Viejos y nuevos fantasmas de enseñar el arte

Aunque la polémica en torno a los instructores de arte y las dudas que suscita su reapertura retardaron el cierre de las matrículas, la carrera se reinaugura. 

Instructura de arte con sus alumnos.
La labor de os instructores de arte es fundamental para salvaguardar la cultura cubana.
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La reapertura de la carrera de Instructores de Arte generó no pocas opiniones entre los enterados de la noticia. Una serie de pros y un puñado de contras inclinaron hacia un lado y hacia el otro la balanza de comentarios.

Sin embargo, las valoraciones tuvieron verdadero colofón en las convocatorias. Desde el cierre de la primera y hasta la fecha, los interesados en ingresar a las filas de la Brigada José Martí no fueron suficientes para ocupar las 60 capacidades de la provincia. Esta cuestión obligó a la reapertura de las audiciones, que se mantuvieron durante todo el mes de octubre. 

En pos de excavar en las problemáticas que se han suscitado en torno a esta carrera, Vanguardia conversó con algunos jóvenes graduados.

Los viejos fantasmas

De 30 000 instructores graduados a nivel de país, se mantienen involucrados en el sistema estatal 14 000*, de los cuales solo un pequeño porcentaje ejerce funciones relativas a su profesión. El resto abandonó los caminos de la enseñanza artística para probar suerte. «Muchos de nosotros están trabajando en lugares que nada tienen que ver con ser instructor. Somos la mayoría», comenta Carlos González, quien se siente orgulloso de haber sido parte de la primera graduación.

Yanelis Montero, también instructora de Plástica, explica el porqué de su decisión: «Pertenecíamos a Cultura, a Educación y a la brigada José Martí: todos exigían. Algunas veces, por ejemplo, nos ponían de guía de grupo o teníamos que participar en una preparación metodológica de Química, porque lo exigía para la evaluación y el pago del salario. Nunca entendieron nuestra verdadera misión». No obstante la «nefasta experiencia», jura volver a enseñar las artes si el panorama cambia.

Otras tantas decepciones sufrieron los primeros educadores de las artes en Cuba. Un servicio social de ocho años —luego reducido—, una apertura masiva concluida por un cierre de la escuela, incluso, fueron «subestimados»—. Cuando pregunto al respecto, Carlos intenta demostrar con fuertes argumentos cómo colegas suyos debieron ser insistentes para asociarse al Fondo Cubano de Bienes Culturales. «Nos decían: ustedes no son artistas. Ustedes enseñan arte. Y ahora me pregunto: ¿cómo un maestro de dibujo, de escultura, en fin, de artes plásticas, puede no ser artista?».

Marliet González Medina, coordinadora de las escuelas de arte, también presidenta de la Brigada José Martí, agrega que el factor salario ha sido otra de las problemáticas fundamentales: «Los instructores que trabajan en Cultura son los más perjudicados, pues no se les paga la licenciatura. Nosotros hemos debatido el tema en todas las instancias».

Cazar fantasmas, aplacar los miedos

Mucho ha cambiado la concepción del instructor de arte en la sociedad cubana. «Es un programa experimental que sufrirá cambios a medida que se vaya concibiendo», recalca Aleida Rivero Villareal, subdirectora provincial de Enseñanza Artística. Realmente, el lanzamiento de la convocatoria no atrajo tantos seguidores como se esperaba, pues «el potencial es limitado, ya la mayoría de los muchachos optaron por otras carreras», apunta. También, la convocatoria fue exigente y eliminó a varios aspirantes.

No obstante los viejos rumores y los recientes cambios aún en cocción, surgen nuevos «fantasmas»: ¿Por qué si se comienza en 12.º grado, y el curso se extiende por tres años y medio, se concluye con técnico medio?, ¿existirá una licenciatura?, ¿cuáles serán las facilidades para ingresar a la Universidad?, ¿cuál es el futuro mediato de los instructores veteranos? O lo que es lo mismo…, ¿cuáles son las reformas puntuales en la dirección de los instructores activos?

Aunque este nuevo camino se construye en la marcha del proyecto, hay preguntas que exigen urgentes respuestas, pues involucran el pasado reciente y el presente de la política cultural cubana. Ello evitaría especulaciones y, por ende, atraería a talentosos jóvenes que aspiren a la promoción de las artes en Cuba.

Ante las preocupaciones, Marliet González apunta que «siempre se ha abogado por la superación de los jóvenes a través de diferentes cursos, programas e, incluso, a través de la licenciatura en el Pedagógico. La oportunidad existe y tal vez muchas otras vengan en camino».

«Otra de las ventajas de nuestra asociación es que la Brigada tiene autonomía a través de sus consejos. De modo que cualquier preocupación se puede ventilar de conjunto con la enseñanza artística y el sistema de casas de cultura», explica.

A pesar de los viejos y nuevos fantasmas, todo el mundo coincide en la importancia del trabajo de los pedagogos de las artes para mantener la idiosincrasia y la cultura cubanas. La formación de nuevos instructores «es un hecho de gran complejidad y magnitud, por el reto de que surja y que surja bien», asegura Aleida Rivero.

Según datos ofrecidos por la Dirección de Enseñanza Artística, luego del proceso fueron aprobados 27 estudiantes —23 por Villa Clara y 4 por Sancti Spíritus—. El curso escolar se inaugurará, por todo lo alto y como la ocasión merita, el próximo 6 de noviembre en la Escuela Provincial de Arte (EPA) Samuel Feijóo. 

*Cifra tomada del Granma digital. Alonso Venereo Ricardo, Nuevo Curso de Instructores de Arte, 25 de septiembre de 2017.