Martí, Fidel y el Che estuvieron hoy con el magisterio cubano

Recordado el aniversario 45 de la constitución del Destacamento Pedagógico Manuel Ascunce Domenech.

Aniversario 45 de la constitución del Destacamento Pedagógico Manuel Ascunce Domenech
(Fotos: Rogelio Mora Rojas).
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Para José Martí en el día de su caída en combate fueron las primeras palabras de la ministra de educación Ena Elsa Velázquez Cobiella. Para el hombre de la Edad de Oro que se hizo maestro para hacerse creador. Para el más universal de los cubanos, quien pidió sembrar escuelas para recoger hombres de bien.

También Fidel recibió el merecido reconocimiento por ser el artífice principal de la constitución en 1972, hace ahora 45 años, del Primer Contingente del Destacamento Pedagógico Manuel Ascunce Domenech, una revolución dentro de la Revolución, como bien la calificara nuestro líder histórico.

Entonces en la clausura del II Congreso de la UJC, el 4 de abril de 1972, pidió Fidel a la juventud: «Hay que desarrollar, a través de las organizaciones estudiantiles y de la Juventud, un movimiento de captación de jóvenes de décimo grado para que marchen a enseñar a las secundarias en el campo (…) De manera que un graduado de décimo grado podría marchar a una escuela secundaria, a trabajar ya bajo la dirección de profesores de experiencia, y realizar allí sus estudios correspondientes al Pedagógico».

Nacía así el glorioso Destacamento Pedagógico que llevaría el nombre del alfabetizador sagüero asesinado por bandas contrarrevolucionarias en el Escambray. Del joven de 16 años quien con hidalguía y orgullo, alzando la voz para ser oído, dijo a sus asesinos: ¡Yo soy el maestro!

Fueron miles los jóvenes que acudieron al llamado del Comandante en Jefe, y cada 19 de mayo, en honor al Maestro de todos los cubanos, se constituían en Destacamento Pedagógico y marchaban a las mismas aulas, donde apenas ayer eran alumnos, para enseñar y educar; y para aprender.

Era el sano orgullo juvenil de pertenecer a la vanguardia pedagógica. Las muchachas apenas unos meses atrás habían cumplido sus 15 y los jóvenes no rebasaban los 16 años de edad. Y aunque faltaba experiencia, sobraba  ímpetu. Y la tarea fue cumplida. Por eso, a la distancia de cuatro décadas y media, hoy Fidel estuvo omnipresente en la Plaza de la Revolución santaclareña.

Mayra Ling-Long rindió honores al Che ante su nicho, y ratificó la disposición del magisterio cubano a seguir el camino iniciado hace 45 años por los miembros del Destacamento Pedagógico. (Fotos: Rogelio Mora Rojas).

Tampoco faltó el Che, el doctor honoris causa en Pedagogía, quien sabía que en la juventud estaba la arcilla fundamental de nuestra obra. De ahí, que el acto fuera de evocación y homenaje, pero también de futuro. Del confiar en jóvenes como José Medel Pérez Cruz, estudiante de la sede pedagógica Félix Varela, perteneciente a la Universidad Central Marta Abreu de Las Villas, quien habló a nombre del relevo de quienes un día marcharon a las aulas a la más noble y humana de las profesiones: la del magisterio.

La ministra de educación, rodeada en el podio de decenas de alumnos de los diferentes niveles de enseñanza, con la escultura en bronce del Guerrillero Heroico a sus espaldas, pidió seguir la obra de aquellos jóvenes osados que ayudaron a forjar la Patria que hoy tenemos.

Y reclamó, para seguir contando con un futuro donde perdure la obra educacional de la Revolución, sembrar ideas y educar en el compromiso, bajo la convicción martiana de que «Hacer es la mejor manera de decir».

DISCURSO DE LA MINISTRA DE EDUCACIÓN ENA ELSA VELÁZQUEZ COBIELLA

«Asistidos por el conocimiento de nuestra historia y, de manera especial, por el magisterio de Martí y Fidel; vemos, con más fuerza que nunca, que tenemos en la cultura el arma estratégica para preparar a las presentes y futuras generaciones", afirmó la ministra de educación Ena Elsa Velázquez Cobiella». (Fotos: Rogelio Mora Rojas).

Queridos educadores:

Hoy, 19 de mayo, para José Martí, la primera palabra; para él, guía para todos los tiempos y, de manera especial, para el futuro que asumimos. A Martí: Apóstol, Maestro, Delegado, Mayor General, quien al cargar contra el enemigo, coronó su  consecuente relación entre la palabra y la acción. Su caída en combate fue su tránsito a la inmortalidad, lo, pues su ejemplo constituye la más contundente demostración —dicha con sus propias palabras— de que «La muerte no es verdad cuando se ha cumplido bien la obra de la vida; truécase en polvo el cráneo pensador; pero viven perpetuamente y fructifican los pensamientos».

Como nos enseñara Fidel: «Allí entregó su sangre en Dos Ríos, José Martí, Apóstol de la independencia, genio de las ideas más nobles que puedan concebirse, Héroe Nacional de nuestra patria, cuyas ideas inspiraron a la Generación del Centenario y hoy inspiran e inspirarán cada vez más a todo nuestro pueblo».   

¿Qué simboliza este 45 aniversario del destacamento pedagógico Manuel Ascunce Domenech tan dignamente conmemorado aquí?

Simboliza memoria, orgullo y reto.

Somos los depositarios de una herencia cultural forjada por los valiosos educadores de todas las épocas. Somos los comprometidos continuadores de una obra educacional de impresionante extensión y alcance. Preservarla significa desarrollarla y desarrollarla significa hacerla cada vez más eficiente, más culta, más perfeccionada. No basta ya con educación para todos. La cultura alcanzada por nuestro pueblo nos exige en el momento actual educación para todos con el máximo de calidad. Este es el principal compromiso del Destacamento Pedagógico para con el nombre de Manuel Ascunce Domenech, ante el estudio, el trabajo, la investigación y las tareas todas. Es el reto para los que tenemos en el campo de la educación nuestra misión como revolucionarios.

Otro reto, impostergable por su valía, que enlaza de manera orgánica con el anterior, es garantizar la continuidad histórica del magisterio cubano a través del cumplimiento de los planes de ingreso a las carreras pedagógicas en las universidades y las escuelas pedagógicas para los egresados de noveno grado. Ese es un compromiso de honor y una tarea política de primer orden. Optar por los estudios para formarse como educadores es una actitud ante el futuro; es prepararse para encararlo pertrechados con lo más avanzado en ciencias de la educación al servicio de la formación patriótica, ciudadana y científico-cultural de las nuevas generaciones.

Si en 1961 para un joven revolucionario fue una cuestión de definición hacerse alfabetizador; si en 1972 integrar el Destacamento Pedagógico Manuel Ascunce Domenech fue dar un paso al frente ante el llamado del Jefe de la Revolución; hoy, optar por ponerse al servicio de educar a favor de la virtud y el mejoramiento humano, es dar continuidad a nuestro  compromiso con la patria y con las enseñanzas de nuestro Comandante.

Si hace 56 años los jóvenes aprendieron  a usar la Cartilla y el Manual; ahora el llamado es a dominar los métodos de investigación, el conocimiento de la informática y los medios audiovisuales, lo más avanzado en las técnicas de dirección del aprendizaje y otros componentes científicos de la formación pedagógica. Y todo ello, como expresión de una revolucionaria continuidad de las generaciones de educadores.

De ahí la importancia de mantener vivo el espíritu del Destacamento, de lo cual es referente esta región central de nuestro país; espíritu del Destacamento que significa vocación de ser revolucionario, que es lo mismo que decir, jóvenes con voluntades transformadoras que asumen la cultura como instrumento esencial para llegar a la inteligencia y al corazón de sus futuros estudiantes, pues como sentenciara Martí: “El pueblo más feliz es el que tenga mejor educados a sus hijos en la instrucción del pensamiento, y en la dirección de los sentimientos”.

¿En qué circunstancias llevamos adelante nuestra obra revolucionaria?          

Vivimos en un mundo donde en el proceso de globalización e interconexión, tienen una influencia incuestionable los intereses de los poderosos con sus intenciones y acciones de lograr una hegemonía económica, política y cultural con el consecuente agravamiento de las condiciones de vida de una mayoría, cada vez más desposeída y condenada a la exclusión de sus posibilidades de desarrollo.

En esos círculos de poder, donde se mira a través del prisma de aumentar las ganancias, prácticamente no existe espacio para serias, desinteresadas y positivas contribuciones al desarrollo social de los países más pobres; en proporcionar apoyo sustancial para garantizar que todos tengan acceso a escuelas, maestros, libros, cultura, médicos y condiciones decorosas de vida.

Sin embargo, es increíble el multimillonario presupuesto para la industria de la guerra que alimenta acciones intervencionistas con sofisticados armamentos de destrucción masiva.

A esta desgarradora realidad se suma la exportación ideológica del “tanto tienes tanto vales” como un código moral; exportación ideológica que llega con sutileza extrema con la intención de que se identifique “calidad de vida” con “poseer cantidad de cosas.”

No por casualidad, los representantes de esos intereses, —y esto es muy importante para nosotros los educadores— conciben un proyecto cultural para los pueblos en que lo superficial, la banalidad, la ausencia del ejercicio del pensar y la exacerbación de la violencia actúen como eficaces contribuyentes a la enajenación y a la consecuente pérdida de la identidad. Cuentan para ello con la mayor y más poderosa maquinaria de propaganda mediática para el control de la casi totalidad de la información.

No escapará a la comprensión de ustedes que el papel de la educación desde la Revolución es defender, preservar y desarrollar, como nunca antes, la obra de profunda esencia humana que ha labrado nuestro pueblo y preparar, a su vez, a las nuevas generaciones para vivir con dignidad y la frente muy en alto en este mundo.

También, como nunca antes, se ve claro que hay que fortalecer todo lo que contribuya a profundizar conocimientos y convicciones sobre nuestra identidad nacional y latinoamericana, nuestra condición de ciudadanos con vocación universal y rostro propio de pueblo.

Asistidos por el conocimiento de nuestra historia y, de manera especial, por el magisterio de Martí y Fidel; vemos, que con más fuerza que nunca, tenemos en la cultura el arma estratégica para preparar a las presentes y futuras generaciones. Es importante formar a nuestros niños, adolescentes y jóvenes para que sean portadores de valores que enaltezcan la condición humana por su esencia moral y rechacen afanes desmedidos de posesión material y consumismo irracional, que son las redes que nos tienden los que no han renunciado a esclavizarnos.

Solo desde una sólida plataforma cultural se puede enfrentar con éxito el desafío que asume Cuba; solo desde una clara conciencia revolucionaria se puede comprender por qué la resistencia ha sido, es y será la única vía que tenemos para preservar la obra de nuestro socialismo, así como nuestro deber de perfeccionarlo. Solo desde nuestras convicciones, los que no vivieron el capitalismo podrán comprender que este injusto sistema no fue, no ha sido y no será solución para los grandes problemas económicos y sociales de los pueblos.

Dar continuidad a la Revolución es, de manera marcada, educación,  porque el enemigo cuenta con el desgaste, con el impacto del bloqueo, con sus planes de subversión ideológica; con alentar el individualismo, fomentar el desaliento, crear falsas expectativas de lo que la sociedad capitalista puede dar al ser humano. No olvidemos jamás que su propaganda tiene el propósito de crearles espejismos a los pueblos, de confundirlos.

Y están empleando y emplearán contra nosotros todo su arsenal de ideas, cada vez más por los caminos de la sutileza o lo aparentemente inofensivo.

Pero, como advirtiera Fidel, nos encontrarán preparados tanto en las “trincheras de piedras” como en las “trincheras de ideas”. Desde estas últimas, que tanto tienen que ver con el trabajo de nuestros nobles y abnegados educadores, garantizaremos el futuro mediante el conocimiento de nuestra historia, de lo que fue la explotación en el pasado, del significado de nuestras luchas por la independencia, la soberanía y la revolución social; para que se conozcan las raíces y esencias de nuestra auténtica cultura, que no ha sido una cultura en abstracto, sino históricamente vinculada con la idea de la emancipación y su enfoque contrahegemónico.

A las intenciones de colonizarnos y al ataque subversivo, nos oponemos con una educación portadora de lo mejor de nuestra herencia cultural, del desarrollo del pensamiento y la educación en valores. O como nos enseñara Martí: “Plan contra plan”.  .  Por eso no tenemos otra alternativa que hacer las cosas bien.

Entonces, dentro de lo mucho y bueno que se hace por la orientación vocacional qué mejor contribución que impartir clases que cautiven por su amenidad y calidad; que sean una fiesta del conocimiento a la vez que eduquen; clases en que los niños y adolescentes se sientan atraídos por la profesión de sus maestros y quieran ser como ellos. Sabemos que tanto aquí como en el resto del país, existen muchos valiosos compañeros que son excelentes educadores. Tenemos que luchar para que todos, sin excepción, sean así. Por eso es que el perfeccionamiento continuo de nuestra labor educacional tiene una importancia estratégica.

Solo añadir, tres palabras claves para la labor de orientación vocacional tanto hacia las universidades como hacia las escuelas pedagógicas: sembrar ideas, educar en el compromiso y evaluar resultados; esa es tarea medular de los pedagogos a todos los niveles.

Por eso, en este sagrado lugar de la patria, próximos al cumplimiento de los primeros 50 años del paso a la inmortalidad del Che Guevara, cuyo magisterio nos acompaña y alumbra el camino, reciban de todo corazón nuestro reconocimiento por el trabajo que están realizando; por su demostrada voluntad de mantener viva la memoria histórica y por su también demostrada convicción martiana de que hacer es la mejor manera de decir.  

Muchas gracias.

  • Juan Antonio Hernandez Caraballo

Félix Varela fue el que comenzó a fundar el pensamiento de la nacionalidad cubana y poco después José de la Luz y Caballero lo siguió con enseñanzas patrióticas y bien fundadas, José Martí fue el Maestro por excelencia del siglo XIX, y en el XX llegó Fidel para pensar y llevar a la práctica todas estas ideas de los grandes pensadores que lo precedieron. Es oportuno recordar en este tema lo escrito por Armando Hart hace algunos años: Félix Varela nos enseñó a pensar, Martí nos enseñó a actuar y Fidel nos enseñó a vencer.