Libros sin lectores y lectores sin libros

Los lectores cubanos, desde el período especial, transitan el largo camino de la literatura con piedras en los zapatos.

Ilustración de Alfredo Martirena sobre producción editorial en Cuba.
(Ilustración: Alfredo Martirena)
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Jubilada y con bajos ingresos, la anciana caminó infinitamente el día en que decidió comprarle un regalo a su nieta. «Un libro, un libro es lo que Anita necesita ahora que sabe leer», comentó agradeciendo la idea, asequible a su bolsillo. «Sí, quiero La Edad de Oro, esa edición, aunque esté viejita», le dijo a un señor que vendía libros usados. Mas la sorpresa fue grande cuando él, ni corto ni perezoso, le contestó amablemente: «4 CUC o 100 pesos cubanos, señora, como usted prefiera».

Lo cierto es que mientras las librerías estatales carecen de algunos títulos icónicos, La Edad de Oro, Había una vez, Cuentos de animales, El diario de Ana Frank, La noche y otros tantos para adultos, se muestran en librerías particulares, pero a precios muy elevados. Habría que cuestionarse la procedencia de dichos ejemplares de «uso», pues algunos parecen haber sido obtenidos en recientes ferias del libro.

La historia comienza a adquirir matices cuando se analiza la industria del libro en Cuba y las políticas editoriales luego del período especial. ¿A qué se debe ello? ¿A cuestiones económicas? ¿A proyecciones institucionales? Lo cierto es que los lectores cubanos, desde aquel momento, transitan el largo camino de la literatura con piedras en los zapatos.

Resulta preocupante la poca variedad de géneros que logran verse en el catálogo de las librerías provinciales e, incluso, de la capital. Escasa novelística nacional y extranjera, insuficientes antologías de ensayos —con prioridad para ciertos y determinados tópicos—, abundante poesía de las editoriales territoriales, libros infantiles no liquidados en ferias pasadas, así como otros títulos que se vuelven familiares en los estantes.

Entonces, ante el fenómeno de la inamovilidad de los libros sin lectores, comienza a reducirse su valor hasta alcanzar precios irrisorios y simbólicos. Por ejemplo, Los cantos de Maldoror, ícono de la literatura universal y publicado por la Editorial Sed de Belleza en 2006, fue vendido —hace poco más de un año— al precio de un peso cubano. Igual fue el destino de El Burlador de Sevilla y Tour Cuba —en las librerías por divisa—, ambos con una envidiable factura. Por su parte, las Obras completas de Martí pudieron ser adquiridas solo por 53 pesos en ferias pasadas. Y la lista continúa.

¿Cuánta pérdida supone ello para la industria del libro? Si revisamos las posibles causas de los hechos, pudieran contar las extensas tiradas que superan al público interesado. Un estudio de mercado, obligatorio para la salud del «negocio», pudiera beneficiarlo con creces.

Por otro lado, existen lectores sin libros. «En las últimas ferias me he ido con las manos vacías. Un spot de este año mostró que se venderán en la feria Papa Goriot y Cumbres borrascosas, una vez más. ¿Quién no se ha leído esos dos libros en Cuba? ¿Por qué no se imprime otra obra de Balzac o de las hermanos Brontë?», refuta Alejandro, joven filólogo, y añade un sinfín de cuestionamientos.

Algunos especialistas en el tema pudieran escudarse en los altos pagos en concepto de copyrights. Sin embargo, habría que cuestionarse si realmente esa es la causa principal o si es la falta de gestión. La época de oro de la industria del libro cubano, un pasado no muy lejano, demostró que es viable un catálogo riquísimo en literaturas cubana, latinoamericana y universal.

Entonces, ¿qué sucede con los libros que no necesitan permiso de reimpresión como La Edad de Oro, bajo la absoluta y completa jurisdicción del Gobierno cubano? ¿Por qué ejemplares como Había una vez, Cuentos de animales, La noche y otros tantos vitales para la primera infancia no se reeditan?

¿Por qué no se aumentan las ediciones de libros de cocina, de autoayuda y otros tantos ejemplares con fines utilitarios con magnífica aceptación? ¿Por qué se limitan a su comercialización en las ferias? No se trata de eliminar los géneros menos populares. Se trata de buscar el justo equilibrio para que sean libros comerciales y, por ende, rentables, los que sustenten el resto de las producciones.

Es cierto que las impresiones en papel se encarecen con los años. Entonces, ¿por qué Cuba no se suma a la venta de textos digitales en diversos formatos? Ello coadyuva a minimizar los gastos y diversificar así las tipologías editoriales complejas como las ediciones críticas y anotadas. Es necesario que nuestro país se actualice a la luz de los cambios generacionales. La sociedad cubana también se encuentra preparada para ello.

Ya sean presupuestadas o autofinanciadas, las editoriales cubanas necesitan un pensamiento económico y rentable para su mantenimiento y desarrollo. Lo que no puede suceder es que haya libros sin lectores o lectores sin libros, fórmulas que están condenadas al fracaso.

Se han publicado 6 comentarios

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  • Hater

    Interesante trabajo, salvo por el pedido del joven filólogo. Imposible imprimir otra novela de Emily Brontë pues sólo escribió una.

  • Leduan



    Hola, este es un trabajo sin profundidad: la verdadera causa del problema, quizá la raíz, es la falta de educación, la falta de nivel y cultura en maestros y escolares en los niveles previos de enseñanza. Ninguna editorial puede ser sola la responsable de responsabilizarse de la falta de lectura: no por gusto se hizo primero en Cuba la imprenta nacional y se dieron cuenta que primero había que saber leer: y surgió la alfabetización. Ahora hay analfabetos funcionales, a decenas de miles. Saben escribir su nombre, saben deletrear un párrafo: pero no saben leer.

    Ah, más dinero se pierde en pagar toneladas de maestros y sus supervisores y en la alimentación de decenas de miles de alumnos y se ofrece el panorama actual que es deprimente.

    Se publica Papá Goriot y otros clásicos conocidos porque se dan en el Pre y no existe la novela para consulta: hay demanda, aunque el joven filólogo no lo prefiera, sabían que según una encuestar del Instituto Cubano del Libro la cifra de lectura en las facultades de letras es muy baja, deprimente, no,? Quizá la periodista debió consultar un poco más.
    Ah, tanto y más dinero se pierde en las tiendas recaudadoras de divisa poniendo como precio a los productos el triple del costo real y pocos pueden comprarlos hasta que envejecen y les rebajan el precio.

    Por otra parte: los planes editoriales no solo pueden basarse en libros de cocina, o Había una vez, El principito, etc…. El dinero que destina el país para libros s finito y deben ser atendidos los creadores literarios, sus obras hacer un balance profundo de tiradas, etc.

    Si el paradigma de esta periodista son: Había una vez, Cuentos de animales, La noche no hay que buscar más explicación a este trabajo. Solo hay que mirar quién revisó este texto, quién dio el visto bueno, quién lo publicó, etc.
    Es una cadena de mala lectura

  • Yinet

    Leduán: Respetamos y agradecemos todos los criterios de los lectores, pues es el objetivo primero de un medio de prensa. Coincido en que la principal causa es la crisis que enfrenta el hábito de leer. Mas si me referí en algún momento a «lectores», se trata de aquellos que leen y hurgan en las librerías ansiosos de lectura y textos para comprar.
    Si te refieres a la frase: «más dinero se pierde en pagar toneladas de maestros y sus supervisores y en la alimentación de decenas de miles de alumnos y se ofrece el panorama actual que es deprimente», ello daría maíz para otro comentario.
    Realmente, no creo haber plasmado que mi paradigma sean libros infantiles. Sin embargo, con pleno convencimiento, apoyo la literatura en la primera infancia y la edición de dichos textos.
    También, y aunque agradezco su sinceridad, creo que los comentarios han de ser constructivos, no destructivos. Muchas cosas se pueden sugerir, criticar, cuestionar, exponer e incluso contradecir, mas nunca rozando los límites de la desidia y la ofensa.
    Agradezco al lector Hater, perdón por la errata de transcripción mía, que será enmendada de inmediato: se trata de las hermanas e incluso, hermanos Brontë, quienes publicaron una copiosa obra, algunas paradigmas, otras detestables por la vana psicología de sus personajes. Pero hay quienes las leen, les gustan y las exigen. Muchas gracias a ambos por leernos.

  • Ruffini

    Respuesta a todas las interrogantes de la periodista: porque a nadie le preocupa.

  • Leduan

    Hola Yinet, he demorado varios días en aparecer, es que es muy preocupante que aparezca este trabajo en un medio de prensa y se circule impreso igual, no? y se cuestionen temas que no se han profundizado en su análisis previo. es irresponsable. lamento si se sintió lacerada. Es solo que es un trabajo que veo superficial. Solo eso, que es demasiado. Hay que ir siempre al núcleo de problema, las editoriales no pueden cargar con el peso de la educación de un país, mucho menos el cubano que tanto ha hecho por elevar la cultura pero sin maestros, que es la base cultural, nada se logra, ni carreras de filólogos, ya ves cómo están esas facultades llenas de alumnos de letras que no lean.
    Eso no tiene que explicarse, algo no funciona y es un mal funcionamiento general

  • amadorhh

    Excelente comentario. ha puesto usted el dedo en una gran llaga. ahora hace falta que los decisores la escuchen. ahí es donde la piedra molesta dentro del zapato.