Jibacoa también sacudida por los vientos del ciclón

La carretera de Jibacoa-Topes de Collantes está interrumpida por las aguas, al igual que otros viales comunitarios. Todavía sin cuantificar pérdidas en los cafetales.

Café cubano
(Foto: Ramón Barreras Valdés/Archivo).
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Contra todo pronóstico la porción sur de Villa Clara, en Manicaragua, sufrió los fuertes embates de vientos y lluvias del huracán “Irma”, y todavía cuando ya transcurrió más de una semana la serranía tiene zonas incomunicadas por las inundaciones y carencia de electricidad.

En pocos días la presa Hanabanilla-Jibacoa subió del 21% de llenado al 50,4 del total de su capacidad y ahora acumula unos 144 200 mil millones de metros cúbicos de agua. Los pluviómetros de recogida de precipitaciones de allí registraron más de 860 milímetros, como ocurrió en el Telecorreo local.

El vial Jibacoa-Topes de Collantes mantiene su interrupción en la comunidad Luis Lara, y el camino a Guanayara carece de tránsito por árboles derribados y daños por avalanchas de tierra y deterioro en algunas alcantarillas. De similar modo se comporta la ruta Rincón Naranjo-Picos Blanco, territorios más elevados en esa geografía montañosa.

De acuerdo con el criterio de Ángel B. Rodríguez Massip, especialista de Recursos Hidráulicos aquí, las crecidas no llegaron al extremo de aquellas ocurridas en los primeros días de junio de 1988, memorables porque recuerdan la estancia de Fidel entre los lugareños y el interés del Líder de la Revolución cubana por restañar de inmediato los daños materiales.

El escurrimiento de las aguas encharcadas ahora es mucho más rápido que en momentos precedentes y obligará a reemprender otra vez estudios geográficos y de drenaje, como alertó el Comandante en Jefe  durante aquel periplo y sus conversaciones con los pobladores serranos.

En los cafetales, con renglones económicos importantes para la exportación de granos de alta calidad competitiva y de maderas preciosas, se cuantifican las pérdidas originadas por el derribo de árboles de sombra permanente y otros temporales.

Las afectaciones de viviendas, exponen algunos moradores, fueron mínimas dentro del valle de Jibacoa, dadas las fortalezas de sus construcciones y la preparación previa de los habitantes que colocaron sacos de arena y amarraron los techos con cuanto tipo de cuerda resultó posible al alcance individual o colectivo.

La recuperación allí demorará días, en lo esencial en el laboreo de cafetos y extracción de madera, o de reposición de la electricidad, actividad que cuenta  con apoyo de brigadas de linderos procedentes de la Isla de la Juventud.

También en el municipio sureño calculan pérdidas en casas de curación de tabaco, y según cifras provinciales que incluyen a las existentes en territorios de Camajuaní, Remedios, Placetas y Santa Clara, los principales cosecheros de la aromática hoja, vaticinan unas mil perjudicadas.

A pesar de los estremecimientos de las lluvias, que paliaron en parte la intensa sequía de la región, y de los intensos vientos que derrumbaron frutos menores de diversos tipos, los serranos al igual que todos los villaclareños impulsan las tareas de saneamiento ambiental y la recuperación de todas sus afectaciones en el menor plazo posible de tiempo.