Martí, cuanto hizo y hará

La historia se ha contado muchas veces. ¿Cuántos le dispararon? ¿Desde dónde? ¿Cayó con vida? ¿Fue rematado? ¿Suicidio? Abundan las versiones.  

Caída en combate de José Martí en Dos Ríos
(Ilustración: Adalberto Linares)
Visto: 1962

Dos Ríos. Diecinueve de mayo de 1895. Un hombre de dignidad extrema sale a pelear. El alma de la nueva revolución que comenzaba cabalga impetuosa. Tiempo rápido. Por el frente, por la derecha y por la izquierda, tres disparos mortales: en el cuello y en el pecho; otro, en el muslo.

La historia se ha contado muchas veces. ¿Cuántos le dispararon? ¿Desde dónde? ¿Cayó con vida? ¿Fue rematado? ¿Suicidio? Abundan las versiones.  

Muerte de un genio, pero no buscada; tal vez, apetecida.

¿Quedarse atrás quien mucho clamó no haber peleado antes?
¿Quedarse en el campamento mientras la tropa se batía?
¿Atrás el delegado que había convocado a la guerra?
¿Atrás el mayor general recién nombrado?
¿Atrás quien por Cuba se dejaría clavar en la cruz?

No hay por qué llenar de pormenores la caída ni destacar que vestía saco negro, pantalón claro, sombrero de castor y borceguíes. Si acaso, que en su cuerpo menudo en dimensiones iba la obra grande de su vida: la Revolución, en aras de la «República fraternal del porvenir».

En la mano solo llevaba su revólver con empuñadura de nácar, regalo de Panchito. Ni una sola bala disparada. Pero él, como bandera desmandada al toque de a degüello, salió al galope en pos del enemigo.

¿Entonces? ¡Ah!, su muerte fue divina, celeste, encandilada. De cualquier modo, muerte indócil, muerte osada. Muerte rebosante y fértil.

Muerte gloriosa, de extraña concepción en este siglo de transcurrir aciago, tan lleno de temores, asechanzas y peligros imperiales.

En fin, 125 años después, muerte martiana.

Bienaventurado él, que al combate corrió por Cuba libre, que cuanto hizo y hará fue para eso.

Se han publicado 5 comentarios

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  • santana

    Muy buen escrito, distinto y diferente a lo que se lee hoy en dia.

  • Karina

    Hermoso, digno de nuestro Martí

  • Lya

    Bello artículo, bellas palabras, dignas del inmenso Apóstol.

  • Eduardo Fernandez Alfonso

    Eduardo Fernández Alfonso. Santa Clara. Villa Clara:
    El Martí que Admiro

    En un enero sin sol,
    En el siglo diecinueve,
    Nació colmado de amor,
    Un hombre que nos conmueve.

    El Apóstol, el Inmortal,
    La inteligencia e hidalguía,
    El cubano universal,
    La luz de la patria mía.

    Sin dudas es José Martí,
    Nuestro Héroe Nacional,
    Quien fraguó con su ideal,
    A esta Cuba; libre así.

    De niño apreció primero,
    El mal de la esclavitud,
    Y se afianzó en su virtud,
    Siendo un amigo sincero.

    Con Mendive; su maestro,
    Un cubano excepcional,
    Aprendió que siendo honesto,
    Nada lo haría fracasar.

    Precisamente por eso,
    Cuando empieza a publicar,
    Sus pensamientos; va preso,
    Pero jamás claudicar.

    Conoce de los desmanes,
    Y lo humano del presidio,
    Hasta que ya en el exilio,
    Denuncia a todos sus males.

    Así comienza la etapa,
    Que lo llevaría a formar,
    La capacidad que atrapa,
    A quien lo escuchara orar.

    Recorre varias naciones,
    Que curten su pensamiento,
    Arribando a conclusiones,
    De luchar con argumentos.

    En todo ese batallar,
    Se intercala su Ismaelillo,
    A quien la vida ha de premiar,
    Con su amor puro y sencillo.

    Viaja Martí a Venezuela,
    Y justo ante el monumento,
    Siente que llegó el momento,
    De arremeter a la espuela.

    Reconoce en el fragor,
    De la gesta que emprendía,
    Que lo que hizo el Libertador,
    Sin hacer permanecía.

    Es entonces que hace estancia,
    En el monstruo imperialista,
    Y con entrega y constancia,
    Va componiendo la lista.

    Compromete a los cubanos,
    A luchar por su verdad,
    Uniéndolos como hermanos,
    Que ansían su libertad.

    Contacta a expertos guerreros,
    Como Gómez y Maceo,
    Convocando a tabaqueros,
    Junto con los Pinos Nuevos.

    En medio de esta actuación,
    Que protege cual tesoro,
    Da espacio a su vocación,
    Y escribe “La Edad de Oro”.

    En su ideario sumido,
    Funda el inmortal Partido,
    Que con su órgano oficial,
    Nace del pueblo oprimido.

    “Patria es Humanidad”,
    Esgrimió cual testamento,
    Demostrando que en verdad
    Su guerra es a pensamiento.

    Así se enfrenta a fracasos,
    Desconfianza y hasta traiciones,
    Pero jamás cede espacio,
    Y es firme en sus convicciones.

    Las Fernandinas es la idea,
    Que propiciaría la acción,
    Del retorno a la pelea,
    ¡Qué terrible frustración!

    Se repuso de aquel fiasco,
    Y persuadió con su oratoria,
    Pues ya España daba asco,
    Y era hora de la gloria.

    La orden del alzamiento,
    A nuestra patria envió,
    Con sagaz razonamiento,
    Que oculto permaneció.

    Junto a valerosos hombres,
    Con quien a luchar convino,
    Surcan diversos caminos,
    Y trascienden con sus nombres.

    Ya estando en la Cuba amada,
    Se suman al batallar,
    Tratando de conquistar,
    La libertad tan soñada.

    Pero en desigual acción,
    Justamente allá en Dos Ríos,
    Fue anegado el suelo mío,
    Con su sangre y su pasión.

    Cayó allí; de cara al sol,
    Desafiando comentarios,
    Dando su vida con honor,
    Y eternidad a su ideario.

    Sus doctrinas y argumentos,
    Hasta nuestros días llegaron,
    Porque en diversos momentos,
    Otros grandes la avivaron.

    Justo allá en su centenario,
    Estas parecían morir,
    Cuando un joven de actuar diario,
    Las conllevó a resurgir.

    Las defendió en el Moncada,
    En el Granma y en la Sierra,
    Hasta que triunfó en mi tierra,
    Fidel con su tropa armada.

    Y en los años venideros,
    Se han mantenido vigentes,
    Trazando nuevos senderos,
    Por todo este continente.

    Martí nos llamó a ser cultos,
    Para alcanzar libertad,
    Y repudiar los insultos,
    Del imperio y su crueldad.

    Así en su carta inconclusa,
    A su amigo nos alerta,
    Del poder del “made in USA”,
    Con visión casi perfecta.

    Igualmente convocó,
    A todos por el bien de todos,
    Y así nos adoctrinó,
    Por qué hay que andar codo a codo.

    Para juntos enfrentar,
    Cualquier lacaya maniobra,
    Que trate de mancillar,
    El ejemplo de su obra.

    Es por ello ha trascendido,
    Toda la acción del Maestro,
    Frente al yanqui resentido,
    Que jamás tendrá lo nuestro.

    Y hoy somos continuidad,
    De este ideario martiano,
    Porque en Cuba ya no habrá,
    Nunca más otros tiranos.

    Eduardo Fernández Alfonso.
    19/05/2020.

  • Lozano

    Periodista, fantástico su articulo, son unas cuantas oraciones y todas convencen, creo q es usted un ángel q bajó del cielo y multiplicado por ser mujer, a reivindicar a nuestro apóstol, genial, el apóstol no tiene manchas, sin llegar al fanatismo, fue un hombre sencillo con un final como le correspondía, para ciertamente estar en el cielo para todos y por el bien de todos, gracias