Luchar por el futuro de la Revolución

Electo Miguel Díaz-Canel Bermúdez como presidente de la República de Cuba, y los demás altos cargos del Estado Cubano.

Díaz-Canel y Salvador Valdés Mesa
Miguel Díaz-Canel Bermúdez, Presidente de la República de Cuba y Salvador Valdés Mesa, Vicepresidente de la República . (Foto: ACN)
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Este 10 de octubre de 2019 ha sido trascendente para los cubanos. Día de gloria. Día de Patria. De nuevo volvió a vivirse aquella mañana luminosa de 1868, cuando Carlos Manuel Céspedes, en su ingenio Demajagua, dio el grito de Independencia o Muerte contra el yugo colonial español.

Otra vez volvió a escucharse en nuestro Parlamento, aquellas palabras proféticas del Padre de la Patria: «Ciudadanos, ese sol que veis alzarse por la cumbre del Turquino viene a alumbrar el primer día de libertad e independencia de Cuba».

Similar a entonces, la campana del ingenio manzanillero repicó alegre, como clarín de guerra. Y la bandera de Céspedes, esa que también preside nuestra Asamblea Nacional del Poder Popular, paseó por el coloso convertido ya en campamento. Una frase del «hombre del ímpetu», como le llamara con justeza José Martí, apuntaló desde un inicio la estirpe gloriosa del símbolo patrio: «Primero mueran antes que verla deshonrada».

También Fidel, padre fundador de los órganos del Poder Popular y puente generacional entre Céspedes, Martí, Mella, Villena y los cubanos de hoy, estuvo presente en la mente y en el voto de cada uno de nuestros representantes del pueblo.  

Hace medio siglo, en antológico discurso, dijo el Comandante en Jefe: «Qué significa para nuestro pueblo el 10 de Octubre de 1868? […] Significa sencillamente el comienzo de cien años de lucha, el comienzo de la revolución en Cuba, porque en Cuba solo ha habido una revolución: la que comenzó Carlos Manuel de Céspedes el 10 de Octubre de 1868 y que nuestro pueblo lleva adelante en estos instantes».

Lo acontecido, no por esperado, dejó de ser altamente emotivo. Los aplausos ante la elección de Miguel Díaz-Canel Bermúdez como Presidente de la República corroboraron el inmenso prestigio y la autoridad moral de quien, en abril de 2018, había tomado, de manos de Raúl, las riendas de la Revolución; como continuidad del proceso iniciado hace ahora 151 años y que las actuales generaciones de cubanos llevan adelante.

Entonces, con su modestia característica, Díaz-Canel, hijo nacido en esta tierra, para orgullo de los villaclareños, dijo en su discurso inaugural: «No vengo a prometer nada, como jamás lo hizo la Revolución en todos estos años. Solo el trabajo intenso, abnegado y eficiente de cada día dará paso a resultados y realizaciones concretas que constituirán nuevas victorias de la Patria y el Socialismo, sin abandonar jamás la disposición combativa de nuestras invictas Fuerzas Armadas Revolucionarias».

Hace apenas un mes, el 12 de septiembre, en medio de la compleja coyuntura energética, nos exhortaba: «Ahora, hay que trabajar distinto, porque los tiempos son distintos, pero lo que no cambian son los principios, la creatividad, la solidaridad. No cambia la voluntad de resistir creando, no cambia el espíritu de los cubanos. Todos seremos mejores cuadros -en el caso de los que dirigimos-, mejores ciudadanos, mejores revolucionarios, mejores servidores de la nación, mientras más soluciones encontremos en esa extraordinaria reserva de talento y de creatividad del pueblo».

Hoy, al asumir como Presidente de la República, que a su vez resulta el Jefe de Estado, el diputado por Santa Clara, afirmó que la Revolución Cubana, debe mucho a la genialidad previsora de Fidel y de Raúl. «Esa es nuestra escuela política. Quienes lo pongan en duda, solo tienen que mirar 60 años de historia revolucionaria».

Ante los retos futuros, expresó: «El país tiene el compromiso de hacer florecer el talento formado por la Revolución, producir y aportar internamente, sin cerrar las puertas a la cooperación y los aprendizajes fuera de fronteras. La exportación de productos cubanos y de servicios debe crecer y diversificarse».

«Mientras más nos agreden, mientras más nos intimidan, más crece la voluntad y la fuerza nacional: la unidad. Como los mambises, honroso nombre del criollo rebelde, no vacilaremos en usar el machete si faltaran los fusiles. Y siempre tendremos la vergüenza como estandarte y como chaleco la moral.

Díaz-Canel, concluyó enfático: «Nos esperan días intensos y desafiantes, pero nadie va a quitarnos la confianza en el futuro que le debemos a nuestros hijos en la Patria que los padres nos ganaron de pie. ¡Viva Cuba Libre! ¡Socialismo o Muerte! ¡Patria o Muerte! ¡Venceremos!

De igual manera, la reelección de Valdés Mesa como Vicepresidente de la República evidenció la confianza en la seriedad, experiencia y consagración También, los diputados presentes –mediante el voto libre, directo y secreto-, tal y como establece la Constitución de la República, aprobaron la nueva dirección de la Asamblea Nacional del Poder Popular, que a su vez, preside el Consejo de Estado. Cargos de alta responsabilidad que recayeron en Esteban Lazo Hernández, reelecto como Presidente; en la villaclareña, Ana María Mari Machado, reelecta igualmente como Vicepresidenta; y en Homero Acosta Álvarez, quien resultó electo Secretario de la Asamblea y del Consejo de Estado.

Fidel, en su perenne perfeccionamiento de nuestro socialismo, expresó el 27 de diciembre de 1991: «Yo encuentro mucho más democrática, mucho más práctica, realmente, la elección por una asamblea, como se elige en nuestro país la jefatura del Estado o del Consejo de Estado; me parece más humilde y más democrática».

Y esa humildad democrática que propicia que sea el obrero, el campesino, el estudiante, la mujer, el intelectual, el negro, el blanco, quien vestido de pueblo y diputado haya elegido a los principales cargos del Estado Cubano, nos hace más fuertes e invencibles.

Al decir de José Martí: «El voto de un pueblo entero, de todas las entidades constantes y visibles del pueblo cubano que puede emitir francamente su voz, es honra tal, que unge a quien lo recibe, limpia su corazón de las pasiones que lo pudieran perturbar, y agiganta, como por dispensación divina, las fuerzas juradas por sobre todas las obligaciones de la tierra, a la primera y fundamental de levantar al hombre casa segura y decorosa en el suelo independiente de la patria».

La sesión extraordinaria de la Asamblea Nacional del Poder Popular cierra un hito en el fortalecimiento de la democracia socialista cubana. A partir de ahora el camino estará más desbrozado para seguir perfeccionando nuestra sociedad.

Las riendas de la Revolución están en manos seguras. La fecha escogida no pudo ser mejor. Hoy se volvió a ser consecuente con nuestra Historia Patria. Si en aquel lejano 10 de octubre de 1868 comenzó a forjarse la nación cubana, 151 años después, se dio otro paso adelante en la consolidación de las libertades patrias. Fue el digno homenaje de  nuestros diputados a fecha tan gloriosa.

Dijo Martí, un 10 de octubre de 1887, en Nueva York: «Los misterios más puros del alma se cumplieron en aquella mañana de la Demajagua (…) ¡Para ellos, para ellos todos esos vítores que os arrancan este recuerdo glorioso! ¡Gracias en nombre de ellos, cubanas que no os avergonzáis de ser fieles a los que murieron por vosotros: gracias en nombre de ellos, cubanos que no os cansáis de ser honrados!

Hoy, volvió a reeditarse aquel día primigenio y luminoso que, al decir de Fidel, marcó el inicio de nuestra única y definitiva Revolución.

 

 

 

 

 

 

  

 

 

 

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