Martirena: «Que mi obra sea universal»

El reconocido caricaturista santaclareño Alfredo Martirena Hernández recibió el Gran Premio Eduardo Abela de la XX Bienal Internacional de Humorismo Gráfico.

Premio Bienal del Humor para Martirena
Martirena le dedicó este premio a Pedro Méndez, uno de sus mentores y fundador del suplemento humorístico Melaíto. (Foto: Yoandry Avila Guerra/Cubaperiodistas)
Visto: 2014

En su estudio, un par de periodistas le interpelamos. Apenas podíamos decirle que había alcanzado, por segunda vez, el Gran Premio de la Bienal Internacional de Humorismo de San Antonio de los Baños. Pero la incontenible noticia, por suerte, nos había antecedido.

Segundo premio en Humor General y Sátira Política, con las obras Selfie a la pobreza y Cuerda mortal, respectivamente.
Tercer premio en Caricactura personal, con Trump, el castigador.

Y en conversación informal, mucho más que en diálogo rígido, Martirena comenzó a detallar las rutinas diarias que desembocan, casi siempre, en un par de caricaturas sagaces: «Yo me levanto y “escaneo” las noticias de Cuba y el mundo. Leo Granma, Juventud Rebelde, Cubadebate, El Herald, El País, El Mundo, el Universal de México, Página 12, Clarín… por una hora y pico. Ese tiempo me basta para ver que una noticia se repite aquí y allá. Y sobre ese suceso siempre termino haciendo un dibujo, una caricatura.

«No obstante, a veces es complicado encontrar el tema de las obras, más cuando trabajas todos los días. A veces te sientas frente a la mesa y solo ves la página en blanco», asevera el reconocido ilustrador.

A nosotros nos cuesta creer que el papel vacío intimide a un artista capaz de crear hasta 70 caricaturas o ilustraciones de alto vuelo (artístico, político…) en un solo mes. Pero a veces Martirena teme a la hoja impoluta, interrogante. Y porque teme, quizás, supera airoso sus dudas.

A la hora que se publica esta entrevista, el reconocido ilustrador de Santa Clara habrá recibido el Gran Premio de la XX Bienal Internacional de Humorismo de San Antonio de los Baños, donde a lo mejor dijo, como nos dijo a nosotros, «que la Bienal está cobrando nueva vida. Este evento es el más importante del humor cubano. Sin chovinismo, nuestro salón —el Salón Internacional de Humorismo Gráfico de Melaíto— ha ido creciendo, pero la Bienal tiene muchos años; es como si fuera nuestra madre».

—Entonces, ¿tú crees que la Bienal sirva como medidor del humorismo gráfico cubano?

 

—Yo creo que sí. Antes que todo porque están participando muchos dibujantes cubanos. Ahora, con la Bienal pasa lo mismo que con muchos concursos: concede un gran premio más tentador y otros reconocimientos más simbólicos. En honor a la verdad, aunque el factor económico no sea la máxima aspiración de uno, no deja de ser importante. Aun así, sin ese estímulo, los dibujantes jóvenes, los dibujantes como yo, siguen enviando sus obras al concurso.

 

—Este premio, y todos los otros premios que tú has ganado, desbancan el prejuicio —si existiera— de que en provincia no se puede estar en lo más alto del quehacer artístico.

—Con la llegada de Internet se desvanece el mito de «la provincia». Es que somos una aldea global. Lo único que tienes que hacer (para ganar) es participar. ¡Ah!, no todos los dibujantes pueden conectarse a la red de redes. Pero cada vez es más fácil acceder. Si tienes interés te vas al parque (a la wifi) y envías. Esa distancia entre provincia y capital se va eliminando cada vez más.

Martirena, dos veces

En 2011, la XVII Bienal Internacional de Humorismo Gráfico de San Antonio de los Baños reconoció con su principal galardón al caricaturista santaclareño, autor de la obra Niños de la guerra.

Ahora, en la vigésima edición del evento, el jurado presidido por Carlos David Fuentes Hierrezuelo (Charli) e integrado además por el académico norteamericano John A. Lent; el artista visual colombiano Orlando Morales Henao; la caricaturista, ilustradora y animadora portuguesa Cristina Sampaio; la artista gráfica italiana Marilena Nardi; el dibujante y Héroe de la República de Cuba, Gerardo Hernández Nordelo; y la especialista del Museo del Humor de San Antonio de los Baños, Marianela Arango, concedieron a Martirena el Gran Premio de la Bienal por su conjunto de obras en las categorías humor general, sátira política, historieta humorística y caricatura personal.

Martirena dibujando
(Foto: Yariel Valdés González/Archivo de Vanguardia)

Poco antes de recibir el galardón, en medio de su júbilo, Martirena declaró a Vanguardia: «No creo que los premios midan la calidad del trabajo, porque siempre hay un jurado que decide. Obviamente, se trata del criterio de siete personas. Pero no puedo negar que el premio llega en un buen momento, y me hace feliz».

—¿Qué futuro tú le auguras a la caricatura cubana?

—Yo sigo diciendo que en Cuba no usamos la caricatura con el potencial que tiene. En América Latina, por ejemplo, están México, Argentina, Brasil, Costa Rica y Cuba, con grandes grupos de caricaturistas. Pero lo que nos pasa aquí es que no tenemos el espacio. Tú ves semanarios, publicaciones diarias en el extranjero que le dedican una portada a un dibujo como mismo despliegan una gran foto. Y en Cuba apenas estamos empezando a rescatar el espacio. Granma, Trabajadores se están dando cuenta de la capacidad de un dibujo para transmitir ideas.

—Entre tu conjunto de obras presentadas a la Bienal hay una caricatura de Donald Trump. No sabíamos que también incursionaras en esa rama tan popular del humorismo gráfico.

—La caricatura personal realmente es una arte, una especialización dentro del humor gráfico. Esa es todavía una asignatura pendiente para mí, pero poco a poco la voy dominando. Tú puedes dibujar, puedes tener una línea perfecta, pero si no encuentras el parecido, es por gusto. Hay quien hace cuatro líneas, como hacía Juan David, y logra la semejanza con la persona caricaturizada.

—En los últimos años también has abierto tu espectro temático: ya no solo tratas temas cubanos sino que abordas sucesos internacionales, y publicas en la prensa extranjera…

—Eso tiene que ver con la globalización y con internet, como te venía diciendo. Cuando tú subes un dibujo a Twitter, puedes llamar la atención de los editores de alguna revista. Eso te catapulta a la palestra internacional y te pone a foguearte en todo el mundo.

—De todas maneras, nunca has abandonado Vanguardia, un semanario impreso que te da el chance de mostrar tu obra a los cubanos sin internet. ¿Es lo mismo ilustrar el periódico que otras publicaciones digitales?

—Las ilustraciones que hago para Vanguardia funcionan muy bien en publicaciones extranjeras, que generalmente las publican como género independiente, es decir, como opinión gráfica. Cuando dibujo para el periódico o para Melaíto, también me propongo que mi obra sea universal.

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