¡Que gane la humanidad!

Hoy los derechos humanos tienen que ser un deporte en equipo.

Derechos humanos
(Foto: Tomada de Internet)
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El 10 de diciembre de 1948 la Organización de Naciones Unidas adoptó la Declaración Universal de Derechos Humanos. Con las atrocidades de la Segunda Guerra Mundial aún recientes, el documento llegó pronto para la ONU, pero tarde para el mundo.

Desde siglos atrás, hombres y mujeres de todos los confines libraban batallas por la vida, la libertad y la dignidad. Se oponían al antagonismo histórico que otorgaba a una clase social el privilegio de la explotación y a otras, el castigo de la esclavitud y la servidumbre.

A Cuba llegaron los ancestrales deseos de justicia en los días de la colonización, cuando los aborígenes prefirieron la muerte al sometimiento. En 1868, Carlos Manuel de Céspedes destapó la olla donde hervía el independentismo como la más criolla de las soluciones. Sin embargo, la emancipación, primero de España y luego de Estados Unidos, tardó 90 años.

Durante más de seis décadas, el Gobierno revolucionario ha superado con creces la Declaración de 1948. El pleno acceso a la salud, la educación y la seguridad social; la protección a la maternidad, a la infancia y a la familia; las garantías laborales y salariales, y la igualdad jurídica son, al mismo tiempo, conquistas desdeñadas por muchos cubanos y anheladas por grupos que aún buscan el despertar de América Latina.

Día Internacional de los Derechos Humanos
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En su afán por minimizar los logros de la isla, el gobierno norteamericano, sus aliados internacionales y los lacayos internos desconocen el prestigio que la hace merecedora de integrar el Consejo de Derechos Humanos de la ONU por quinta ocasión, con el 88 % de los votos.

A la asfixia económica y la difamación contra todo lo que huela a solidaridad o altruismo, se suma, en los últimos días, el (des)montaje mediático del Movimiento San Isidro, tan inmóvil como la mafia anticubana de Miami, que todavía espera, maleta en mano, la caída del «régimen».

La participación en el gobierno, la libertad de expresión y las torturas, penas o tratos crueles son balas en el directo de la arenga acusadora, a la que siempre respondemos con ráfagas de soberanía.

Derechos humanos
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En Cuba sobran las oportunidades para que cada ciudadano participe en la conformación, ejercicio y control del poder del Estado; aunque algunos prefieran denigrar tales espacios y reservar las opiniones para «perretas» sin sentido en redes sociales.

Sometida a consulta con los electores de todo el país y refrendada mediante voto libre, directo y secreto; la Constitución de la República sintetiza el más genuino poder popular. La Carta Magna ratifica la irrevocabilidad del sistema socialista, y el único dictador que así lo dispuso fue el pueblo.

Otra garantía ciudadana consiste en el derecho a participar en la vida cultural del país, que no admite ultraje a los símbolos nacionales, distorsión de la historia, violaciones de los principios humanistas de la Revolución ni transgresiones de las leyes.

Derechos Humanos
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Este debate nos lleva a los sucesos más recientes. A mi juicio, plantarse frente a la puerta de Ministerio de Cultura dista mucho de la petición civilizada de un diálogo. Sin embargo, los representantes de instituciones culturales abrieron puertas y oídos a los criterios diversos de jóvenes creadores. ¡Claro!, el cambio depende de todo el que hace del arte un organismo vivo.

La libertad de pensamiento, de conciencia, de religión y de expresión establecidas en el texto constitucional tampoco sacian las aspiraciones de grupos anticubanos; porque solo encuentran democracia en la «libertad de acción», para generar inestabilidad social, provocar una intervención militar y retroceder años luz en el camino de los derechos humanos.

Derechos humanos
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Sobre torturas, penas y tratos crueles, inhumanos o degradantes, indignan las denuncias en voz de quienes hiperbolizan la violencia; sobre todo desde la base naval ubicada en el territorio guantanamero que ocupan ilegalmente. En medio de la pandemia por el nuevo coronavirus, resulta todavía más ofensivo para Cuba dedicar tiempo y dinero a responder cuestionamientos y superar las mismas zancadillas de hace más de 60 años.

«¡Basta!» Grita el mundo, necesitado de un respiro, harto de que las libertades de pocos dependan de la opresión de muchos, de que la intención injerencista de defender supuestos derechos en territorio ajeno se convierta en la primera violación de tales garantías.

En el 2020 la ONU llama a «reconstruir para mejorar» el escenario pos COVID-19. Erradicar la discriminación, enfrentar las desigualdades, estimular la participación y la solidaridad, e impulsar el desarrollo sostenible son las reglas de este juego en equipo, la única esperanza de que la humanidad se lleve la victoria esta vez.

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