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Diez de abril: el día más bello

Cuba proclama de manera solemne la nueva Constitución de la República, hija legítima de la aprobada hace 150 años en Guáimaro.

Constitución 10 de abril
(Ilustración: Martirena)
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«No tuvo Cuba día más bello que el 10 de abril de 1869», escribió José Martí de aquella fecha gloriosa, de la cual se cumplen exactamente 150 años.

Entonces, en ese lugar sagrado de Camagüey, pueblo señorial como engalanado para una fiesta, nacía nuestra primera constitución mambisa: la de Guáimaro. Fruto del acomodo de conceptos y modos distintos de hacer la guerra, y día «en que todos depusieron sus pasiones y sus pareceres y todos fueron buenos», al decir del Apóstol.

Ahora, resultado del talento mancomunado de millones de compatriotas, proclamaremos ante el mundo la nueva Constitución de la República de Cuba; ley de leyes de avanzada a nivel internacional, socialista, inclusiva y profundamente democrática.

Se hará en sesión solemne, y nuestros diputados serán testigos de un momento único de la nación. Similar en solemnidad al del 11 de abril de 1869, cuando fue aprobada la bandera de Narciso López como nuestra insignia nacional, y Carlos Manuel de Céspedes resultó electo primer presidente de la República en Armas.

Ilustración de Martirena
(Ilustración: Martirena)

«Otros andamos por la senda abierta: ¡ellos fueron los que abrieron la senda! Por donde quiera que andemos los de ahora hemos de andar con el sombrero quitado», sentenció el Maestro en su hermoso artículo «El 10 de abril».

Ya Cuba tiene su nueva carta magna. Ahora corresponde adoptar las leyes complementarias para que sea eficaz y aplicable en sus 229 artículos, para lo cual existe un período de hasta dos años —lapso de una intensa labor legislativa y con un alto protagonismo del sector jurídico—, durante el cual nada deberá ser fruto de la espontaneidad y, mucho menos, de la improvisación.

El preámbulo en materia legislativa es ya visible con la discusión entre nuestros diputados de dos proyectos de leyes: el de los símbolos nacionales y el de pesca. Debates territoriales con opiniones diversas, en los cuales participan también presidentes de consejos populares, especialistas en el tema, juristas y representantes de las organizaciones de masas.

Ambos proyectos de leyes son resultado de los necesarios cambios que requiere la sociedad cubana hoy. La bandera de la estrella solitaria, el himno de Bayamo y el escudo de la palma real son símbolos patrios sagrados; en tanto la actividad pesquera necesita de un mejor ordenamiento, administración y control, con el fin de contribuir a la soberanía alimentaria de la nación.

¿Cuántos desatinos hemos presenciado en los últimos tiempos en el (mal) uso de nuestra bandera? ¿En cuántos lugares impropios, y hasta impúdicos, la hemos visto? ¿Y cuántas veces, debido a nuestro entusiasmo revolucionario, la hemos utilizado para adornar mesas de presidencia o frentes de plataformas?

Todo ello, y más, queda ahora debidamente regulado. Sin dogmas, pero con el debido respeto, donde la familia y la escuela deberán desempeñar un papel preponderante.

Eusebio Leal, al referirse al tema, y tras catalogarlo de una enorme trascendencia, afirmó: «La bandera y el escudo representan las luchas, el sueño, el sacrificio, el valor de generaciones […] es en el hogar y en la escuela donde comienza esta historia y continúa, luego, en la vida institucional de la nación. Para eso existen las leyes».

De su explícito articulado, el 75 permite el uso de los símbolos nacionales en prendas de vestir, pero aclara: «deben ir al frente de estas, y no formar parte de pantalones, sayas, pañuelos de bolsillo, ropa interior o de baño».  

También, en su debida flexibilización, el proyecto de ley autoriza a usar los símbolos nacionales como medio de publicidad, mas «tan solo cuando los mensajes que se trasladen contribuyan a fomentar y desarrollar en las personas valores patrios y a formar una conciencia patriótica de respeto y veneración de ellos y de la tradición histórica de la nación», y no de la manera festinada de ahora.

En relación con la Ley de Pesca —ahora en discusión como proyecto—, se norma todo lo concerniente a tan importante actividad económica, y queda establecida la categoría de pesca no estatal, tanto acuícola como de plataforma.

Igualmente, independiza la pesca deportiva de la recreativa, y considera una categoría especial dentro de esta última: la pesca submarina. Asimismo, estipula mecanismos para la concesión de las autorizaciones en cada caso, con especial atención a dicha pesca submarina, por la trascendencia y peligro en la preservación de los ecosistemas marinos y los daños que puede traer consigo  su práctica descontrolada.

Son apenas dos botones de muestra de la intensa actividad legislativa que vivirá Cuba a partir de la proclamación solemne de la nueva Constitución.

Martí, al hablar de aquel 10 de abril de 1869, lo calificó no solo como el día más bello de Cuba, sino también como el día de la generosidad absoluta, y no por casualidad escogió esa fecha gloriosa para proclamar, en 1892, el Partido Revolucionario Cubano.

Este 10 de abril de 2019, seremos fieles a esa historia.

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