Erick Sánchez: más romántico que controversial

El trovador Erick Sánchez asistió al encuentro de trovadores «Longina canta a Corona» y dialogó con Vanguardia.

Trovador Erick Sánchez.
Erick Sánchez señala como su paradigma musical al panameño Rubén Blades. (Foto: Andrés Castellanos)
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En el 2012 yo aún creía en la posibilidad de convertirme en telecomunicadora. Entonces, sabía poco o nada de trova, la Trovuntivitis me parecía una enfermedad y, por supuesto, compartía la opinión generalizada y radical sobre El Mejunje. Sufría de un caso severo de desconocimiento e incultura, pero entre el cálculo y el álgebra, conocí un himno salvador para mí.

La canción hablaba de un pobre ingeniero y sus peripecias por llegar a fin de mes, y mis compañeros y yo nos reíamos imaginando nuestro gris futuro. Luego me enteré de que el tema era de un tal Erick Sánchez, un trovador casi proscrito, pero que cantaba con tantas ganas que dolía. Después me llegó Tirado en la calle y mucho lloré mientras imaginaba a mi tipo misterioso cantándome desde un aguacero.

Ahora, siete años después y con un cambio radical de carrera, ya conozco algo —no mucho— de trova, El Mejunje fue durante un tiempo mi otra casa y estoy frente a Erick como periodista. Mucho ha llovido desde entonces, pero la música de este trovador me ha acompañado siempre como un talismán, por lo que me acerqué a él con la justificación de una entrevista.

—Siempre se le ha identificado como un artista contestatario y su música tildada de controversial, pero ¿a qué le canta realmente Erick Sánchez?

—Hay una parte de mi obra que quizás es la más conocida y algunas canciones son un poco controversiales, también porque las defendí hace ocho o diez años, cuando era un poco complicado cantarlas.

«Mi obra de ese carácter es solo un 35 o un 40 %; también hago canciones de amor, un poco más inteligentes y distintas de esas que dicen “te quiero y me voy a morir”, hechas por otros artistas comerciales. Les canto a los problemas que me pasan, a las cosas que me enfrento, a las pasiones que me han tocado, a las malas y a las buenas, quizá mucho más a las malas, pues a veces cuando uno está enamorado y feliz, engorda y deja de cantar. Le canto a la cotidianidad, así que invento poco, la mayor parte de lo que he escrito han sido mis vivencias».

—Se le escucha poco en la radio. Si no es por el contenido de su música, cree entonces que la trova está algo marginada en los medios?

—No pienso que la trova esté marginada, sino que los artistas tenemos que acercarnos a los medios. Antes no me ocupaba mucho de ello. En algunas emisoras locales de La Habana sí difunden mi obra, y quizás en otras provincias también un poco.

Trovador Erick Sánchez.
(Foto: Andrés Castellanos)

«Creo que la trova tuvo un momento mejor que este, aunque tampoco puedo decir que este es tan malo. El género sí ha tenido difusión, pero podría tener mucho más, podría abarcar a muchos más cantautores. Por desgracia, los trovadores y la música cubana en general han perdido espacio con todo el tema del reguetón, el trap y otras modas, que son inevitables, mas no creo que vayan a trascender en el tiempo, como la obra de Manuel Corona, por ejemplo, aunque sí han ocupado un espacio cada vez mayor.

«De igual manera los audiovisuales van conquistando un lugar cada vez más importante en la difusión. Ya casi nadie quiere oír algo solamente, sino verlo también; para realizarlo hace falta presupuesto, y a veces los trovadores no tenemos mucho».

—¿Entonces va a dejar sus discos aquí en la CMHW?

—Claro, cómo no.

—¿Cuáles son las influencias de Erick Sánchez dentro de la trova tradicional cubana?

—Tengo una gran influencia, me gustan mucho las canciones de la época, y cuando las canto trato de hacerlo con aquellas voces nasales que le oí alguna vez, por ejemplo, a Carlos Embale.

«La mayor parte de estos trovadores los conocí por tradición oral, por otros con los que pude trabajar, como Frank Delgado y Pedro Luis Ferrer. Así aprendí de esa música y de mucha historia, también gracias al desgraciadamente fallecido Lino Betancourt, que los conoció a todos ellos y tenía las vivencias de primera mano.

«Le tengo un gran respeto a toda esa trova anterior que luego devino en nueva trova hasta llegar a nosotros, que no sé bien cómo nos llamamos ya. Todo esto me ha marcado a la hora de escribir, de abordar un tema, y de esas influencias no voy a renegar nunca».

—Está de nuevo en el «Longina» luego de seis o siete años…

—Pues sí, Santa Clara es una plaza importante para los trovadores, pero es como venir a bailar en casa del trompo. Para mí en esta ciudad viven los trovadores más importantes de las últimas generaciones, personas a las que les tengo una gran admiración y cariño. Son gente que tienen diferentes edades y se van sucediendo unos a otros, pero cuando escuchas una canción en otro lugar tú dices: «Me parece que esta canción está hecha por Santa Clara», porque hay dejos en la guitarra y en la melodía típicos de aquí.

«Entonces venir aquí, encontrarte con toda esta gente que está haciendo tremendas canciones y cantar las tuyas resulta difícil; es como si llegara Silvio Rodríguez a un concierto tuyo y te dijera: "Mi amigo, ¿qué tal?, vengo a verte". Pero es rico, porque es una de las provincias con mayor movimiento cultural y, además, un termómetro.

«El "Longina" es un buen momento para compartir entre los trovadores, nos enseñamos nuestras canciones, escuchamos lo que se hace en otros lugares, y esto te da nuevas energías, nuevas influencias. Yo, personalmente, regreso a mi casa con deseos para terminar las canciones que tengo a medio escribir».

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