San Lingüistíco, ¿estás en Cuba?

«San Lingüístico», si estás en Cuba, alumbra a los lectores de Tengo la palabra para juntos enriquecer y develar los hermosos misterios de esta lengua cubana.

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Nadie pondría en dudas que el cubano se le escapó al diablo. Y puede que, en esa fuga peligrosa, haya salido corriendo del infierno al paraíso para «redimirse» del pecado. Desde ese entonces, creyentes y no creyentes, perturbando la tranquilidad celestial, llevan en la boca a ciertas deidades lingüísticas, que en las buenas y en las malas acompañan nuestro discurso coloquial.

Ilustración de Martirena
(Ilustración: Martirena)

Apelemos a la memoria colectiva. Ahí descubriremos «patronos» del santoral católico convertidos en fraseologismos populares que tarareamos día a día. Por ejemplo, ¿cuántas veces hemos reprochado que Fulanita o Menganita se acuerde de Santa Bárbara cuando truena? ¿Por qué, con sentimiento de autocomplacencia, decimos: «al que Dios se lo dio, San Pedro se lo bendiga»?

Lo cierto es que en el campo o la ciudad estos dicharachos ruedan de boca en boca, y quizá hasta el más pequeño de casa los mencione para sorpresa nuestra. Si alguien nos colma la paciencia, ¿a quién llamamos, con las dos manos levitando y un gesto de misericordia? ¡Al «pobre» san Apapucio!

A propósito del tema, recuerdo con mucho cariño cuando abuela, atosigada por tanto reguero infantil, perdía sus espejuelos. «Amarraba» a san Dimas en cualquier rincón de la casa y suplicaba a la piedad divina la famosa aparición. Sus memorias regresan a mí —sobre todo a inicios de primavera— porque, cansada de tanto aguacero, con una sugerencia humorística, solía invocar a san Isidro Labrador, que «quita el agua y pone el sol».

También, he escuchado murmullos de algunas damas que andan sedientas de un san Juan alumbra’o (milagro), aunque luego por malas «devotas» estén en capilla ardiente. Se suman a este revolico de santos, que nos sirven lingüísticamente, las expresiones que aluden al Dios todopoderoso.

Dicen por ahí que Dios le da barba al que no tiene quijá. Pero recuerde que usted siempre tiene un chance, porque al que madruga él lo ayuda. No obstante, no deje todo a la gracia celestial: a Dios rogando y con el mazo dando.

Por eso, «san Lingüístico», si estás en Cuba, alumbra a los lectores de Tengo la palabra para juntos enriquecer y develar los hermosos misterios de esta lengua cubana.

Se han publicado 3 comentarios

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  • Guillermo

    Hola, ahora te descubro con una veta de humorismo, el artículo se lee con placer sin dejar de notar que retratas una realidad bien cubana y que no tiene relación con la actualidad tecnológica, ni con la juventud, viene; como bien dices, de abuelas y abuelos, y quizás un poquito más allá, recuerdo a mi abuela cuando tronaba invocando a "Santa Bárbara bendita", estoy convencido que existen expresiones similares en otras lenguas, pero en la nuestra; la Cubana, quién duda que no es una Lengua, forman parte del día a día, de nuestras costumbres, del ciudadano común y del más encumbrado estudioso, por eso es que considero que deben defenderse, al final generalmente no ofenden a menos que las uses inadecuadamente como el común "me c... en D...", que además de ofender a los devotos implica una reacción casi violenta, no sé si se podrá llegar al momento del surgimiento de estas frases, pero lo que sí sé, es que se pasan de generación en generación y espero perduren, aunque "sólo Dios sabe".

  • Ramón

    He leído con interés este simpático artículo y les hago un relato de algo que me sucedió con un amigo nicaragüense, Porfirio, también residente aquí en Finlandia, y que tiene relación con el tema que se expone.
    Mi amigo Porfirio es un auténtico desastre en lo que se refiere al orden en su vivienda, por lo que el que haya algo extraviado dentro de sus cuatro paredes no es una rareza. Porfirio es un admirador de la cultura cubana y se deleita cuando mi compatriota Humberto y yo le abordamos temas referentes al asunto. Sus dotes musicales le dedican mucho espacio a nuestra música, la cual regala a otros, acompañado de su guitarra y no hay cosa que le guste más que oír nuestros relatos sobre nuestras vivencias del día a día cubano. En una ocasión, una de las múltiples veces en que nos contaba que había extraviado algo en su casa, le dijimos que en Cuba cuando se pierde algo se hace un nudo con un trapo o cualquier artículo textil en un picaporte, un pomo de una puerta o algo por el estilo y se le pide a San Dimas que nos ayude a encontrar lo perdido o de lo contrario no le “dejaremos en libertad” una parte muy sensible de nuestro cuerpo. Se rio diciéndonos que eso eran supersticiones y que no creía en ellas. Pasó un tiempo y una noche recibo una llamada telefónica de él. Me contó que estaba muy contrariado por el extravío dentro de la vivienda de algo que necesitaba con urgencia y decidió probar el asunto de San Dimas. Lo hizo y mientras esperaba el resultado se vistió para salir a alguna gestión fuera de la casa y cuál no sería su sorpresa cuando al intentar abrir la puerta de la calle mira al piso y ve sobre la alfombra una cadena de oro que llevaba casi tres meses buscándola.
    - ¡Voy a tener que comenzar a creer en Uds. los cubanos!,- me dijo admirado por lo que le había sucedido

    • yinet

      Hola, Ramón. Qué simpática historia. La adoré! Me encanta saber que en el mundo admiran la cultura cubana. Es como dicen por ahí, me inflo :)
      Gracias mil, una vez más a Guillermo, por seguirme la pista de mis añoranzas filológicas. Saludos para ambos