Luis Orlando León Carpio
Luis Orlando León Carpio
@leon_luiso
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12 Diciembre 2014

A pocos metros, un muro. En la frente corre el sudor  y el corazón late con fuerza. Adrenalina, piensa.  Adrenalina, dice mientras impulsa la patineta con el pie derecho. ¡Adrenalina!, grita. Y cuando el cemento parece imponerse en su camino, ¡salta! La tabla da vueltas. En el aire, la pose de vencedor. Desde atrás un grupo de jóvenes aplaude la hazaña.

skater-solo-yvgEl ollie es el movimiento básico de una acrobacia skate, y consiste en saltar con la tabla o skateboard sin tomarla con las manos. (Fotos: Yariel Valdés González)

Cae con sus dos pies sobre la patineta y sonrí­e, porque ha logrado vencer el truco que practicó durante meses. Adrenalina, vuelve a pensar. Alrededor suyo el mundo parece el mismo. Pero en el Parque de la Audiencia, en Santa Clara, quienes lo visitan asiduamente saben que para este, y otros diez chicos, lo que acontece allí­ es parte indisoluble de su vida.

Es la realidad cotidiana para un grupo de jóvenes que todas las tardes se entregan con pasión a la práctica del skateboarding, un deporte que si bien en Cuba se mantiene en vilo por las carencias económicas, en los últimos años atrapa la atención de niños y adolescentes, aun cuando las mayorí­as poco conocen de su existencia.

Un estilo de vida

El skateboarding es el deporte extremo que busca realizar diversidad de acrobacias con una patineta también llamada skateboard, de ahí­ que sus practicantes reciban el calificativo de skaters (del verbo to skate, patinar en inglés).

Nacido de la adaptación de una tabla de surf con ruedas, el deporte se hizo popular en los Estados Unidos a partir de las décadas de los 50 y 60, luego de que varios empresarios vieran las oportunidades comerciales del nuevo deporte.

La aparición de este mercado exclusivo para jóvenes propició que la patineta se convirtiera, más que en un pasatiempo, en todo un estilo de vida para niños y adolescentes de Norteamérica, primero, y para el resto del mundo, después. En 2002 la empresa estadounidense de investigación y consumo de deporte American Sports Data estimó que habí­a 40,5 millones de skaters en todo el orbe.

Con el rock and roll en pleno auge después de los 60, una de sus expresiones, el punk, fue asumido por ellos para definirse como grupo social.

Para el Lic. Alejandro Satorre Morales, sociólogo y profesor en la Universidad Central «Marta Abreu » de Las Villas (UCLV), los skaters forman parte de los grupos sociales tí­picos de la cultura en las ciudades modernas. Normalmente se les conoce como tribus urbanas, por compartir iguales intereses, gustos y formas de vida. «Sus prácticas culturales están determinadas por la perspectiva citadina, de barrio: el vestir casual, el lenguaje fuerte, la música de vanguardia », agrega el especialista.

De ahí­ que el rock y su estilo sean parte inseparable de estos jóvenes. La legendaria banda Limp Bizkit, por ejemplo, es una de las más representativas. Su apariencia, en general, recuerda a la de cualquier roquero, pero más moderada: ropa ligera que les permiten hacer los movimientos, de colores enteros o con alusiones al skate; también usan gorras, tenis, y suelen llevar tatuajes y piercings.

«En Cuba, realmente, no somos tan llamativos afirma Alejandro Rodrí­guez Llorente (Pepino), joven skater. En otros paí­ses hay quienes escuchan solo punk, pero nosotros oí­mos más bien el rock variado: el estilo posthardcore, new metal y la música electrónica. Mi banda preferida es, por ejemplo, la inglesa Bring Me The Horizon », dice mientras enseña la letra de una de sus canciones tatuada en el brazo derecho.

Skaters de la Audiencia

Con la patineta a cuestas, un skater santaclareño anda por los sitios tí­picos de la juventud en la ciudad: El Mejunje, el «malecón », el Parque Vidal. Pero, sin lugar a duda, el Parque de la Audiencia se ha convertido en una suerte de meca para estos jóvenes.

patinador-1-yvg Los skaters insisten en que ellos no son los responsables por los grafittis que han aparecido en la estatua del parque de La Audiencia en Santa Clara.

Pepino es uno de esos muchachos que decidieron definir su juventud en este estilo de vida. Para él, patinar es una forma de liberar tensiones y sentirse satisfecho al lograr algo que pocos pueden.   «Me encanta sentir la adrenalina cuando voy a realizar uno de los trucos », confiesa.

«Voy a patinar hasta que sea viejo, hasta que no pueda levantar un pie », enfatiza Carlos Rafael Alfonso Claro, artesano del Fondo Cubano de Bienes Culturales. Para él, este deporte es más que una diversión, más que un hobby cualquiera, pues «el sentimiento de placer que transmite nos mantiene tratando de alcanzar nuevas metas, y eso es muy positivo para la mente ».

Con vasta experiencia en el área, Osney Bermúdez Sánchez (27 años), cantinero en la Casa del Vino, ve en esta práctica una manera de relajar todas esas tensiones del dí­a. Como veterano en la liga de las tablas sobre ruedas, ha visto la cantidad de jóvenes que han pasado por el parque. «De estar vagabundeando por las calles, mejor nos centramos en este deporte », afirma.

«Los skaters son populares en todo el mundo. Y, de hecho, esta es una práctica que atrae a muchos niños y adolescentes de la ciudad. Constantemente vienen aquí­ a vernos patinar. Si no se ha extendido más, es por las dificultades que requiere conseguir los implementos que esto lleva », recalca Osney.

¿Por qué supone dificultades conseguir la indumentaria necesaria?

Porque no se encuentra en el mercado. Las pocas tablas que han vendido en las tiendas son de pésima calidad, no aguantan ningún movimiento. Un skateboard puede costar, en La Habana, más de 50 CUC. Además, nos hacen falta otros complementos de seguridad, como cascos, coderas, rodilleras, que para este deporte son primordiales.

¿Cómo se acercaron a este mundo?

Por videojuegos y productos comunicativos en sentido general. Continuamente buscamos videos promocionales de competencias, de trucos nuevos, y jugamos playtation como forma de entrenar.

Practicar para aprender

Según Osney, un joven skater debe reunir ciertas caracterí­sticas para comenzar a practicar. En primer lugar, condiciones fí­sicas para los saltos y piruetas, y, en segundo, paciencia para aprenderlos.

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Todos los meses realizan competencias para incentivar el espí­ritu de superación de los integrantes del grupo. Dan un premio al mejor veterano y al nuevo  skater; por lo general, consiste en un diploma o algún regalo. Todo hecho por medios propios, afirman. Para el grupo, un sueño hecho realidad serí­a contar con una pista de deportes extremos en la ciudad, como la existente en el Parque Metropolitano de La Habana.

«Es un deporte riesgoso afirma Osney y la precariedad de los implementos nos ha llevado a lesionarnos unas cuantas veces.  Pepino  se lastimó una muñeca, Carlos, el tobillo, y Henry tuvo un esguince en el pie. Es, exactamente, porque necesitamos un espacio profesional ».

La Dirección del INDER provincial no atiende los deportes extremos como parte de su programa. Alberto Santos, funcionario de esa institución, agrega que de todas formas eso no implica una negativa para ayudarlos a atender sus peticiones. «Pero nunca ha existido un diálogo entre ambas partes », acota.

patinador-y-parque-yvgAnte la falta de un local propio, los skaters de Santa Clara se adueñan del parque de La Audiencia, un sitio al que le provocan daños en sus muros.

«Varios veces hemos atendido los reclamos de este tipo de movimiento, como lo fueron en un momento las bicicross, a las cuales les dimos un espacio. Por ahora, como unidad presupuestada que somos, no contamos con un respaldo financiero para construirles un lugar especializado. Les recomiendo que presenten un proyecto con todas las necesidades y reclamos, para comenzar de manera oficial las conversaciones ».

Aunque el sociólogo de la UCLV afirma que normalmente estos grupos no son segregados ni excluidos por la sociedad, en algún momento sí­ han sentido el peso de los prejuicios. «Solo podemos practicar en la Audiencia, fuera de allí­ nos podemos buscar lí­os », refiere Pepino.

Muchos miran con recelo la práctica del skate en este parque. Tal es el caso de Maribel Hernández, de 62 años, quien los cataloga como perjudiciales al patrimonio de la plaza, pues, según ella, «con tantos saltos terminarán por destruirla. Además, mira cómo tienen los muros pintarrajeados ».

Sin embargo, Pepino dice que ellos tratan de cuidar el parque y que muchas veces han tenido que regañar a otros jóvenes que, atraí­dos por este deporte, pintan su devoción en los muros que rodean las estatuas. «No podemos olvidar que en Santa Clara existen grafiteros », afirma.

Grisel Santos Suárez y Gardenia Pereira Ruiz, juezas del Tribunal Provincial, radicado justo frente a este parque, afirman que no ven a los muchachos como un peligro para el lugar. Por mucho tiempo los observaron practicar y nunca conocieron de algún problema causado por ellos.

Más allá de criterios positivos o negativos, los skaters de Santa Clara, menos interesados en los prejuicios y más por fortalecer su movimiento, reviven cada tarde la alegrí­a de saberse dueños de la patineta y provocadores de la ley de la gravedad.

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