Leonardo Montiel: Guerrero

Leonardo Montiel, a pesar de su juventud, o justamente por ella, es uno de los artistas más prolíficos y reconocidos de Villa Clara.

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Leonardo Montiel no es un artista común. Quizá por esa razón su obra lleva el sello especial de la ironía y los simbolismos del cubano. Leonardo Montiel no se conforma con los materiales y herramientas habituales en su gremio. Él, para contar sus historias, prefiere la antigüedad y la aspereza del óxido, o el respeto y el miedo latentes en una bala.

(Foto: Cortesía del entrevistado)

Su trabajo se convierte en recordatorio de la severidad y la estupidez humana, pero también de todo lo grande que puede hacer el hombre con tan solo proponérselo. Cuba late y se crece en su arte, la Cuba humana, real y palpable, llena de problemas y soluciones.

Guerrero, exposición que acoge la galería Mejunje hasta finales de este mes, no deja fuera ninguna de estas aristas y condensa el desarrollo personal y artístico de Montiel. La instalación bebe de elementos y figuras recurrentes en su trayectoria, mas rompe esquemas y experimenta con nuevos materiales y formas.

Vanguardia se acercó a él para conocer más sobre esta nueva exposición y, de paso, ¿por qué no?, dilucidar los misterios que guarda la mente de este creador.

—¿Qué puede encontrar el público en Guerrero?

—Es una exposición que trasciende mi creación de diez años. Forma parte de una lucha constante por encontrar nuevos modos de hacer y una nueva estética dentro de lo que hago. He repensado mucho el cómo llevar la parte formal y la conceptual de una obra, y me di cuenta de que repensármelo no es más que una experiencia de vida.

«Cuando subes a El Mejunje te puedes encontrar tres momentos diferentes. El primero es Cuerpos de agua, una serie de diez piezas, pero que no todas están exhibidas. Allí hablo de la contaminación del mar a través de la estética de una simbología que emplea los recursos naturales.

(Foto: Cortesía del entrevistado)

«El segundo momento es Made in, que nos acerca a nuestra identidad, nuestra cultura, nuestro barrio, nuestra esencia como cubanos. La conforman dos piezas sobre los símbolos nacionales: el escudo y la bandera. El público va a sentir que hablan del barrio y de la sociedad actual, y toda la carga iconográfica está trabajada en ese doble sentido de transmitir nuestro culto a ser cubano.

«La última pieza es Guerrero, un Oggún formado con mis herramientas de trabajo: el pincel, la espátula, el tubo de pintura,  porque al final el guerrero soy yo; es una representación que hago de mí mismo».

—¿Cómo fue el proceso creativo para esta exposición y para su trabajo en general?

—He adoptado como método de trabajo el no crear por crear. Ya esa etapa pasó. Ahora me cuesta muchísimo hacer una pieza: la pienso muchas veces, sueño con ella, la reconstruyo, busco los materiales que necesito, y hasta que tenga la última bisagra, el último clavo, no empiezo. Ahora lo tengo todo más claro, sé lo que quiero decir, lo que quiero hacer. Cada pieza para mí es un cuerpo desnudo, y soy el encargado de hacerlo vivir o morir. Así me pasó con estas obras. Piezas que no estaba seguro de si valían la pena; sin embargo, su acogida ha sido maravillosa».

—En la exposición emplea elementos y recursos recurrentes en su obra, pero también usa gomas, algo totalmente nuevo. ¿A qué se debió esta elección?

(Foto: Cortesía del entrevistado)

—Fue simple y casual. Cuando empecé a buscar información sobre la contaminación del mar para Cuerpos de agua , más del 80 % de las imágenes que me aparecían eran gomas de carros lanzadas al océano, junto a peces muertos y manchas de petróleo. Y me dije: «No quiero montar las obras sobre marcos bonitos, no me interesa esa estética tradicional. Quiero que toda la pieza contenga un significado». Entonces elegí las gomas porque forman parte de ese contexto que quiero transmitir.

—Emplea materiales viejos, caducos, que remiten a otra época que quizás no conoció. ¿Por qué esta obsesión?

—Porque hay algo que el artista nunca puede reproducir: el tiempo. Pero el tiempo queda impregnado en los objetos, especiamente enl los que están a la intemperie, y yo no puedo lograr el mismo efecto aunque me esfuerce. Hay texturas, colores, que se crean de manera natural, y tengo que ir y buscarlos. Cuando empecé con la bandera de Made in siempre tuve claro que las franjas serían tablas viejas. Pero ¿dónde encontraba tablas pintadas de blanco y azul? Después del ciclón, en los escombros de Isabela las hallé. Son pedazos de casas caídas. Ya de por sí, cuentan su historia.

—¿Cuánto ha influido el ser cubano en su obra y en su forma de percibir el mundo?

(Foto: Cortesía del entrevistado)

—Cuba es un lugar lleno de recuerdos y los cubanos le hemos dado vida y función a todo lo que nos rodea. No somos personas que desechan, sino que reconstruyen, transforman. Mi esencia como artista radica en esa retroalimentación con la cubanía. No puedo criticar ni centrar mi creación en otros lugares, porque no los conozco. Mi obra se basa en elementos propios de nuestro contexto que nos identifica. Esa religiosidad del cubano, ese modo de vida que se reconoce en cualquier país del mundo, es lo que me interesa representar.

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