Murió el escritor Rogelio Menéndez Gallo

Menéndez Gallo falleció este domingo 4 de febrero, en su natal Remedios. Su singular narrativa reconstruyó escenarios y personajes folklóricos de su localidad y Caibarién.

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Hay escritores que pasan a la posteridad, y siempre tendrán un recuerdo, por el deseo de burlarse de la vida y tratar siempre sus acontecimientos más nimios con entera jocosidad. Es el caso de   Rogelio Menéndez Gallo, apodado con cariño la Vieja, quien acaba de fallecer en San Juan de los Remedios, el terruño, en sus entrañas.

Rogelio Menéndez Gallo, escritor cubano fallecido en 2018.
Rogelio Menéndez Gallo, siempre a la espera de amigos para iniciar la tertulia, a pesar de que apenas podía percibir el rostro de quienes lo visitaban. (Foto: Luis Machdo Ordetx)

Algunas síntesis biográficas indican que nació en 1936, y otras en 1948, aunque coloco en franca duda la segunda fecha, pues en más de una ocasión dijo que era un hombre de las postrimerías de los años 30 del pasado siglo. Sea una, tal vez la otra, sus narraciones llevan prendidas las existencias históricas de la Octava Villa de Cuba y de Caibarién, el litoral portuario y urbano que distinguió en constantes peleas con el Tésico, el original embarcadero remediano.

Semanas atrás, en diálogo ameno en el umbral de la casa, confesó que ya la opacidad de la vista apenas alcanzaba para percibir el rostro de los amigos y contertulios que lo visitaban. No entendí la respuesta como una despedida. Al amanecer de este domingo, el fraterno amigo, pintor y grabador Fernando Betancourt Piñero da testimonio de la infausta noticia: «murió Rogelín», y de inmediato pensé que la información no era cierta. 

Ya entonces no escribía, y desde un corto tiempo atrás, en 2015, la editorial Capiro, en la histórica Colección 500 por el medio milenio de Remedios, sacó a la luz Soñando siempre contigo, libro de unas diez narraciones en las cuales Rogelín revivió el humor gozón de siempre. Rara costumbre la de ese escritor de convertir los hechos más inusuales en prendas costumbristas.

Otros libros publicó en una imprenta privada de Caibarién. Era de pequeñas tiradas y los obsequiaba a amigos, como el que no olvida su concepto de «jodeosofía», una manera de prenderse del imaginario y anecdotario local, y retornar a la risa y los personajes populares ignorados por épocas y acontecimientos. 

Imagino a Menéndez Gallo en un aula en Caibarién o Remedios, impartiendo en Educación para Adultos las lecciones de Español y Literatura, y a la caza siempre de analogías e inferencias  folklóricas para hacer entender la gramática y la historia de las letras.   Algunas de sus piezas narrativas están recogidas en Escritores Noveles de Las Villas (1969), Cuentos cubanos de humor (1979), o Tésico y los pecados capitales (1980), Recontani una fiaba (1996) y Pregúntaselo a Dios (2002), En la esquina del ring (2008), así como en guiones radiales y artículos periodísticos en ediciones cubanas y foráneas.

Con Francisco (Pancho) Lamadrid Vega, muchas veces polemizó sobre la novela policíaca, y también se encaró en disputas interminables a otros escritores, entre los que siempre estuvieron Ramón Rodríguez Boubén, René Batista Moreno, Fidel Galván Ramírez y  Omar Rodríguez García. No faltaron los encontronazos con otros amigos, entre los que sobresalían destellos de «bravuconerías» con el pintor Betancourt Piñero. Todo invariablemente terminó entre abrazos, risas y hasta un caliente trago de ron.

Aquella mañana de diciembre último cuando llegué a la casa de Rogelín, a contraluz distinguía el rostro, pero cuando escuchó que lo nombraron la Vieja, por su canoso cabello, enseguida una chispa de alegría delató su semblante.

 

Rogelio Menéndez Gallo, escritor cubano.
Rogelio fue gran animador de los debates literarios de su época. 

Hubo que recordar entonces a Ramón Arenas Hernández, el poeta y dramaturgo de Caibarién. Es el anecdotario que recoge El hombre de la campana, una vieja novela que durante años escribió y en 1985 concluyó. La historia central recrea al personaje Lázaro Carlos Darío Rojas —un enfermo de lepra—, a la Villa Blanca,  Caibarién, y su gente.

Allí el narrador destila socarronería, erotismo, choteo, y se prende hacia el realismo mágico y el optimismo picaresco en la reconstrucción de ambientes de la localidad costera. Después vendrían otras novelas de impresiones caseras, todas fuera de los escenarios editoriales oficiales en los cuales Menéndez Gallo no conquistó mucha suerte.

A Caibarién, el pueblo de los sobrenombres y motes, como en cierta ocasión lo bautizó el folklorista Samuel Feijóo, el narrador Menéndez Gallo endilgó la histórica jodeosofía. Era el sentido de aplicación de la «jodedera» y el choteo autóctono al universo de las artes y la literatura.

Similar certidumbre encontró en su legendario Remedios, pueblo pródigo que ahora lo acoge en su último reposo. Ahí está para el permanente recuerdo.

En «Los funerales de Bolita de Macabí», de Soñando siempre…, Menéndez Gallo dice: «Acaba de fallecer faltándole al siglo xx tan solo un quinquenio, el gordo Críspulo Osorio Angulo, conocido en Caibarién —el pueblo de los nombretes—,  como Bolita de Macabí— nombre de un alimento autóctono al cual, sin ser su inventor, logró conferirle el toque mágico de una receta que a todas luces se llevará a la tumba». Es un presagio, y no el último.

Rogelín Menéndez Gallo también desde Remedios se trasladó al sepulcro uno de sus mejores arreos: la innata jodedera cubana. Noel Guzmán Boffill Rojas, el coterráneo, dijo: «mi corazón estalló/ por noble naturaleza/, y dentro de la tristeza/ el que se marchó, volvió». Descansa en Paz Rogelín, un abrazo y buen viaje.

Se han publicado 9 comentarios

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  • mike

    Deseo expresar que existen varias erratas en la confección de este trabo periodístico:
    -Murió el sábado y así lo hace constar su certificado de defunción.
    -Murio en febrero y no en enero como expresa el trabajo en sus inicos (enero fue el mes pasado)
    -Aunque vivió mucho tiempo en Remedios, nació en Caibarién y así aparece reflejada en todas las bibliografías consultadas.

  • luismo

    Mike, tienes razón. Eso de la fecha del fallecimiento de Rogelín es un lapsus cálami, cosa involuntaria al escribir. No obstante, la llamada-recado de Fernando llegó el domingo, y no sábado. Por tanto, supuse que era el primer día y no el segundo.
    De igual modo, con más de treinta años de tratos y afectos reiterados reiterados con el escritor muerto, y con sus libros en mi biblioteca y la memoria, no era necesario consultar bibliografías o diccionarios que, muchas veces, están euivocados. Tal es el caso de la fecha de nacimientos, ¿1936;1948?, o si Remedios o Caibarién, cuando en realidad lo que importa es el recuerdo y la justa valoración de la persona y la obra literaria vistas desde una posición deontológica.
    Afirmo que no trabajo en Registro Civil, y tampoco en Hospitales o Servicios Necrológicos, como sustentas en las apreciaciones. Al menos el hecho de la muerte, sin entrar en detalles de qué se produjo, no pasí inadvertido. Menéndez Gallo no mercía tanto olvido.
    Dejemos ese punto a otros, y agradezco, más allá del lapsus cálamis, el señalamiento.

  • LiLyCha

    Yo lo conocí, de cierto pocas cosas se tomaba en serio, su esposa Felicia siempre se detenía en un punto de esa manía de Rogelin de reír en todo, para regañarlo dulcemente, de ahí que su literatura es un gancho porque la misma jocosidad conque trataba un drama o una tragedia, trataba también sus acordes poéticos, el me propuso los talleres literarios cuando alguna vez le daba a leer al de mis escritos, en una ocasión presenté un poemario de tres poemas que en si se parecían mucho a una auto biografía, él era miembro del jurado, cuando termine de leerlos, le pregunté, ¿ qué le pareció? A lo que respondió, cabalgaste mucho para hallar el final real de en tus poemas, si yo fuera tú, no los leía jamás en público, y en lo que todos reían, yo pensaba que el mar me brotaba por los ojos, después supe que su crítica TAMBIEN POETICA Y JOCOSA era el inicio de esa metamorfosis
    Que perfilaría la que fui para ser la que soy, juntos hicimos trova en las calles Remedianas, Omarito,( Omar Rodriguez, o el camaleón) Galván, Noel Guzman juan Carlos Jiménez y varios más, me sorprendió la notica hoy al abrir la PC, doy el pésame a toda su familia, Valla noticia

  • mike

    luismo, mi intención no fue ofenderlo, lo cual parece que hice involuntariamente. No escribí con el propósito de que mi comentario saliera a la luz, sino que tales deslices se arreglaran sin más, - el de la fecha ya veo que lo arreglaron- no obstante muy buena su explicación, sobretodo lo referente a que tiene todos sus libros, no era necesario, gracias.!!!

  • Guillermo

    De él sólo leí "Tesico y los pecados capitales" y les confieso que me reí mucho de las narraciones como aquella de c...e palo, es una lástima no poder haber accedido más a su obra impresa, creo que no sería muy costoso y sí muy gratificante compilar todo lo escrito y hacer una publicación en la que podamos disfrutar de aquellos pasájes de todos los días narrados como broma pero con exquisita calidad.

  • luismo

    Mike, saludos. Hombre, nada ofendido. Di las gracias por la aclaración, y me alegro que los editores subsanaran para el futuro ese error involuntario como dije, y que también sirvió para enmendar lo escrito en mi blog. Si vas a http://cubanosdekilates.blogia.com/2018/020401-menendez-gallo-el-eterno-jodedor.php, verás ahí, posiblemente, la última fotografía que tomaron en vida a Rogelín en un viaje accidental que hice a Remedios.
    La infausta noticia de Fernando me acogió en tránsito desde La Habana a Santa Clara, y solo después que llegué a la casa hice de un tirón esa nota que para nada, aunque habla de la muerte, tiene sentido necrológico.
    De los libros de Rogelín, claro, por fortuna los tengo casi todos, y algunos antes de publicarlos en editoriales cubanas oficiales y particulares, por supuesto, los leí, a la vez ue añadí observaciones críticas. De eso pueden hablar otros amigos. No obstante, en ningún momento me sentí ofendido con su observación.

  • Arelis

    ohhh, que pena, rara vez leo el periodico vanguardia por esta via, hoy lo hice y me dolió el corazón, de verdad lo digo. Conoci a Rogelio hace muchos, muchos, años, tantos, que ya perdi la cuenta, me sorprendio la noticia, llevo varios minutos tratando de escribir, no puedo dejar de hacerlo. Desde Santa Clara le enviamos el pésame a Felicia, su esposa, asi como a Rogelio y Arani, sus hijos.

  • luismo

    Arelis, un saludo. Escribo porque su mensaje llegó mi correo. La esposa de Rogelio falleció un tiempo atrás. EPD ambos. Recuerdo que en algunas de las visitas aprecié cómo la cuidó y mimó en extremo sacerdocio matrimonial. Los hijos, que conozca, residen fuera del país. Gracias por su comentario.

  • luismo

    A MIKI. También a otros lectores. Este miércoles 21 de Febrero estuve en Remedios, San Juan, y por un largo rato dialogué con Fernando, el excelente pintor y amigo, también con Jesús (Chuchi) Díaz Rojas, y efectivamente Rogelio Menéndez Gallo falleció al amanecer del domingo, sobre las 4:30 am después de un infarto cerebro-vascular del jueves precedente. Por tanto, el día, ue no es lo menos importante, no se corresponde como señala al sábado 3 de Febrero. De acuerdo al testimonio fotográfico que me entregó José Armando Ocampo González, el sepelio ocurrió ese domingo 4 en el panteón familiar de Caibarién. Vale entonces la aclaración relacionada con el primer comentario que usted hizo.