Cubana.

Bajo los seudónimos de Norma, Lilian, Carmen y Caridad cumplió altas responsabilidades dentro de la clandestinidad hasta el triunfo revolucionario en que asumió con vigor cada misión asignada, al tiempo que vivió los intensos momentos del proceso hasta su fallecimiento, en enero de 1980.

Aun así, anda entre su pueblo, revive entre las mujeres, y se multiplica en los sueños de la infancia como esa flor que expande su perfume por la aurora y viste a la montaña de color.