El 16 de marzo de 1977, el jardinero Wilfredo Sánchez, el Gamo de Jovellanos, abrió el club de los peloteros que han completado el millar de indiscutibles.
En los inicios, la privilegiada lista fue exclusiva de los zurdos, pues además de Wilfredo, se incorporaron el desaparecido Eulogio Osorio, Elpidio Mancebo y Felipe Sarduy, pero el 3 de mayo de 1978 –se cumplieron ayer lunes 43 años, se incluyó en la selecta relación un bateador derecho: el fallecido Vicente Díaz Martínez, quien logró la codiciada cifra ante un envío del Meteoro de La Maya, Braudilio Vinent, uno de los más brillantes serpentineros que han pasado por las series nacionales.
Nacido el 14 de marzo de 1946 en la actual provincia de Ciego de ívila, Vicente, poseedor de un potente brazo, se convirtió en uno de nuestros más sobresalientes antesalistas de finales de los 60 y principios de los 70 del pasado siglo. Muchos recordamos aquella polémica sobre quién era mejor: si Vicente o el también finado Owen Blandino, el Gallo de Cabaiguán.
Su estreno en la pelota grande ocurrió en la V Serie Nacional, cuando tuvo que suplir a José el Chivo García, y desde entonces se adueñó de la tercera esquina, que defendió durante 15 campeonatos con los equipos de Orientales, Granjeros, Camagí¼ey y Camagí¼eyanos.
Vicente tuvo el honor de integrar, en 1970, el equipo Cuba al memorable certamen mundial de Cartagena y Barranquilla, donde el espirituano José Antonio Huelga se encumbró al derrotar en dos ocasiones a la selección de Estados Unidos.
Al año siguiente, en 1971, volvió a lucir el uniforme cubano en la cita mundial de La Habana y en los Juegos Panamericanos de Cali, Colombia.
En 1979, en unión de otras dos glorias de las series nacionales: Gaspar Legón y Eusebio Cruz, decidió colgar el guante y los spikes.
Lamentablemente, el 21 de marzo de 2006, una semana después de haber cumplido 60 años, mientras se preparaba en La Habana, junto a otras glorias del deporte cubano, para recibir al equipo de la Mayor de las Antillas que obtuvo un resonante segundo lugar en el I Clásico Mundial, un repentino infarto del miocardio puso fin a la existencia de este destacado antesalista, el primer derecho que completó 1000 hits en nuestras series beisboleras y segundo en disparar seis inatrapables en un partido, aunque ese desafío, jugado contra Industriales el 12 de marzo de 1969, se extendió a 15 entradas.