Díaz-Canel: «Mientras más nos agreden, mientras más nos intimidan, más crece la voluntad y la fuerza nacional»

Discurso de toma de posesión del Presidente de la República de Cuba, Miguel Díaz-Canel Bermúdez.

Miguel Díaz-Canel
(Foto: Juvenal Balán)
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El Presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular y del Consejo de Estado, Esteban Lazo, invitó al diputado Miguel Díaz-Canel Bermúdez, Presidente de la República de Cuba, a pronunciar su discurso de toma de posesión.

Es 10 de Octubre y los cubanos debemos felicitarnos. «El primer día de libertad e independencia de Cuba», como lo llamó Carlos Manuel de Céspedes, tiene todos los derechos para ser uno de los más celebrados en nuestro calendario nacional, por sus fuertes resonancias, desde aquel minuto de 1868 hasta este en que hemos renovado el juramento de servicio incondicional a la Patria.

Juntos y abrazados a un ideal, por vez primera, blancos y negros, mujeres y hombres, jóvenes casi todos, y como abanderado, el cubano de menos edad. Así se vivió el primer 10 de octubre, lleno de significados trascendentes.

Aunque la nación crecería llena de ejercicios legendarios, la primera inspiración vino aquel día en que se quebraron los grilletes y la bandera hecha por una mujer, ondeó en las manos más nuevas. Y que el Padre de la Patria dijo al admirarla ondeando: «Primero mueran antes que verla deshonrada».

Se dice también que tocó la campana del ingenio otro muy joven bayamés, Manuel García Pavón, quien sería el último sobreviviente del histórico alzamiento.

Me interesa especialmente destacar episodios que colocan a la juventud cubana en el epicentro de esas luchas por algo que casi un siglo después del 10 de octubre de 1868, en julio de 1962, en Santiago de Cuba, Fidel decía a estudiantes y profesores de la Universidad de Oriente.

La Revolución no es una lucha por el presente, la Revolución es una lucha por el futuro; la Revolución tiene siempre su vista puesta en el porvenir y la patria en que pensamos, la sociedad que concebimos como sociedad justa y digna de los hombres, es la patria del mañana. La Revolución es una lucha por el futuro. Lo ha sido siempre y lo es ahora.

Para el Consejo de Estado, su Presidente, Vicepresidente y los restantes 19 miembros que acaban de ratificarse o elegirse este 10 de octubre; para el Vicepresidente de la República y para su Presidente, la tarea número uno tiene que ser el futuro.

Agradecemos la confianza al elegirnos para estas responsabilidades, que unidos desempeñaremos en pos de ese futuro. Por eso hemos puesto en primer lugar y de manera simultánea la defensa y la economía.

En días recientes, a través del sitio de la Presidencia, convocamos a «Pensar como país» y al leer detenidamente las más de 1200 respuestas, encontramos mucho optimismo y confianza de cara al futuro, aunque también en algunos casos, expresiones de preocupación.

Lógica y revolucionaria inquietud que compartimos frente a un mundo minado por el desequilibrio en las relaciones económicas.

En la primera Cumbre de la Tierra, en 1992, Fidel pronunció su estremecedor discurso de advertencia sobre «una especie en peligro de extinción».

Gobernar es prever, sentenció Martí. Y la Revolución cubana debe mucho a la genialidad previsora de Fidel y de Raúl. Esa es nuestra escuela política. Quienes lo pongan en duda, solo tienen que mirar 60 años de historia revolucionaria.

El compromiso que hoy hacemos ante ustedes es mantener y fortalecer esa práctica, aprovechar el capital humano formado, los aportes de la academia y ciencia para elevar el nivel de eficiencia de la gestión gubernamental como resultado de la previsión que genera el conocimiento.

El país tiene el compromiso de hacer florecer el talento formado por la Revolución, producir y aportar internamente, sin cerrar las puertas a la cooperación y los aprendizajes fuera de fronteras. La exportación de productos cubanos y de servicios debe crecer y diversificarse.

Cuando decidimos aumentar entre tres y cinco veces los salarios del sector presupuestado; cuando promovemos la informatización acelerada de la sociedad; cuando, pese a las limitaciones que nos impone el bloqueo, defendemos el fortalecimiento de la Educación y el vínculo de las universidades con la producción en todos los niveles, estamos trabajando por el futuro.

Este año, particularmente los últimos meses, han puesto a prueba nuestra capacidad de resistir sin renunciar al desarrollo. Han exigido al pueblo un extra, a los ministros y cuadros de la administración del Estado. No será menor la exigencia en los días y meses por venir.

El Consejo de Estado, por ejemplo, funcionará con mayor frecuencia e impacto entre sesiones de la Asamblea.

Hay muchas leyes, indispensables para hacer más eficiente el Gobierno, que precisan de modos más expeditos de revisión, aprobación e instrumentación. Es un compromiso desde que aprobamos la nueva Constitución.

Los municipios deben aprender a administrar los recursos disponibles con mayores facultades, pero con responsabilidad superior.

Ya estamos a las puertas del año 2020, en el que nos hemos propuesto seguir consolidando nuestra economía. Sin renunciar nunca a los sueños más grandes, que por lógica elemental precisan mayor cantidad de recursos, afianzaremos líneas de trabajo y programas que durante el 2019 planteamos como prioridades; entre ellas las exportaciones, la inversión extranjera, la construcción de viviendas, la producción de alimentos, el turismo, el transporte y las fuentes renovables de energía.

El país volverá a la normalidad, pero no será con los mismos modos de hacer. Si algo bueno tuvieron estos días de tensión ha sido sacar a flote las enormes reservas con que cuenta Cuba para trabajar de manera más eficiente.

Por eso pondremos mayor énfasis en disminuir los gastos y ahorrar; en sistematizar las buenas soluciones nacidas de los años más duros del Período Especial, atemperadas a nuestra realidad.

Insistimos en la necesidad de trabajar por el bien de todos, en la preparación política e ideológica de los cuadros; en la convocatoria a los jóvenes que tantas energías nos aportan siempre y en la participación del pueblo en la búsqueda de las mejores soluciones.

Digo como hace un año al asumir la tarea en la Presidencia del entonces Consejo de Estado y de Ministros: no venimos a prometer. Venimos a cumplir el mandato del pueblo revolucionario.

Hoy comienza una nueva etapa de trabajo para quienes representamos al Estado y al Gobierno, demandará de cada dirigente, cuadro y funcionario a todos los niveles, la disposición a echar por la borda el pesado lastre de prácticas obsoletas y mecanismos engorrosos, que ralentizan los procesos y debilitan la autoestima nacional.

Son nuevos los tiempos que vivimos en todos los sentidos y exigen un pensamiento diferente. Cambiar todo lo que deba ser cambiado, como nos dejó dicho Fidel, como nos lo ha demostrado Raúl durante sus años al frente de la Presidencia y como nuestro Primer Secretario del Partido.

Qué mal está haciendo quedar a ese imperio, viejo y desmoralizado, su tropa de políticos mediocres y mendaces, nucleados por la OEA.

Si algo no perdió jamás el liderazgo de la Revolución fue el curso moral de la Historia. Ahí están, invictos, sin más monumentos que su propia obra, a la cual tenemos el deber de rendir el más justo de los tributos: hacerla crecer y prosperar, sin temor a amenazas ni riesgos.

Los pobres de la tierra no podemos perder la dignidad ni ceder ante la amenaza. Es convicción demostrada muchas veces a lo largo de la historia, desde aquel 10 de octubre en La Demajagua hasta el día de abril de 1961 en que Fidel disparó con un tanque contra barcos mercenarios.

En estos tiempos, en que hemos vuelto a acompañar al Comandante Almeida en su grito de principios en las horas más duras, afirmamos rotundamente que la Revolución preservará intactas todas sus convicciones, esas que costaron la sangre de los mejores hijos de nuestra Patria.

Cuando se cuenta con un pueblo de la estirpe del cubano, no se duda ni un segundo para enfrentar el futuro, conscientes de que lo conquistaremos.

¡Hoy volvemos a hacer nuestra aquella valoración que tantas veces le escuchamos al General de Ejército y que hemos aprendido a aquilatar mejor en medio de la dificultad: ¡Qué clase pueblo tenemos!

Los que crean y construyen han derrotado a los que odian y deshacen.

La sangre de nuestros nobles aborígenes, nuestros abuelos europeos y africanos y la de todos los hombres y mujeres de inmenso coraje que a lo largo de los siglos conformaron el ser nacional, hierve de rebeldía frente a cada amenaza y de rabia ante cada agresión.

Mientras más nos agreden, mientras más nos intimidan, más crece la voluntad y la fuerza nacional: la unidad.

¡Nos inspirará siempre el 10 de octubre! Como los mambises, honroso nombre del criollo rebelde, no vacilaremos en usar el machete si faltaran los fusiles. Y siempre tendremos la vergüenza como estandarte y como chaleco la moral.

En la tierra de Céspedes, Mariana, Gómez, Maceo, Martí, Mella, Guiteras, Rubén, Camilo, Che, Almeida, Ramiro, Guillermo, Vilma, Celia, Haydee, Melba, de Raúl y Fidel, no ha variado ni un milímetro la advertencia del Titán de Bronce: «Quien intente apropiarse de Cuba, recogerá el polvo de su suelo anegado en sangre, si no perece en la lucha».

Nos esperan días intensos y desafiantes, pero nadie va a quitarnos la confianza en el futuro que le debemos a nuestros hijos en la Patria que los padres nos ganaron de pie.

¡Viva Cuba Libre!
¡Socialismo o Muerte!
¡Patria o Muerte!
¡Venceremos!

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