Isabella Abreu: un Quijote para conquistar París

Isabella Abreu es la primera cubana en competir en la Fórmula 4 francesa, plataforma intermedia para alcanzar la Fórmula 1 del automovilismo mundial.

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Isabella Abreu, piloto cubana de Fórulal 4.
Niurys Castillo Hernández
Niurys Castillo Hernández
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30 Abril 2026

Hay historias eternas, como la locura del ser ícono de su tiempo. El perseguir sueños, anhelos y sensaciones que tuvimos en la infancia mueve montañas. Ser visionario, o romper esquemas, recuerda ciertos vestigios del caballero andante y sus aventuras por la región española de La Mancha. Esta vez, la justicia no viene acompañada de lanzas y corceles, trae consigo velocidad, kilometraje y la inclusión femenina cubana en uno de los circuitos más exigentes de las pistas europeas.

Isabella Abreu ha sido tendencia en redes sociales hace un tiempo. Para los adeptos a la velocidad y la adrenalina, la holguinera se convirtió en referente un referente. Fue ella, a título personal, quien dio a conocer su historia. El post de presentación tuvo como plataforma un video tomado en los alrededores de la Torre Eiffel. Desde ese momento, su figura tomó fuerza dentro del seguimiento informativo.

«El sueño nació en Holguín —comenta la piloto— a los cinco años, entre herramientas improvisadas y carros viejos que su padre reparaba en su taller».

Mientras se manchaba las manos de grasa y gasolina, la pequeña Isabella no imaginaba que años después sería la primera mujer cubana en competir en la Fórmula 4 francesa. Su historia comenzó al subir a un kart y descubrir que quería estar entre profesionales.

«Era bien lento, como 20 millas por hora. Di como cuatro vueltas, miré a los profesionales y le dije a mi papá: "yo necesito estar allí". Desde entonces, no hubo vuelta atrás», comentó en entrevista a medios internacionales.

El camino fue duro: entrenamientos físicos y mentales, sacrificios económicos y la necesidad de abrirse paso en un mundo dominado por hombres.

«Hay cosas que el público no ve y que son importantes en carreras de alto riesgo. Vamos a 180 o 190 millas por hora, en curvas, controlando un auto que no sabes cuándo se te puede ir contra una pared», explica con la serenidad de quien ha aprendido a convivir con el riesgo.  

A Europa llegó en 2026. En su debut en la Fórmula 4 francesa, Isabella terminó en el puesto 23 entre 32 corredores, hombres y mujeres. Para muchos, un resultado discreto; para ella, un símbolo de conquista, algo más que una posición en la tabla. «Representar a Cuba en el automovilismo, en un lugar donde nunca hemos estado, yo creo que no solo es un sueño para mí, sino para todos nosotros», dijo con orgullo.  

«Me pasé un mes aprendiendo, entrenando físicamente. Nos estructuran para nuestras carreras. Es un sueño realizado», contó.

Más allá del lugar alcanzado, su presencia en el campeonato francés es un acto de resistencia y esperanza. En un deporte donde pocas mujeres logran llegar, Isabella incluyó por vez primera el nombre de Cuba.

«Corro con mi cultura y el apoyo de muchos. Quiero demostrar que no hay límites para quienes sueñan y se esfuerzan», aseguró en la entrevista a medios especializados.

Hoy, desde las pistas europeas, Isabella Abreu no solo acelera hacia su futuro, también abre camino para que las generaciones de cubanos constaten que lo imposible puede hacerse real. Su historia es la confirmación de que la pasión, la disciplina y la perseverancia pueden transformar un sueño nacido en un taller holguinero en una realidad que vibra al ritmo de los motores más veloces del mundo.  

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