Cuando arribó el año 1997, toda Cuba, y más aún Villa Clara, se volcó a homenajear al Comandante Ernesto Che Guevara por el aniversario 30 de su asesinato en tierras bolivianas. El hecho cobró mayor dimensión cuando se conoció el hallazgo de sus restos y de varios compañeros de lucha, gracias a la abnegada labor de un grupo de científicos cubanos.
El pueblo rindió tributo al Guerrillero de América de diversas maneras e iniciativas. La Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac) de Villa Clara tampoco pasó por alto el acontecimiento y lanzó la primera convocatoria del ya prestigioso Premio de Poesía «Ciudad del Che », único de su tipo en el país.
Según el escritor Ricardo Riverón Rojas, presidente de la Filial de Escritores de la Uneac villaclareña, el concurso surgió gracias a una iniciativa del poeta y autor de literatura infantil Luis Cabrera Delgado, quien propuso homenajear al comandante argentino-cubano a través de la poesía.
Desde entonces, el certamen tiene como objetivo resaltar la figura del Che tal como lo sienten los creadores, pero de manera transparente, sincera y auténtica. En esa primera edición de 1997, participaron autores de todo el país con más de 60 proyectos de libros, y unos 50 poemas en verso y prosa.
Tiempo después se extendió el concurso a las becas de creación para estimular a los escritores, sobre todo, jóvenes. La beca se entrega a proyectos de libros, sin importar el género literario, con la idea de que el autor concluya y publique la obra.
En cierto momento, el concurso también incluyó en su convocatoria a creadores extranjeros, pero luego se decidió que participaran solo los residentes cubanos.
En 2016, la Editorial Sed de Belleza tuvo la responsabilidad de editar el primer libro con la recopilación de los poemas ganadores del Premio «Ciudad del Che » desde su primera edición, titulado Rapsodia para el Che, cuyos ejemplares se agotaron en las librerías.
Con edición y emplane de Edelmis Anoceto Vega, diseño de cubierta de Héctor Gutiérrez Bolaños y corrección de Miriam Artiles Castro, el texto se convierte en sí en un preciado documento para coleccionar y atesorar, si de obras poéticas dedicadas al Che se trata.
Hasta el momento de la publicación, los ganadores del premio fueron:
Rubén Faílde Braña (1997), Jorge Luis Mederos (1998), Alberto Rodríguez Rangel y José Luis Najenson (1999), Maylén Domínguez Mondeja (2000), Luis Manuel Pérez-Boitel (2001 y 2004), Caridad González Sánchez (2002 y 2004), Edelmis Anoceto (2002 y 2012), Pedro Llanes (2003), Francis Sánchez (2005), Reinaldo García Blanco (2006), Moisés Mayán Fernández (2007) y José Orpí Galí (2008).
Igualmente, Otilio Carvajal Marrero (2009), Lorenzo Lunar Cardedo y Alpidio Alonso-Grau (2010), Liany Vento García (2011), Moisés Mayán Fernández (2013), Frank Abel Dopico (2014), Idiel García (2015) y Leymen Pérez (2016). En la vigésima edición, en 2017, se alzó con el premio el joven poeta Joel Herrera Acosta, con la obra «Yuro de hierba mate ».
En el prólogo del libro, el escritor Juan Eduardo Bernal Echemendía, manifestó:
«El concurso de poesía Ciudad del Che resulta una de esas convocatorias que consiguen la afirmación, desde lo estético, de aquellos valores emblemáticos y humanistas de Ernesto Guevara, de la trascendencia de su vida y de los malabares caprichosos del mito insurgente. […] Son estas elegías de multiplicado tono e intensidad particular, contribuciones afectivas y sinceras a la figura incontestable del Che Guevara, sentidas desde cualquier latitud y dirigidas hacia una ciudad emblemática, como reconocimiento a la plenitud simbólica de una zona de la historia cubana y a la grandeza individual de un hombre, en el que se reconoce la más elevada esencia de lo ético.
«Son poemas cuyos atributos estéticos afirman los valores reinterpretados en etapa nueva, distanciados de manipulaciones y efectismos, sencillamente comprometidos con la naturaleza de un hombre y las razones que trazó en los caminos del futuro ».
He aquí una selección de los poemas ganadores del Premio de Poesía «Ciudad del Che », entregado cada 8 de octubre, cuyo prestigio y valía se extiende por cada rincón de la isla.
CHE
Rubén Faílde Braña (Premio 1997)
Podías haber seguido el camino fácil del jardín
sus espléndidos espacios reservados
entre las flores más radiantes
elegir la predilecta
Podías haberte abandonado
a la sombra del cargo promisorio
(embriaguez a la que muchos se rindieron)
envejecer entre cómodas alfombras
recorrer ciudades fabulosas
automóviles de porte señorial hacerlos tuyos
Podías haber entrado en la Historia
con amables caracteres de imprenta
disolver tu viejo compromiso con América
La opción estaba de tu parte
Pero votaste por la espesura de la selva
y la montaña agreste
y la insalubridad del pantano y el holocausto de tu vida
que ahora envuelve una leyenda interminable
más allá de la Historia
que todos estos libros
pretenden enseñarnos
EL CHE EN ROSARIO
José Luis Najenson (Premio 1999)
Yo vi tu casa en mi ciudad, rumorosa de río
y tu ventana abierta hacia el confín de la mirada.
Entonces... ya soñabas con lanzar tu inmenso brío
contra los dueños de todo, esclavos de la nada.
Rosario te acogió sin conocer aún tu espada,
cuyo temple fue el puño de los pobres, el sombrío
valor de los vencidos, la porfía desolada
de los mansos. Y en el tardo ocaso del estío.
Pendía tu balcón aquella tarde. Un aroma
de magnolias caídas: la esperanza. Una brisa
jugaba con tu pelo. Pero ya nadie se asoma
tras la reja, ya nadie te devuelve la sonrisa,
ya nadie te busca en la certeza de la paloma
que volaba hasta la ventana, desde la cornisa.
JULIA CORTEZ
Maylén Domínguez Mondeja (Premio 2000)
(La Higuera, octubre de 1967)
A la mañana siguiente el prisionero pidió hablar con la maestra de la escuela... Julia Cortez recuerda: «Me fue imposible mirarlo en sus ojos... »
«Voy a mirar de una vez
siempre me digo,
voy a mirar... »
como si el tiempo
me hubiera puesto por siempre allí,
tan blanda.
Cara Higuera,
tierra roída,
qué modo halló tu fango
de atormentar mi ternura.
Iba a mirar sus ojos y no pude,
cual si fuera mi piel la bala misma,
mi pequeñez, la costra que acumulas
sobre el rotundo silencio de su espasmo.
El guerrillero milagro que ciñera
tu oscuridad a la lumbre de su historia,
no vuelve más.
No vuelve más,
nunca fuiste nutricia,
pero jamás se hizo en ti dolor tan largo.
«Voy a mirar esta vez
yo me consuelo,
voy a mirar... »,
como si el miedo
me hubiera puesto hasta el fin allí,
loca y pueril ante el vaho que hace trizas
el guerrillero milagro,
mi esperanza.
RAPSODIA PARA EL CHE
Pedro Llanes (Premio 2003)
I
Como amaste a los desheredados,
los desheredados también te aman
y no permiten que te nos vayas
con tu cuerpo cóncavo hacia el silencio.
En las noches de octubre, cuando el austro
lame las cicatrices de las ciudades
y pasa por el Tahuantinsuyo
batiendo el gran caracol de la pampa,
tu figura luminosa sale al altiplano
donde duermen la hierba mate y los caballos
en el sueño acuchillado del indio.
Te hemos visto emergiendo de la niebla
asomarte al abismo de la obsidiana
para hacer como Quetzalcoatl
al hombre en el maíz del tiempo
e irte entre los apalencados y los montoneros
y los resplandecientes cañaverales atlánticos
a descarrilar la historia en Santa Clara.
A los que trinchan nuestro oro y nuestra agua,
a los que encienden el corazón de la salitrera
y degí¼ellan el pongo en la oscuridad,
que sepan que tus manos buenas
siguen más allá de la cercenación,
que aún nos queda el relente de la plata
cristalizada en tu rostro, Comandante.
II
Ernesto ha doblado en el silencio.
Venga si nunca ha visto el girasol,
los puestos de reces en la pampa.
Esta virreinal Argentina donde Jorge Luis Borges
sabe el Domesday Book.
Buenos Aires es eterna, Bahía Blanca,
los gauchos del Rosario.
Todas esas verdades que sabían Alberto Granados y tú
a lomos del asma y la bicicleta,
mientras caía lentamente la llovizna
en los ojos temblorosos de Chichina.
Voy a brindar del agua de vida por Ernesto
en la cacharrita de la guerrilla de í‘acanhuazú
donde no hay organillero ni mujeres
que bailen los solos de bandoneón.
Lloverá sobre las ciudades de Corrientes,
sobre tanta gente decapitada
y solo nos queda que aparezcas
junto al llanto del compadrito hacia Sorrento.
III
Venías con el relente de la plata
cristalizada en tu rostro, Comandante,
para abrirles la puerta a los padecedores
del hambre oscura del corazón
y decirnos hecho fuego bajo la estrella
que estábamos bebiendo tu plenitud,
que estábamos bebiendo de la plata
cristalizada en tu rostro, Comandante.
NOTAS SOBRE EL MISMO VIAJE
Leymen Pérez (Premio 2016)
Guevara escribió estas notas cerca del Río í‘ancahuazú a doscientos cincuenta kilómetros de Santa Cruz la Sierra.
…Y alguien dijo en voz aimara Waliki mientras
masticaba hojas de coca
para no sentir hambre para no sentir… me tapaba
los ojos
para ver los instrumentos del dolor del país
de cima a sima se deslizaba la noche y la oruga que
nunca será mariposa
debajo de esta frágil intemperie donde escribo
solo mi ausencia escribo me escribo
el cuerpo ahora está desnudo y acostado como el
cuadro de Modigliano barriéndolo todo quedó después
de la última tala para que pudieran atravesar la neblina
la neblina de nuestros cuerpos llenándose de límites
blancos y rojos
tocaba un árbol cuando en verdad tocaba un bosque
un invierno imaginado por el agua que ha comenzado
a secarse
caminaba deshojándolo todo y las hojas entraban a
la boca y crecía la mudez de los racimos y los huesos
masticaba hojas de coca para no sentir hambre para
no sentir
la muerte de Jesús Suárez Gayol, Jorge Vázquez y
Eliseo Reyes,
pero la muerte en las hojas en el aire
en la roja intemperie de la sangre.