Mayo redentor

Tiempo que redime, que salva, que enmienda, que tonifica y cura.

Desfile por el Primero de Mayo
(Foto: Archivo).
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El tiempo pasa, nadie lo ha podido detener, ni retrasar ni acelerar. Jamás diría yo que corre «raudo y veloz», como escuchamos por ahí en la más común de comunes las frases. Simplemente pasa: lento, torpe, lánguido, rápido, resuelto, enérgico. 

El cómo transcurre es asunto nuestro, que cedemos pasivos a su marcha, o nos enrolamos intensos en su recorrido infinito de soles y de lunas, de lunas y de soles. 

La gente, igual. Nadie es eterno. Y si perdura, ha de ser en la memoria, que reconoce en ella la semilla, lo virtuoso del ejemplo, lo intransigente y heroico del tránsito. 

Porque eso bueno tiene el tiempo, que permite a los demás construirse niditos de recuerdos, cobijos de remembranzas. Cada cual a su manera, a su necesidad. ¿Y si no fuera así? ¡Ah! «Qué cosa fuera, que cosa fuera la maza sin cantera». 

A pesar de todos los tipos de relojes el tiempo no adquiere figura por sí mismo, y se disfraza: de lluvia, de viento, de sequía, de flores, de frutos, olores, colores y sabores. Y usted escoge. O lo escogen si no se hace fuerte, resistente, y mantiene una cuota de honor y de locura. 

Entonces viene aquello de los nombres con los que ponemos camisón al tiempo, y una comienza a ordenar del mismo modo el suyo: agosto, vacaciones; diciembre, navidades; sábado, limpieza; domingo, pan, vino o carruseles. Depende. 

El tiempo rutinario nos sojuzga en un año de cifras y monedas, de vestido y calzado, de médico y farmacia, de escuela y de oficina, de obligados deberes laborales y asuntos notariales de pasada, de historias ya contadas, mal contadas algunas veces. 

¡Ah!, pero existe el tiempo que redime, que salva, que enmienda, que tonifica y cura. «Si no creyera en el delirio, si no creyera en la esperanza…» ¡Ah!, el tiempo. ¿Qué cosa fuera si no cabeza blanca y blanca luna, y no piel tersa y primavera, y nada más que un primer día de plaza, carteles y banderas.

Nota: Los entrecomillados pertenecen a la canción La Maza, de Silvio Rodríguez.