La Ley Garrote no podrá contra la Ley Escudo (+Video)

La extraterritorial e injerencista Ley Helms-Burton choca con la firmeza y dignidad del pueblo cubano.

Ilustración de Martirena sobre la Ley Helms-Burton
(Ilustración: Martirena)
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La Ley Helms-Burton es extraterritorial, ilegal y diabólica. Ha estado vigente desde que se aprobó, el 12 de marzo de 1996, por el presidente norteamericano William Clinton, y ha mantenido siempre su mismo objetivo: destruir la Revolución cubana.

Ahora, con la activación del Título III, todos los odios acumulados se vuelven a volcar contra Cuba y cobra visos de actualidad la retrógrada pragmática extraterritorial, que fuera calificada con toda justeza por Fidel como Ley de la Esclavitud.

Ricardo Alarcón de Quesada en diálogo reciente con representantes de la sociedad civil villaclareña. (Foto: Narciso Fernández Ramírez)

«Es la realización del sueño de la mafia anexionista batistiana», tal como afirmó Ricardo Alarcón de Quesada, quien fuera canciller y presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular, en diálogo reciente con representantes de la sociedad civil villaclareña.

En tanto, Rodolfo Dávalos Fernández, destacado jurista y Premio Nacional de Derecho 2012, significó en ese mismo espacio de reflexión que dicho engendro jurídico «pretende volver a la pseudorrepública, establecer una Enmienda Platt a lo bestia, si cabe la palabra, pues la “Helms-Burton” está concebida para eso y diabólicamente bien concebida».

La también llamada Ley Garrote pretende perpetuar la política de hostilidad contra Cuba, que es rechazada por nuestro pueblo desde el 1º. de enero de 1959, y refutada desde el punto de vista jurídico con la Ley 80, Ley de la Reafirmación de la Dignidad y Soberanía Cubanas, especie de escudo protector de la nación, que aprobó la Asamblea Nacional del Poder Popular el 24 de diciembre de 1996.

El sueño dorado de Nick

Se llama Nicolás Gutiérrez Castaño, Nick, es abogado de profesión, dirige la llamada Asociación de Hacendados de Cuba en Estados Unidos y resulta bisnieto del español Nicolás Castaño Capetillo, dueño de una de las mayores fortunas de la antigua provincia de Las Villas y del país, y cuya familia estuvo estrechamente ligada, primero, al colonialismo español y, luego, a la dictadura de Fulgencio Batista.

Este cubano-americano formó parte del grupo de juristas que, representando la firma de ron Bacardí, desempeñó un importante rol en la redacción y posterior aprobación de la Ley Helms-Burton. Y ahora, entre eufórico y asombrado, se frota las manos al ser activado por la administración Trump el Título III, denominado Protección de los derechos de propiedad de los ciudadanos de Estados Unidos.

Este tal Nick, quien afirma que medio Cienfuegos le pertenece, igual que dos centrales azucareros situados en la carretera que une a la Perla del Sur con Santa Clara, así como varias fincas y otras propiedades, reveló con manifiesta contentura el verdadero propósito de la Ley: «Ahora sí va a desalentar la inversión extranjera en Cuba, porque pueden ser demandadas por la familia que era dueña de alguna propiedad».

Y acuñó una frase que, por descabellada, provoca risa. De «manera altruista» dijo que él no les quitaría las casas a las personas que viven en las tierras que antes les pertenecieran a su familia: «No hay necesariamente que botarlos, yo podría llegar a un acuerdo con ellos; el único problema es que me deben 60 años de alquileres, pero podríamos llegar a un acuerdo para que me vayan pagando todo lo que me deben».

Ilustración de Martirena
(Ilustración: Martirena)

Y al igual que Nicolás Gutiérrez Castaño, existen en Cuba y en Villa Clara otros trasnochados aspirantes a recuperar una propiedad que antes les perteneciera, y que fueran nacionalizadas por el Gobierno Revolucionario a partir del 1º. de enero de 1959. Decisiones tomadas de manera soberana a tono con el derecho internacional, y con total apego a las normas jurídicas que las amparaban.

Así que no sería de extrañar que descendientes de la familia de Fulgencio Batista, con propiedades en el central azucarero George Washington, en Santo Domingo, o en la Cervecería de Manacas, en el propio municipio, establezcan demandas ante las cortes judiciales de Estados Unidos.

Ayer y hoy del Título III de la Ley Helms-Burton

Se trata del más controversial de los cuatro títulos que conforman la Ley, y durante 23 años, cada seis meses, el mandatario norteamericano de turno prorrogaba su activación. Así se hizo en unas 46 ocasiones hasta que, el pasado 2 de mayo, el presidente Trump lo puso en vigor con el sueño dorado, siempre incumplido, de crear una crisis económica y política en Cuba, que borraría cualquier vestigio de soberanía nacional y abriría las puertas de par en par a los antiguos dueños del país.

Para Alarcón de Quesada, «el Título III no es solamente el derecho de acción que se les da a los llamados afectados por las leyes cubanas para reclamar sus propiedades, una compensación o un pago a aquellos que estén traficando con sus propiedades, o usándolas de algún modo, sino equipara a norteamericanos y cubanos en las reclamaciones, y sobrecarga los tribunales norteamericanos con decenas de miles de litigios derivados de cosas que ocurrieron en otro país.

«Si los juicios de reclamaciones se dan, deben generar grandes problemas también para los Estados Unidos. Hasta ahora se sabe de pocos casos de personas que han presentado demandas, y es posible que haya gente esperando y mirando a ver qué pasa. Pero lo cierto es que de aquellos cálculos de Departamento de Estado de centenares de miles de acciones judiciales, a lo que ha habido hasta ahora, el saldo es bastante diferente».

Acerca de por qué tantas posposiciones de su activación, explicó el reconocido jurista de derecho internacional privado Rodolfo Dávalos:

«Este Título no se aplicó de inmediato, pues apenas recién nacida la "Helms-Burton" se plantearon demandas por México, Canadá, España y, sobre todo, por  la Unión Europea, ante el órgano de solución de diferencias de la Organización Mundial de Comercio (OMC), y hubo un acuerdo, un pacto, entre la Unión Europea y Estados Unidos, en que si la Unión retiraba la demanda, entonces Estados Unidos suspendía la aplicación. Y la había venido suspendiendo cada seis meses durante estos 23 años, en 46 ocasiones. Es el único cambio al bloqueo, que ahora se recrudece».

Ley de la dignidad, peligros de la activación del Título III y oportunidades

El reconocido profesor de Derecho Internacional Privado Rodolfo Dávalos Fernández, igualmente, insiste en lo inadmisible de la «Helms-Burton» y en la necesidad de profundizar en la Ley 80, Ley de la Dignidad y Soberanía Cubanas, para que nuestro pueblo la conozca:

«Yo me he leído la Enmienda Platt, los espurios estatutos de la Prórroga de Poderes de Machado, los de Batista, y no hay nada tan insultante a la moral, a la dignidad del pueblo cubano como la Ley Helms-Burton, que está diabólicamente redactada para ocupar el país, para destruir la nación y, por supuesto, para rescatar sus propiedades. Es un propósito político la creación de las dificultades. Toda la Ley indigna.

«Hay que mover conciencia, movilizar las masas democráticas y solidarias del mundo, y si hay demandas contra Cuba, y ya las hay, habrá que llenar las cortes norteamericanas de comunicados, y eso lo admite el derecho americano, diciéndole al juez que la Ley es ilegal, que la Ley viola el derecho internacional, que la Ley ofende a Cuba, hasta que se cansen. No podemos permitir esto. Inadmisible.

Ilustración de Martirena
(Ilustración: Martirena)

«La Ley 80 es una Ley Escudo, que afirma que aquí no entran, que no pueden aplicarla en Cuba. Aquí no entran ni Tele Martí ni Radio Martí. Ni tampoco habrá Título II porque para la transición democrática que aspiran, tendrán que destruir el país; recoger el polvo de la patria anegado en sangre, como decía Maceo. Y del Título III, veremos qué pasará con las reclamaciones, pero tampoco van a cobrar. Nada de eso vale en Cuba.

«Sin embargo, eso no quiere decir que no haya que hacerle caso, pues de que daña, daña. Razones, muy sencillas. Uno, recrudecimiento del bloqueo y menos turistas americanos; segundo, ma­yores dificultades para adquirir bienes y productos elaborados con componentes de Estados Unidos o de alguna de sus subsidiarias, y tercero, la intimidación a los inversionistas extranjeros, sobre todo, si se crea algún precedente jurídico en contra nuestra y a favor de los demandantes.

«La Ley 80 nos defiende hacia dentro, pero tenemos esos riesgos, tenemos esos peligros. Eso sí, miedo, ninguno. Toca conocer esta inmoralidad, estar dispuesto a morir por la patria, a defenderla antes de ser esclavo. Es una de las mayores ignominias que se le ha ocurrido a alguien en el mundo entero».

Mientras, Ricardo Alarcón argumenta que la activación del Título III de la «Helms-Burton», y la Ley en su totalidad, crea posibilidades: «Estamos ante una oportunidad de dar un golpe importante al bloqueo y a la política anticubana, porque en este momento, al haber autorizado los famosos juicios, Estados Unidos ha forzado a otros gobiernos, algunos muy cercanos al suyo, a protestar, a quejarse.

«También ha estimulado, o creado, las condiciones para que alguna prensa occidental los critique, denuncie esto como algo incorrecto, aunque sea con conceptos como ese de que los juicios son extraterritoriales.

«Yo no digo que nosotros no debamos apoyar, dar todo a favor de los que son amenazados hoy con esos juicios, que no debamos denunciar y enfrentar ese nuevo paso de Washington; lo que reitero es que debemos aprovechar esta coyuntura, en que otra gente, otros sectores, otras personalidades se suman y coinciden objetivamente con nosotros, para criticar una acción del Gobierno de Trump, a ver si logramos acercar el día en que realmente haya una oposición activa que lleve a derogar no solo el Título III, sino el I, el II, el IV y la Ley en su totalidad».

Fidel Castro, guía e inspirador de la Revolución cubana, vio también las oportunidades que daba la instrumentación de tan descarnado mamotreto legal y dijo en un discurso pronunciado el 23 de noviembre de 1996:

«Al fin y al cabo, cualquier día les vamos a tener que enviar un telegrama a los señores Helms-Burton y a toda esa gente, y decirles: Muchas gracias, han contribuido a unir a todo el mundo en contra de ustedes».

Y con esa seguridad en la victoria, la Ley Escudo derrotará la Ley Garrote del Imperio.

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