Voluntad de vivir con el pecho limpio

El camino de la Revolución está lleno de hombres y mujeres de bien. Muchos con nombres ceñidos a la historia; otros, anónimos.

Condecoró Raúl a dirigentes históricos de la Revolución (+Foto y Video)

Compartir

Vanguardia - Villa Clara - Cuba
Raúl destacó las acciones de José Ramón Machado Ventura contra la tiranía de Batista; al médico y guerrillero; a uno de los fundadores del Partido Comunista de Cuba. (Foto: Estudios Revolución)
Tomado de la edición digital del periódico Granma
1114
26 Febrero 2018

El camino de la Revolución está lleno de hombres y mujeres de bien. Muchos con nombres ceñidos a la historia; otros, anónimos.

De cada uno, sobresalen sus individualidades. Pero eso es, probablemente, lo de menos. Porque lo de más viene del todo y no de la parte. Emana de aquello que los une y los trasciende. Nace del desprendimiento, de la defensa sin lí­mites de una misma causa, de la voluntad de vivir y morir con el pecho limpio…

Cualquier alto en ese camino para distinguirlos es, cuando menos, merecido. Más allá de épocas o guerras; del mérito de iniciarlo todo o de continuarlo; de la capacidad de triunfar y después seguir, por trillos no menos difí­ciles, hasta hoy… hasta aquí­.

Pero cuando ese reconocimiento se hace coincidir con un 24 de febrero, dí­a de reinicio y continuidad desde allá por 1895; cuando se escoge al Capitolio, en cuya cripta reposan los restos de un mambí­ desconocido, cual tributo a aquella generación fundacional, la distinción, más que eso, se convierte en sí­mbolo.

Raúl evocó las hazañas del Comandante Ramiro Valdés Menéndez, entre ellas haber participado, junto al Che, en la invasión a Occidente, como segundo jefe de la Columna No.8 Ciro Redondo.  (Foto:  Estudios Revolución)

Y eso fue lo que puso el General de Ejército Raúl Castro Ruz, Primer Secretario del Partido y Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, en el pecho de José Ramón Machado Ventura, Segundo Secretario del Partido, y de los Comandantes de la Revolución Ramiro Valdés Menéndez y Guillermo Garcí­a Frí­as, al condecorarlos, este sábado, con el tí­tulo honorí­fico de Héroes del Trabajo de la República de Cuba.

Se trata, al decir de Raúl, de un justo reconocimiento a la obra de una vida entera dedicada a la Revolución; a la obra de «tres mambises de estos tiempos », cuya fidelidad a Cuba y a Fidel, consagración al trabajo, modestia y sencillez, los han hecho merecedores del respeto de los cubanos.

Qué mejor fecha y lugar, dijo, podrí­a determinarse para homenajear a quienes ya atesoran la honrosa condición de Héroes de la República de Cuba, reflejo además de su andar revolucionario.

En apretada sí­ntesis, como solo podrí­a hacerse cuando se tiene ante sí­ la en ­trega de tantos años, el General de Ejército repasó hechos, dirí­amos imprescindibles, para entender la valí­a de estos hombres, y el lugar que, a golpe de combate y sudor, se han ganado en la historia de un paí­s.

Porque de hombres sencillos, capaces de lo extraordinario, han de hacerse las memorias.

Sobre el Comandante Guillermo Garcí­a Frí­as, Raúl resaltó el mérito de haber sido el primer campesino en incorporarse al Ejército Rebelde. (Foto:  Estudios Revolución)

Habló entonces del Segunde Secretario del Partido y vicepresidente de los Consejos de Estado y de Ministros, José Ramón Machado Ventura. Recordó al joven estudiante de Medicina que inició sus actividades contra la tiraní­a de Batista; al médico y guerrillero; a uno de los fundadores del Partido Comunista de Cuba, en 1975…

Evocó también lo hecho por el Comandante Ramiro Valdés Menéndez, miembro del Buró Polí­tico y vicepresidente de los Consejos de Estado y de Ministros. Exaltó, entre todas las hazañas, la de haber participado, junto al Che, en la invasión a Occidente, como segundo jefe de la Columna No. 8 Ciro Redondo.

Sobre el Comandante Guillermo Garcí­a Frí­as no obvió su sagacidad para llevar personalmente a Fidel y a otros combatientes hasta Cinco Palmas, ni el mérito de haber sido el primer campesino en incorporarse al Ejército Rebelde y en ser ascendido.

Como bien dijera Raúl, son muchas las anécdotas que podrí­an hacerse de cada uno de ellos: la de la bala alojada en el pie de Ramiro Valdés, desde el Asalto al Cuartel Moncada hasta que un buen dí­a en la Sierra, con su propio cuchillo, logró extraerla; o la de las peripecias de Guillermo Garcí­a para andar «seguros » entre las lomas.

Y pienso también en los rostros de aquel pueblo humilde, rasgado por el olvido y las carencias, que nunca habí­a visto a un médico, y que alguna vez se atendió en la red de hospitales y dispensarios de campaña desarrollados por Machado Ventura, para prestar servicios no solo a los combatientes.

Sobre el pecho de estos tres hombres Cuba puso una nueva distinción; el mayor reconocimiento, sin embargo, no cabe en tí­tulos o medallas. Consiste en salvaguardar, desde el espacio de todos, y de cada uno, la obra perfectible por la que han vivido. Se trata de continuar, con la raí­z clavada en las esencias.

Comentar