Los itinerarios legendarios de Carolina

La exposición personal CAROLINA: Itinerarios vitales permanecerá expuesta por estos meses en las salas del Centro Provincial de Artes Visuales.

CAROLINA: Itinerarios vitales
(Foto: SMB)
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El arte verdadero suele resultar una provocación. Y cuando el espectador se siente provocado, por contradictorio que parezca, el arte y el artista auténticos se sienten a su vez respetados. El arte provocador no tiene por qué llegar a ser insultante para nadie. Cuando hablamos de provocar puede tratarse, en cambio, de enseñarnos algo, o de conmovernos o, incluso, solo de la capacidad de extasiarnos por unos minutos. Pues lo peor que puede sucederle a un artista es que su obra pase desapercibida para el público.

Es por eso que las reacciones de cara a la serie de fotografías «Anatomía familiar», de Carolina Vilches Monzón, como parte de la exposición personal CAROLINA: Itinerarios vitales, expuesta por estos meses en las salas del Centro Provincial de Artes Visuales, han oscilado entre la empatía y el insulto.

Algunos no conciben que el drama de Carolina en su lucha contra el cáncer pueda ser un tema apropiado para hacer arte; otros, por el contrario, aseguran que es de las mejores cosas que han visto últimamente en una galería. Tampoco se trata de un nuevo capítulo en la historia del arte. De tan solo recordar los desgarramientos de la pintora mexicana Frida Kahlo, por poner un ejemplo, sin duda paradigmático, verificamos un homenaje tácito en Carolina a aquellos creadores, muy abundantes, además, en el arte contemporáneo, cuyas propuestas trasuntan sinceridad y apego a las referencias vitales.

En «Anatomía familiar», como exponente de su obra más reciente, Carolina alcanzó de una vez la dosis exacta del «decir» de la obra de arte. En esa serie nada hay gratuito ni nada falta. Es absolutamente rotunda.

En esta autobiografía visual se exponen otras series ya conocidas de Carolina como «Turno corrido», en la cual las 24 horas de un día cualquiera en la vida de la artista-mujer, debatida entre los roles «asignados» a su género (madre, esposa, trabajadora…), quedan sintetizados con coherencia y, sobre todo, con transparencia. «Turno corrido» parece ser la serie en que Carolina, hace unos ocho años, consiguió domeñar, además, al tiempo, en una narración artística a través de las imágenes.

Retratos a Danza del Alma
El tratamiento del desnudo masculino en «Alma desnuda» o «Espejo del alma» habla de una experimentada y versátil artista del lente.(Foto: SMB)

«La ciudad en el tiempo» con los detalles de Santa Clara, que nos remiten a la representación tranquila de su imagen fundacional; las instantáneas de «Dust in the wind», registro de las llamadas tribus urbanas en las cuales Carolina ha captado el modo en que la misma Santa Clara resuelve sus aspiraciones cosmopolitas de «gran ciudad»; y de ahí a los bailarines de «Alma desnuda» o «Espejo del alma», donde aprovecha la danza contemporánea para otorgar visibilidad, una visibilidad en todo momento muy poética, al habitualmente recelado desnudo masculino, hablan alto de una experimentada y versátil artista del lente.

Una artista del lente que ha sabido equilibrar su práctica documental en el medio fotográfico y su búsqueda de lo artístico en él, o ese necesario balance entre la pericia técnica y la elaboración de sencillas metáforas asequibles al espectador.

En las obras independientes expuestas, en que emplea la manipulación digital de la imagen, es de esperar que muchos prefieran su aún muy recordado Autorretrato (Mención en Obra Impresa en el VII Salón Internacional de Arte Digital, La Habana, 2005); o, de igual fecha, la sensualidad de Verano, su resultado más elaborado cuando se dio a interpretar alegóricamente las estaciones del año.

Mientras otros se inclinan por la crudeza de Fantasmas (2013), de un dramatismo incluso superior a «El exceso de azúcar produce amargura», la serie en que el fotógrafo cubano Ricardo G. Elías, unos años antes que Carolina, trató las consecuencias en la vida de los bateyes azucareros del desmantelamiento de los centrales.

Por su parte, las fotografías con tema en el deporte y sus rituales, el simbolismo patriótico, las personalidades, el teatro y la danza, los desastres naturales, revelan, por un lado, que Carolina gozó de privilegios para estar en el instante y en el lugar propicios gracias a su labor de fotógrafa de prensa con una tenacidad probada, al punto de disponerse lo mismo a subir a un poste que a tirarse al suelo a fin de tomar su foto. Y, por otro lado, el tener presente al espectador, su buen olfato para rastrear aquello que puede resultar atractivo, en buena medida, por su nota de emotividad.

Fotografía de Prensa de Carolina Vilches
Carolina Vilches gozó del privilegio de fotografiar instantes históricos gracias a su labor de fotógrafa de prensa. (Foto: SMB)
Fotografía de Prensa de Carolina Vilches
Un espacio en la exposición para la fotografía con tema deportivo. (Foto: SMB)

Amén de excelente dibujante o de su gran pasión: el diseño, Carolina ha apostado por un periodismo más creativo, de ahí su crucial interés en estimular el periodismo gráfico en los medios de prensa. En tal sentido, la exposición incorpora un segmento con botones de muestra de su diseño gráfico y sus ilustraciones en publicaciones del territorio, más su labor en la prensa, mediante el fotorreportaje y la infografía. De esta última, una expresión en que se dan la mano la intencionalidad comunicativa y la visualidad, destaca su último trabajo para Vanguardia, luego de las lluvias de la tormenta subtropical Alberto en mayo pasado.

Si es triste para la obra de un artista no quedar en la memoria de quien la consume, el punto débil de una exposición puede ser pecar de reiterativa y monótona en el sentir del público más exigente, así como de no parecerse al artista. Es por eso que el recuento expositivo planteado en CAROLINA: Itinerarios vitales, tiene distintos tonos, acordes con esa «melodía» propia que también emana de una obra visual. Se alternan segmentos de tensión y relajamiento que invitan al disfrute abierto al gran público, al conocedor y al que nunca ha entrado a una galería de arte. Y se asemeja a la personalidad de Carolina: como exposición es bella y de magnífica calidad, es felizmente ambiciosa y cualquier otra cosa, menos aburrida.

Las fotos de «Anatomía familiar», en efecto, son provocadoras; y debe ser porque, gusten o no gusten, son muy valientes y convocan al respeto a partir de su valor artístico y humano. Sin siquiera Carolina Vilches Monzón sospecharlo, con esta exposición sus rutinas se nos han devuelto convertidas en leyendas de vida para inquietarnos a todos.

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