La bella Chelito

Consuelo Portela, mejor conocida como la Chelito, fue una atrevida cupletista nacida en Villa Clara y que luego se hizo universal. En La Habana abarrotó como nunca los teatros Payret, La Alhambra y Molino Rojo con su baile picaresco y el doble sentido de su canto.

La bella Chelito
Consuelo Portela, mejor conocida como la Chelito, fue una atrevida cupletista nacida en Villa Clara.
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Placetas. 12 de febrero de 1885. Acababa de nacer Consuelo Portela, hija de un matrimonio español que cumplía funciones militares en la colonia. Los padres y la recién nacida se embarcarían enseguida hacia la metrópoli, sin dejar más huella en la historia de Placetas. Al paso de los años aquella niña —crecida, bellísima— volvió a Cuba y estremeció, esa vez, a la sociedad habanera. Consuelo Portela se había convertido en Chelito, una de las cupletistas más famosas y aclamadas de España.

La Bella Chelito(Fotos: Internet)En La Habana abarrotó como nunca los teatros Payret, La Alhambra y Molino Rojo. Había aglomeraciones en la entrada, antes de su presentación. Los hombres la esperaban a la salida, la seguían por las calles de la ciudad, le hacían regalos y hasta le proponían matrimonio. La Chelito defendía tan bien su espectáculo de cuplés picarescos que otras empresas desvinculadas de la cultura comenzaron a aprovechar la imagen de la artista para vender sus propios productos. Así aparecieron los cigarros Chelito, los fósforos Chelito, las corbatas Chelito...

Cuentan que el número de la cupletista que más furor provocaba en el público era La pulga, en la que la cantante iba levantándose el vestido para encontrar y deshacerse de aquel insecto. Al ritmo cadencioso de la música, con una pose entre provocativa e ingenua, la Bella Chelito descubría zonas «prohibidas» de su cuerpo: Hay una pulga maligna / que a mí me está molestando, / porque me pica y se esconde, / y no le puedo echar mano [...]

Así, era lógico que el Diario de la Marina, tan conservador y puritano, atacara a la artista española. Llegaron a compararla con un Satanás libidinoso. Por otro lado, un sector entusiasta de la opinión pública exaltaba constantemente su gracia escénica y le conminaba a continuar presentándose. Durante los 15 meses que estuvo en Cuba, Chelito viajó al centro para cumplir con algunos contratos. Se presentó en el teatro La Caridad y en Camajuaní. Quizás llevó también su espectáculo a Sagua la Grande y a Placetas, la tierra natal que siempre quiso conocer. Los relatos de la prensa no dejan duda sobre las presentaciones de la cupletista. Fue aplaudida, y hasta amada, en todas partes donde la conocieron.

A pesar de su popularidad, en 1928 la Chelito volvió a ser Consuelo Portela. Se retiró de los escenarios y se dedicó a otras empresas económicas. Llegó a ser dueña de un cine y de algunos edificios. Dos años antes de su muerte, en 1957, un periodista de Bohemia la entrevistó en su casa madrileña. Esa vez, la mujer que había sacudido a la sociedad habanera a principios de siglo, confesó que por mucho tiempo el rey Alfonso XIII la amó con locura. Ella, en cambio, había amado más a un cubano pobre.

«Cuba es la mitad de mi corazón», dijo también aquel día. Se despidió del periodista y solo pidió: «Dígales usted a los cubanos que no me olviden, que no me olviden».

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