A la tercera, ¿va la vencida?

En medio del tercer rebrote de la COVID-19 en Villa Clara, Vanguardia llegó hasta el Hospital Militar Comandante Manuel Fajardo Rivero, para dialogar con sus especialistas y trabajadores.

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Hospital Comandante Manuel (Piti) Fajardo, de Santa Clara.
La pandemia que llegó a Cuba en marzo de 2020 impuso una nueva rutina en el Hospital Militar Comandante Manuel Fajardo Rivero. (Foto: Ramón Barreras Valdés)
Mónica Sardiña Molina
Mónica Sardiña Molina
@monicasm97
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23 Enero 2021

Hace más de diez meses una pandemia revolucionó el mundo, frenó el tiempo, aceleró corazones. Cerró casas, abrió lazos familiares. Ocultó sonrisas, descubrió humanismo. Pero enfurecida con quienes no asumieron una rutina sana, nos subió a todos a la montaña rusa que transita por el carril de la indisciplina. Los matemáticos estudian temerosos la trayectoria ascendente, y el Dr. Francisco Durán la exhibe a diario, entre indignado y afligido.

Pesquisa a la entrada del hospital militar Manuel Fajardo Rivero, de Villa Clara.
El estricto cumplimiento de las medidas higiénico-sanitarias previene el contagio del personal no médico que mantiene activos otros servicios del hospital. (Foto: Ramón Barreras Valdés)

Los trabajadores del Hospital Militar Comandante Manuel Fajardo Rivero, de Santa Clara, no tardaron en alistar la institución para recibir y tratar a los enfermos de Villa Clara y Sancti Spí­ritus. Se adaptaron a los trajes calurosos, las horas interminables en la zona roja, los dí­as aislados de sus seres queridos, marcar almanaques cada 14 dí­as. Solo no se acostumbran, ni siquiera en el tercer rebrote, al incremento de los casos positivos, al descuido que genera complicaciones y arrebata vidas.

Jorge Berrio íguila, director del hospital militar Manuel Fajardo, de Villa Clara.
El coronel Jorge Berrio íguila afirma que Hospital Militar Comandante Manuel Fajardo Rivero muestra los más elevados í­ndices de ocupación, tanto en salas de cuidados mí­nimos como en terapia intensiva.

El coronel Jorge Berrio íguila, director del centro asistencial, destaca la complicación de la dinámica hospitalaria, a partir del pasado 15 de diciembre, y su reforzamiento desde el dí­a 24. Crece la transmisibilidad del virus. El í­ndice de ocupación de camas ha alcanzado el 98 %, «coqueteando con el colapso institucional », dice. Uno de cada 22 pacientes ingresados llega a Terapia Intensiva. Aumentan los necesitados de ventilación mecánica y, dolorosamente, los fallecidos.

«Más del 90 % de los casos están asociados a violaciones de los protocolos, sobre todo, para la recepción y estadí­a de los arribados en el ámbito familiar », sentencia.

El doctor llama la atención sobre dos grupos etarios en especial sensibles. Los menores que han llegado a la gravedad son niños con comorbilidades término referido a la presencia de uno o más trastornos primarios, o sea, los más necesitados de cuidado en el hogar. Asimismo, mientras el Estado protege a la población mayor de 50 años con patologí­as crónicas, la familia incurre en continuas violaciones.

Frente al alza notable de infectados, no oculta su preocupación el capitán Richar Godoy León, lí­der del equipo de seis pediatras que desde marzo ha atendido a más de 580 niños, entre confirmados y sospechosos. De los 142 positivos al SARS-CoV-2, casi 50 fueron diagnosticados entre noviembre y enero. Por fortuna, todos con una evolución clí­nica favorable.

Pediatra Richar Godoy León.
El capitán Richar Godoy León agradece el apoyo de los profesionales del hospital pediátrico José Luis Miranda en el tratamiento a niños contagiados con la COVID-19. (Foto: Ramón Barreras Valdés)

«En nombre de la pediatrí­a, de Santa Clara, de Cuba, pedimos a los padres que cuiden a sus hijos, que no les permitan salir si no es necesario y que limiten las visitas en la casa, especialmente, de arribados. Los más pequeños son muy vulnerables al contagio, porque todo el mundo quiere besarlos, abrazarlos, cargarlos. Hemos tenido niños sospechosos incluso de seis dí­as de nacidos », reseña el especialista.

Hasta las puertas de la sala 6 llegó el equipo de Vanguardia para sostener un diálogo breve y distante con Bárbara Peralta González sobre los procederes de enfermerí­a en plena zona roja. «Nos organizamos en equipos de tres enfermeras, con turnos de 12 horas. Es un trabajo arduo y fuerte, porque nos ocupamos de todos los cuidados que requieren los pacientes, incluso, de la entrega de ropa y alimentos ».  

Enfermera Bárbara Peralta González.
Pese al riesgoso trabajo, las enfermeras de la sala 6 no muestran temor. El cumplimiento de los protocolos de bioseguridad las mantienen a salvo, para recibir a los pacientes con mirada tranquilizadora. (Foto: Ramón Barreras Valdés)
Yaumara Aguilera Calzadilla, jefa del laboratorio de microbiologí­a del hospital militar de Villa Clara.
La mayor Yaumara Aguilera Calzadilla dirige el laboratorio de microbiologí­a y destaca el profesionalismo de sus especialistas.  (Foto: Ramón Barreras Valdés)

Aunque no lamenta ningún fallecido en la sala, en su sentir confluyen la angustia de quienes son trasladados al servicio de Terapia Intensiva por complicaciones y la satisfacción de quienes aplauden, agradecidos, al egresar.

Orlando Rivero Ruiz, chofer de ambulancia del hospital militar de Villa Clara.
Orlando E. Rivero Ruí­z, conoce el riesgo de la carga que transporta desde el laboratorio de microbiologí­a de la institución hospitalaria hasta el Centro Provincial de Higiene y Epidemiologí­a. (Foto: Ramón Barreras Valdés)

Los 12 profesionales del Laboratorio de Microbiologí­a del hospital militar se visten a diario de concentración y seriedad, para tomar muestras a los pacientes, prepararlas y remitirlas al Centro Provincial de Higiene y Epidemiologí­a, donde se realizan las pruebas de PCR. La mayor Yaumara Aguilera Calzadilla dirige a los especialistas y por sus resultados en el trabajo fue elegida precandidata a delegada al VIII Congreso del Partido, por la Región Militar de Villa Clara.

Farmacia del hospital militar de Villa Clara.
La disponibilidad de medicamentos y medios de protección para el personal sanitario resulta fundamental para la asistencia médica exitosa. (Foto: Ramón Barreras Valdés)
Zaida Cortés, auxiliar de limpieza del hospital militar de Villa Clara.
Aunque Zaida Cortés Alba no entra a la zona roja, extrema las precauciones durante la desinfección de áreas y superficies. Se cuida a sí­ misma, protege a otros y le cierra el cerco al virus. (Foto: Ramón Barreras Valdés)

Para que no se detenga la maquinaria anti-COVID-19, resultan cruciales los insumos, cuya administración recae sobre los hombros de la mayor Yaí­ma Sánchez Garcí­a.

La vicedirectora de Logí­stica del hospital controla la disponibilidad de medicamentos y medios de protección, el funcionamiento y la desinfección de las ambulancias, de los ómnibus que trasladan al personal médico desde los centros de descanso y hacia ellos, así­ como de otros medios que transportan al resto de los trabajadores.

También asegura la limpieza de todas las áreas, la actividad de lavanderí­a y la alimentación. Al respecto, habla de los esfuerzos por ofrecer una dieta de hasta siete platos, para que los pacientes mantengan la vitalidad frente al virus y los fuertes tratamientos.

En medio de tantas carencias, no faltan brazos abiertos al trabajo, rostros compasivos, manos diestras y calurosas, mentes brillantes y éticas; todos dispuestos a afrontar el pronóstico ascendente del nuevo coronavirus en la central provincia.  

Guagua y chofer para la transportación de los trabajadores del hospital militar de Villa Clara.
Después de una intensa jornada de 12 o 24 horas junto a los enfermos de COVID-19, el personal médico descansa en sitios aislados hasta el próximo turno de trabajo. Reinier Perdomo Lima, chofer de la empresa Transmetro traslada a diario al personal médico del hospital. El uso correcto del nasobuco, el lavado de las manos a todos los pasajeros y la desinfección completa del ómnibus son sus lí­neas de defensa ante el virus. (Fotos: Ramón Barreras Valdés)

Allanar la curva y acortar el trayecto de la montaña rusa por el peligroso camino de la transmisión autóctona requieren, además, disciplina doméstica y responsabilidad social.

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