Camajuaní: guajiros contra «Irma»

Los campesinos de Camajuaní muestran su disposición de resolver los daños ocasionados por Irma.

El campesino Reinaldo López
Reinaldo López ha visto mucho a sus 72 años, y ahora se duele por el daño causado por Irma, pero no deja de perder la confianza de que echando “palante” las cosas se resolverán. (Foto: Carolina Vilches Monzón).
Visto: 920

Camajuaní, municipio de valles y parrandas, es la potencia agrícola más importante que tiene Villa Clara en el sector campesino y cooperativo.

Irma les golpeó duro, con más de 3 000 hectáreas afectadas de las 4 431 que mantienen en producción y el 98 % de sus aposentos de tabaco golpeados por los vientos, pero todavía no habían dejado de oírse las últimas ráfagas del peligroso huracán, cuando ya sus guajiros salían a los campos a las labores de recuperación de todo aquello que pudiera salvarse y preparar condiciones para revertir las pérdidas con el objetivo de seguir aportando comida para el pueblo.

Allí radica el Movimiento Político Productivo 90x90, creado en homenaje al cumpleaños 90 del Comandante en Jefe, más conocido como el movimiento de los 90, punta de lanza de la masa campesina villaclareña.

Uno de sus integrantes Yoel Acosta Acosta, en reunión con Rafael Santiesteban Pozo, presidente de la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (ANAP), ratificó la disposición de todos sus integrantes de seguir en la avanzada productiva de la provincia y ser aún más vanguardias, si ello fuera posible:

«Todos estamos desesperados por sembrar una matica, solo esperamos que la tierra se seque un poco para arrancar. Disposición nos sobra a todos. Yo quería sembrar tabaco temprano, y lo que tengo que hacer ahora es sembrar boniato lo más rápido que pueda».

Mientras el presidente municipal de la Anap camajuanense, José Luis Valladares Santana, en la propia reunión con Santiesteban Pozo,  afirmó con convicción: «Acá en cuanto oree la tierra, las yuntas de bueyes van a perder hasta los tarros».

 Ahora, ¿qué hago?

Manuel Martínez Faife, el presidente de la “Fidel Claro”, de Taguayabón, le ratifica a Santiesteban Pozo, máximo dirigente de la ANAP en el país, la convicción que su cooperativa sobrecumplirá el plan de acopio de leche del año. (Foto: Carolina Vilches Monzón).

Esa fue la primera pregunta que le vino a la mente al Termero, o mejor al ex termero de la CCS  Fidel Claro Álvarez, de Taguayabón, y su actual presidente, Manuel Martínez Faife.

Pero enseguida la borró de la mente y se puso a hacer las mil y una cosa que le correspondía para recuperarse lo más rápido de los destrozos de Irma y salir del shock emocional inicial.

Este jueves constatamos que en la sede de su cooperativa radica la farmacia del poblado y también la tienda de productos industriales; se habían visitado a sus 289 asociados; restablecido el acopio de leche e impuesto el principio de ayuda y unión entre todos:

En diálogo con el presidente nacional de la Anap, Martínez Faife, con pleno conocimiento de causa, afirmó: «El campesino es solidario de por sí, y acá en Taguayabón todos nos ayudamos. Antes del ciclón me comprometí a cumplir el plan de leche que es de 375 mil litros, y eso no solo lo ratifico, sino que  sobre cumpliremos y no pararemos hasta conseguir los 400 mil.

«Perdimos la cubierta de más de 200 casas de nuestros asociados y hubo tres derrumbes totales, pero ninguno quedará sin recibir nuestro apoyo. Tampoco permitiremos que nuestros hijos queden sin clases, pues arreglaremos los daños que sufrió la escuelita, otra de nuestras obligaciones con la comunidad».

Resugir como el Ave Fénix

«Ahora está en el piso, pero si viene en unos pocos días, la verá levantada y lista para la próxima cosecha de tabaco», afirmó Elier. (Foto: Carolina Vilches Monzón).

Elier Pérez Manso es uno de los 90 productores del Movimiento de Avanzada. Al paso del ciclón perdió su casa de curar tabaco, el techo de su vivienda y decenas de matas de aguacates en plena época de cosecha, junto a una cantidad semejante de matas de mango.

Pero nunca el optimismo, y con el mismo simbolismo de la mítica ave que resurgió de sus cenizas, así Elier espera con su trabajo y perseverancia, volver a ver resucitada su finca El Fénix.

«Acá en mis tierras produzco además granos, viandas, hortalizas y tabaco, un cultivo que el Estado paga muy bien. Y aunque por ahora tengo que postergar mi sueño de criar carneros, en cuanto pueda lo retomo, ya tengo hasta el alambre para la cerca de los animales».

«Mi plan es aproximadamente de 400 quintales de viandas y granos, y ya este año acopié unos 60 quintales de tabaco. Ahora me propongo en esta etapa recuperar unos 200 quintales de yuca y sembrar maíz, un cultivo de ciclo corto y alimento muy gustado por las opciones alimenticias que brinda, cuando está tierno».

«Ya arreglé el techo de mi vivienda y ayudé a las casas de mis vecinos colindantes, pues la solidaridad es vital en estos momentos. Todo el que necesita un plato de comida se lo brindo y si les hace falta viandas, de igual manera.

«Mi casa de tabaco está aún el piso, pero mañana empiezo a levantarla de nuevo, y si no puedo restablecerla totalmente, pues perdió también todo el techo, la levanto hasta donde pueda, pero no la dejo en el piso. De eso, puede estar usted seguro».

El viejo Reinaldo confía

Por estos días el viejo campesino Reinaldo López González, con sus 72 años a cuestas, masca más que de costumbre el mocho de tabaco. Imposibilitado de deleitarse con fumar el puro, por la negativa médica, no le queda de otra que morderlo duro y tragar en seco, pues su casita de guano está en el piso, como también otra aledaña donde guardaba y curaba cada una de sus cosechas de la aromática hoja.

«Irma fue una mujer maldita. Intentó quitármelo todo, y casi lo consigue, pues solo me dejó en pie un pequeño ranchito donde guardaba algunas cosas, y que preparo para convertirlo en vivienda provisional.

«Sin embargo, perdió la pelea, pues ahora mismo lo que falta me por un lado, me sobra por otro: no me ha faltado un plato de comida, ni cobija segura por las noches.

«Salvé el televisor y el “aparato de frío” gracias a que enseguida mis vecinos vinieron y se metieron debajo de los escombros, trasladándolos para sus casas. Ya ayer me limpiaron el patio y cortaron todas las matas que tenía encima de lo que me quedó de casa. Solidaridad y ayuda he recibido mucha».

Reinaldo suspira profundo, aprieta más el tabaco entre sus dientes y se encaja el sombrero todo lo que puede.

La dama de los fuertes vientos huracanados lo golpeó duro, pero aún este veterano campesino de la finca Avilés, en Aguada de Moya, mantiene el alto el optimismo y la confianza de que no quedará a la buena de Dios, como pasaba antes, cuando era joven.

«Aquí lo que hay que echar es palante, palante y palante, como nos enseñó Fidel. ¡Siempre palante!».