Francisco después del huracán

Inmerso en el duro trabajo por recuperar a Caibarién del impacto del huracán, el Mexicano supo que sería delegado al Festival de Sochi.

Francisco Luis Carrasco Espinosa, delegado al Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes, Sochi 2017.
Francisco, al volante de su cargador. (Foto: Ramón Barreras Valdés)
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Encontrar a Francisco no resulta tarea fácil. Decir su nombre no basta para localizarlo; mas, si se pregunta por el Mexicano la pesquisa arroja prontos resultados entre sus compañeros de la brigada constructora de asfalto de Caibarién.

Junto a ellos, en la mañana del martes, Francisco Luis Carrasco Espinosa recibía la buena nueva de que, de manera excepcional, por su labor en la recuperación del municipio de Caibarién tras el paso de «Irma», había sido incluido en la delegación de 13 jóvenes villaclareños que participarán en el XIX Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes, en la ciudad rusa de Sochi, del 14 al 22 de octubre próximos. 

Francisco Luis Carrasco, delegado de Villa Clara a Festival Mundial de sochi 2017.
Francisco Luis, el Mejicano. (Foto: Ramón Barreras Valdés)

Zoila Nibeisi Delgado Sánchez, primera secretaria de la UJC en Villa Clara, fue la encargada de darle la noticia, que lo sorprendió.

«No lo esperaba, me siento muy orgulloso y honrado», explica con un brillo en la mirada que transmite la alegría y satisfacción de quien se sabe útil y productivo.

Motivos le sobran a este muchacho de 30 años para festejar desde su cargador, con el cual elimina desechos y escombros que «Irma» se empeñó en dejar desperdigados por Caibarién.

«Higienizar la ciudad siempre ha sido nuestra tarea, cada día a las cinco de la tarde, después de la jornada de asfalto; llevamos diez años apoyando a Comunales en el municipio. Antes del ciclón ya acumulábamos varios días destupiendo zanjas, y recogiendo desechos sólidos y escombros para evitar que se obstruyeran los tragantes y drenajes hacia el mar.

«Me fui debajo de los vientos para San Juan de los Yeras, pues mi niño pequeño y mi esposa reclamaban mi presencia, pero también tenía que dejar a Caibarién lo más seguro posible. No podía partir sin hacer cuanto estuviera en mis manos para contrarrestar los embates de “Irma”». 

Esfuerzo y sacrificio 

«Normalmente me paso 11 días albergado y me voy tres de pase. Dispongo de muy poco tiempo para la familia, pero después del huracán me llamaron y no dudé en venir, esta era mi principal batalla».

Aunque los ánimos y la disposición sobran, Francisco reconoce que la tarea no ha sido fácil y ha demandado una cuota muy grande de esfuerzo y sacrificio:

«He lidiado con postes de luz caídos, con transformadores y cables eléctricos tendidos por el suelo. He recogido todo tipo de escombros y desechos. De hecho, rompí el cristal de la puerta del cargador con un palo, pues resultan numerosas las ramas y los árboles caídos.

«Los riesgos han sido muchos. Por momentos temo contraer alguna enfermedad o sufrir un accidente, porque estamos trabajando en las zanjas, y uno puede caer en una de ellas y voltearse el equipo. Pero la voluntad de contribuir con las labores recuperativas espanta el miedo al peligro. Ya son diez años al volante y me conozco el cargador como la palma de mi mano», asegura.

Carrasco Espinosa nombra al pueblo caibarienense como «heroico por excelencia» y agradece su apoyo incondicional en condiciones tan precarias. «Los cangrejeros, nuestra brigada y los jóvenes que cumplen el Servicio Militar Activo hemos guapeado juntos, hombro con hombro, para restablecernos a velocidad récord». 

Rumbo a Sochi 

El Mexicano —así lo llaman los amigos por su preferencia por la música ranchera— se desempeña como secretario de la UJC de su colectivo de trabajo, es miembro del Comité Provincial de la organización y ostenta con orgullo la doble militancia. Para él, integrar la delegación villaclareña al Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes resulta un mérito y una experiencia inolvidable.

Francisco Luis Carrasco, delegado de Villa Clara al Festival Mundial de Sochi 2017.
El Mexicano llama a los jóvenes a mantener la limpieza y la organización logradas en las labores recuperativas. (Foto: Ramón Barreras Valdés)

«Voy a Sochi a transmitir las lecciones aprendidas por los jóvenes cubanos, a contarle al mundo cómo un pueblo es capaz de levantarse tras el paso de un fenómeno tan destructor como el que pasamos, y cómo los vientos de recuperación, solidaridad y altruismo pueden también, desde una pequeña isla del Caribe, soplar más fuerte que cualquier huracán.

«Compartiremos ideas, intercambiaremos experiencias, dialogaremos, y al final cada uno asumirá lo mejor de cada participante en la cita». Además, afirma que ratificará el compromiso de la juventud con el pueblo cubano y su dirección histórica, y pondrá en alto el legado de nuestro Comandante en Jefe Fidel Castro y del Comandante Ernesto Che Guevara.

Presto a retomar su labor, les deja un mensaje a los jóvenes villaclareños:

«Debemos seguir luchando duro, el colofón de nuestra labor no es simplemente dejar a Caibarién y a Villa Clara más limpios. Los jóvenes debemos empeñarnos en velar y mantener la obra que con tanto esfuerzo hacemos hoy. Estos tiempos llenos de vicisitudes requieren de mucha voluntad y de un gran espíritu de sacrificio». 

El mejor ejemplo 

Tras Francisco y otros tantos jóvenes que se afanan de sol a sol en las labores recuperativas, hay héroes anónimos que merecen también el reconocimiento y el respeto de todo el pueblo.

«La familia es mi sostén, para ella trabajo, y me alegra que estén orgullosos de mí, más ahora, con la buena noticia. Mi niño tiene 4 años, se llama Lismel. Quiero que crezca aprendiendo a ser solidario y combativo, que no le tema al trabajo y siempre esté presto para ayudar en la tarea que reclame sus esfuerzos. Quiero ser el mejor ejemplo para él».

Francisco se despide, sonríe jubiloso y pone en marcha la pala del cargador. No solo levanta ruinas y despojos; también construye sueños, asume retos y traza una perspectiva con la mirada crítica y optimista que caracteriza a las nuevas generaciones.

  • Jose

Muy buena historia, felicidades para ese hombre de bien. Y encima con conjuntivitis.