Narciso Fernández Ramí­rez
Narciso Fernández Ramí­rez
@narfernandez
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13 Agosto 2016

Para muchos, incluido su hermano Raúl, tiene el don de la previsión y la rara cualidad de ir al futuro y luego regresar para contárnoslo, como sentenció el presidente argelino Abdelaziz Bouteflika.

Uno de sus entrañables amigos, el escritor Gabriel Garcí­a Márquez, Premio Nobel de Literatura, al abundar al respecto, afirmó: «Su más rara virtud de polí­tico es esa facultad de vislumbrar la evolución de un hecho hasta sus consecuencias remotas… pero esa facultad no la ejerce por iluminación, sino como resultado de un raciocinio arduo y tenaz ».

Mientras Ignacio Ramonet, en la Introducción a Cien horas con Fidel, afirmó: «Pocos hombres han conocido la gloria de entrar vivos en la historia y en la leyenda, Fidel es uno de ellos ».

Se trata de una de las personalidades históricas más importantes del siglo XX, y el mayor í­cono viviente del movimiento revolucionario del pasado siglo y las dos primeras décadas del actual.

Rebelde y guerrillero

Fidel Alejandro Castro Ruz, nació guerrillero, de noche, alrededor de las 2:00 de la madrugada, y ya de niño asumió momentos de rebeldí­a para que le fueran reconocidos sus derechos.

En 1945 se graduó de abogado, y puso toga y birrete a favor de los humildes.

Santa Clara, lo recuerda aquella mañana del 14 de diciembre de 1950 en su famoso «Yo acuso », en el que denunció los desmanes del gobierno corrupto de Carlos Prí­o Socarrás.

Fidel, Camilo y el Che, La Habana, 8 de enero de 1959.
Junto al Che y Camilo, cuando el 8 de enero de 1959 se dirigí­a al pueblo de La Habana. (Foto: Tomada de Internet)

Ese dí­a, a Benito Besada, abogado como él y testigo de inusual comportamiento en la antigua Audiencia villareña, le comentó: «Vine a decir verdades y las dije ». Resultó su primera autodefensa, aunque no la única, ni la más famosa.

Tres años más tarde, a consecuencia de los sucesos del 26 de julio de 1953 (asalto a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes), el abogado de 26 años pronunciarí­a su alegato «La Historia me absolverá », convertido en el documento polí­tico-jurí­dico más importante de la segunda mitad del siglo XX cubano, al decir del intelectual Armando Hart Dávalos.

El 8 de enero de 1959, con 32 años y el grado de Comandante en Jefe, entró triunfante en La Habana con la tiraní­a descabezada a sus pies, tal y como habí­a prometido en 1956.

Iniciaba así­ Fidel, el proceso histórico de mayor profundidad en América Latina, cuya influencia continúa determinando el curso de los acontecimientos de los pueblos ubicados desde el sur del Rí­o Bravo hasta la Patagonia.

Nunca abandonar a nadie

El propio Gabriel Garcí­a Márquez lo consideraba «el ser humano insólito, que el resplandor de su propia imagen no deja ver. Este es el Fidel Castro que creo conocer ».

Entre sus grandes virtudes, sobresale su preocupación por cada persona y la convicción de que, aún en las más difí­ciles circunstancias, nadie quedará abandonado a su suerte.

Para no dejar preso al Che Guevara, en México, demoró la salida del yate Granma.

Al cabo Roque lo salvó de una muerte segura cuando cayó en las revueltas aguas del Golfo de México durante la travesí­a hacia Cuba. Solo cuando el compañero estuvo a salvo, el Granma reanudó su marcha.

Fidel Castro junto al niño Elián González.
Fidel encabezó la lucha por el fin del secuestro del niño Elián González en los Estados Unidos y su regreso a la Patria. (Foto: Tomada de Internet)

Ante grandes catástrofes naturales, como el ciclón Flora en 1963, que inundó los valles del Oriente de Cuba, no titubeó ni un segundo en encabezar las acciones de salvamento, y subido en un tanque anfibio, desafió la crecida desbordante del rí­o Cauto.

Durante el ciclón Kate, que borró miles de casas del litoral norte de Villa Clara y cambió la fisonomí­a de El Salto, Ganuza y otras playas, desde bien temprano, aún bajo las ráfagas del huracán, estuvo preocupado hasta de los más mí­nimos detalles.

También se montó en una BTR cuando el sumidero de Jibacoa, en el valle de Manicaragua, se inundó y las aguas dejaron incomunicado al agreste poblado de la geografí­a villaclareña.

Tampoco podrá ser olvidada la lucha de todo un pueblo, por él encabezada, en el rescate del niño Elián González. Ni la que se libró por el regreso de los Cinco Héroes, con su convicción de que   ¡Volverán!, y volvieron

Soldado de las ideas

Martiano de nacimiento, logró imbricar las ideas del «más genial y universal de los polí­ticos cubanos », y el pensamiento de Simón Bolí­var y de otros próceres latinoamericanos a una auténtica Revolución Marxista-Leninista.  

Convencido de que las ideas polí­ticas no valen nada si no hay un sentimiento noble y desinteresado que las respalde, ha dedicado toda su vida a educar al pueblo en la defensa de la justicia y encabezó la más colosal batalla de ideas que se haya librado jamás en cualquier paí­s de este hemisferio.  

Foto de Fidel del fotógrafo Liborio Noval.
(Foto: Liborio Noval / Tomada de Internet)

Su amigo Garcí­a Márquez, que bien le conociera, escribió: «La tribuna de improvisador parece ser su medio ecológico perfecto ».

Antológicos son los miles de discursos que pronunció a lo largo de más de medio siglo de Revolución, convertidos en piezas oratorias de altí­simo nivel y modelos de educación revolucionaria de las masas.

A partir del 28 de marzo de 2007 comenzó a escribir sus Reflexiones; verdaderas clases de análisis valorativo de asuntos complejos de diversa í­ndole y guí­as certeras para una Revolución que enfrenta a diario retos y obstáculos.

Enemigo del envanecimiento, tiene su frase más recurrente en el apotegma martiano de que «Toda la gloria del mundo cabe en un grano de maí­z ».

A petición propia, las reflexiones publicadas a partir del 19 de febrero de 2008 salen bajo el nombre de «Reflexiones del compañero Fidel ».

Este 13 de agosto esa fuerza telúrica que es Fidel, arriba a su cumpleaños 90, y continúa siendo fuente de inspiración para mantener intactas las esperanzas en las causas justas.

Soñador y batallador incorregible, vale recordar lo dicho al comandante sandinista Tomás Borge, en su célebre conversación titulada Un grano de maí­z:

«Ya no regresaremos a las montañas, pero si confiamos en que, con nuestra fe, las montañas regresarán a nosotros ».

Ese es, y será, el Fidel de todas las batallas.

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