Ellas, desde una esquina

A estas alturas parece que las mujeres alcanzaron todos sus derechos. Sin embargo, según varias investigaciones, el deporte ha servido de refugio a prejuicios que limitan el desarrollo justo de las cubanas. Por eso, Vanguardia intenta rebatir los argumentos con que se niega la práctica oficial del boxeo femenino en nuestro país.

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¿Quién tiene la potestad para detener a las mujeres? ¿Qué hombre, sea cual sea su responsabilidad, tiene el derecho para decidir sobre ellas? ¿Quién puede advertirles «hasta aquí», «ni un paso más»? Nadie debe, o nadie debería.

Sin embargo, en pleno siglo XXI, unos pocos se levantan con sus atavismos y no reconocen que mientras atan el desarrollo de las mujeres, recurren a los mismos prejuicios biológicos y patriarcales de la historia del machismo universal. Que son más débiles, que son o deben ser más hermosas y sensibles, que tienen que ser protegidas... por los hombres.

boxeadoras yvgVarias estudiantes de la EIDE provincial de Villa Clara anhelan insertarse en el sistema oficial del boxeo cubano. Aunque hasta ahora ninguna de ella puede matricular esa disciplina deportiva, las adolescentes accedieron a ponerse los guantes frente a nuestra cámara. (Foto: Yariel Valdés González)

En el caso específico del deporte, por ejemplo, hace muchos años que las mujeres anhelan insertarse en las competiciones de alto nivel que les estaban —o les están— vedadas por su condición de género. En el caso específico del boxeo, ni siquiera se les permite acceder de manera generalizada y oficial a los circuitos de entrenamiento, según su aptitud y vocación.

En los últimos tiempos la prohibición del boxeo femenino —por ser un deporte violento «no aconsejable para las mujeres»— ha provocado reacciones antidiscriminatorias casi en todo el mundo. Gracias a la irreverencia lógica de las pugilistas, esa disciplina deportiva se incluyó como categoría oficial en los Juegos Panamericanos de Guadalajara 2011 y en las Olimpiadas de Londres 2012.

Y aunque el auge del boxeo femenino sigue un rumbo ascendente y los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro 2016 lo refrendarán, numerosos países se resisten a aceptar la disciplina por prejuicios de género. En Cuba, hasta hoy, el boxeo femenino no se considera una práctica deportiva oficial.

Machismo, al duro y sin guantes

Aunque las autoridades políticas y deportivas cubanas han alentado en las últimas cinco décadas la participación de la mujer en todas las disciplinas deportivas —judo, taekwondo, kárate, lucha y, más tardíamente, halterofilia—, funcionarios del Instituto Nacional de Deportes, Educación Física y Recreación (INDER) han argüido últimamente que el boxeo es una práctica «dañina» e «inapropiada» para las mujeres.

En 2009, el entonces entrenador principal de la escuadra cubana de boxeo, Pedro Roque, declaró a medios extranjeros que «las mujeres cubanas son para mostrar la belleza de su rostro, no para recibir golpes». Sin embargo, desde 2012 Roque se estableció en Estados Unidos y se hizo cargo de la dirección técnica de los equipos olímpicos norteamericanos de boxeo, incluido, por supuesto, el conjunto femenino.

entrenamiento yvgEn muchos países donde se practica oficialmente el boxeo femenino, las pugilistas aseguran que el entrenamiento les ha servido para sentirse más seguras de sí mismas. (Foto: Yariel Valdés González)

Hasta las Olimpiadas de Londres 2012 el boxeo era el único deporte exclusivo para hombres. La inclusión de la disciplina deportiva en la lista de los juegos olímpicos suscitó en nuestro país el debate sobre el acceso de las mujeres al boxeo. Los analistas más pragmáticos dedujeron enseguida que Cuba, una de las potencias mundiales del boxeo amateur masculino, estaría perdiendo su posición en los medalleros por contar con menos categorías en competencia.

Por otro lado, a pesar la inclusión a nivel mundial de la especialidad femenina, poco antes de la cita estival de Londres, el otrora presidente de la Federación Cubana de Boxeo, José Barrientos, afirmó que nuestro país no prepararía un elenco boxístico femenino. «No tenemos intención en estos momentos de participar en ningún torneo internacional, porque consideramos esta modalidad no apropiada para las mujeres», aseguró el funcionario a la agencia Prensa Latina.

Poco después, cuando el taiwanés Ching-Kuo Wu, presidente de la Asociación Internacional de Boxeo Aficionado (AIBA), abogó en La Habana por que las mujeres pudieran acceder a la práctica oficial del boxeo, el panorama parecía ser otro. En ese entonces el dirigente de la Federación Cubana de Boxeo, Alberto Puig de la Barca, aseguró que en la Isla «no estábamos cerrados a la idea pero que —¡todavía!— se estaba evaluando».

Y otra vez, sin falta, el directivo acotó que para los cubanos sería «un poco difícil ver a una mujer con los guantes de boxeo puestos». En 2013, Puig de la Barca ya había declarado a medios extranjeros: «No ubicamos —a las mujeres— hoy en día con guantes de boxeo. [...] Quizá cambiemos de opinión, lo estamos chequeando desde el punto de vista médico, psicológico».

Precisamente dos años después, a mediados de 2015, el funcionario cambió su discurso para la cadena norteamericana ESPN: «Sabemos que hay boxeadoras que tienen posibilidades de trascender. [...] El día que se decida incorporar el boxeo femenino, tenemos atletas de otros deportes con una preparación física excelente».

Hasta hoy los argumentos esgrimidos contra la práctica del boxeo femenino aluden a prejuicios esencialistas, biológicos y machistas. Ninguna investigación médica o psicológica ha demostrado que las mujeres están menos preparadas que los hombres para practicar el boxeo u otro deporte. En todo caso, quienes niegan esta posibilidad defienden el viejo estereotipo que condena a la mujer de manera inevitable a la actitud pasiva y al cultivo de un carácter más sensible por naturaleza.

Algunas voces, en posición intermedia, también desaprueban que las mujeres puedan boxear algún día en Cuba porque se trata de un deporte demasiado «violento» para cualquier sexo. Al respecto, la Dra. Isabel Moya Richard, directora de la Editorial de la Mujer, asegura: «En lo personal no concibo el boxeo como un deporte para los hombres ni para las mujeres. [...] Un conteo de protección, donde el atleta está mareado, y el público abuchea por una parte y aplaude hasta el delirio por otra, no me parece propio del grado de civilización alcanzado por la humanidad».

Sin embargo, aunque nadie llegue a dudar del razonamiento de la reconocida especialista cubana en género, parece obvio que si toleramos el boxeo masculino también deberíamos aceptar la inclusión de las cubanas en esa disciplina. Y no porque se trate de engrosar una lista de medallas, sino porque la práctica del deporte —de cualquier deporte— resulta una conquista esencial de la Revolución.

En ese sentido, Briseida Quintero Jiménez, secretaria general de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) en Villa Clara, sabe que «el triunfo de la Revolución significó el derecho a la igualdad de todas las mujeres de nuestro país. Desde entonces las cubanas pueden lograr ser todo lo que ellas se propongan ser, sin ninguna limitación».

A pesar de esa certidumbre, ante la inquietud de nuestro periódico por el acceso de las mujeres a la práctica oficial del boxeo en Cuba, la FMC prefirió no emitir declaraciones, por el momento.

Sin final feliz

A sus casi 100 años de vida Felicia Mesa Zamá, Fela, hace el viaje diario desde su casa hasta uno de los hogares de ancianos de Sagua la Grande. Cuando llega, los más viejos apenas recuerdan la época en que la Pantera Sagüera se convirtió en una sensación sobre el cuadrilátero. Pero ella rememora con claridad cada una de sus 15 peleas oficiales, celebradas hace más de 50 años.

Fela venció a Eladia Thondike, la Diosa de Ébano; a Gilda Melis y a Silvia Hernández, otras antiguas boxeadoras cubanas, probablemente extintas. Pero cuando triunfó la Revolución tuvo que dejar de boxear. Y sin esperanza de volver al ring regresó al campo, sustento de toda su vida.

namibia y felaNi Fela ni Namibia, en diferentes épocas, pudieron cumplir sus sueños en el boxeo. (Fotos: tomadas de Internet)

Muchas décadas después, el 15 de febrero de 1976, nació con fatal adelanto para su vocación Namibia Flores. «Siempre he querido realizar mi sueño aquí en Cuba y poder boxear en los Juegos Olímpicos o en una competencia internacional, pero parece que no tendré la oportunidad», aseguró la extaekwondoca en una entrevista concedida al periodista cubano Miguel Hernández.

Aunque hasta hoy resulta imposible que Namibia practique de manera oficial el boxeo, ella se agenció su propia preparación en rings particulares de Centro Habana. No obstante, el rezago de la Federación Cubana de Boxeo la puso contra la pared: «Han pasado los años, no ha ocurrido nada con el boxeo de mujeres, y yo ya llego a la edad límite permitida», aseguró en la entrevista mencionada.

A estas alturas la decisión justa se hace esperar. Pero Namibia, sin otro remedio que la resistencia y el reajuste de planes, no renuncia a su sueño de toda la vida: «Si lo aprobaran en momentos en que ya por la edad no puedo competir pues me conformaré en servir al menos de ejemplo a las muchachas que vienen detrás, y si no puedo acompañarlas como atleta, ojalá lo haga como entrenadora... ¡o hasta de cargaguantes!»

Al ring, ahora

A pesar de todos los inconvenientes para la práctica oficial del boxeo en Cuba, Vanguardia conoció durante esta investigación que cinco extaekwondocas se forman como boxeadoras desde diciembre pasado en el Centro de Alto Rendimiento, en la capital cubana. Quizás la apertura de las tres divisiones femeninas para la Serie Mundial de 2017 —que puntean para el resultado final de un país— esté en la mira de ese entrenamiento. «Las muchachas están insertadas como boxeadoras, en la matrícula de esta disciplina en el Centro», aseguró Alaín Daniel Ramírez Hernández, metodólogo provincial de boxeo en Villa Clara.

«Las mujeres, como los hombres —continúa el funcionario—, tienen el derecho de seleccionar y vincularse a la práctica de un deporte, así sea tan violento como el boxeo, por ser de intercambio de golpes. Hay que saber que las medidas necesarias para la protección existen, tal como las hay para otros deportes. Espero que para el próximo año el boxeo femenino sea una realidad en Cuba, como en muchos otros países».

Más allá de esa información exclusiva, no difundida hasta hoy, el panorama aquí sigue en las mismas: mientras muchos adolescentes de la Escuela de Iniciación Deportiva (EIDE) Héctor Ruiz, de Villa Clara, se entrenan como boxeadores, mientras algunas chicas anhelan el día en que puedan cambiar las pesas o el tatami por los guantes.

Jesús Pérez Cabrera, entrenador de boxeo de ese centro deportivo, sabe que aceptar la práctica boxística femenina resultará una decisión justa y relegada. «Cuando yo iba a hacer captaciones a las escuelas primarias —cuenta el profesor— muchas niñas levantaban la mano, ellas querían ser boxeadoras. Pero cuando aquello ni se soñaba que fuera posible».

«Hace años había una propuesta para aprobar el boxeo femenino en Cuba, pero la Comisión Nacional informó que era una práctica demasiado inhumana», aclara Jesús. «De todas maneras, las boxeadoras siempre contarían con unos siete protectores (cabeza, manos, empeine, senos y dientes, además de los dos guantes). Puede que sea violento, pero hay mujeres que quieren boxear», lapidó el entrenador.

«Ahora la Confederación Mundial de Boxeo aprobó la participación de dos equipos de mujeres en la Séptima Serie Mundial de Boxeo, a celebrarse en 2017. Por eso, la Comisión Nacional nos dijo que fuéramos enseñando a las muchachitas que tuvieran interés en el boxeo, aunque no se había aprobado nada aún».

—Y las muchachas... ¿se han acercado?

—Sí, varias muchachas que practican judo, lucha... me han dicho que quisieran cambiarse al boxeo, si eso fuera posible.

En ese caso, Yacira Bernal Martínez, alumna de noveno grado de la categoría juvenil de judo, anhela con llegar a ser un día una boxeadora exitosa. «Después que combato —a manera de entretenimiento personal— me olvido de la violencia del boxeo. Yo quisiera ser campeona olímpica o mundial», sueña Yacira.

boxeadora azul yvg(Foto: Yariel Valdés González)

boxeadora roja yvg(Foto: Yariel Valdés González)

Otra joven judoca, Iraima Pascual Vera, sabe que gracias al judo ellas están preparadas para enfrentar cualquier tipo de deporte de combate. «Mi papá conoce mi sueño y me apoya. Un día también quisiera llegar a ser campeona mundial», coincide con su compañera.

Por su parte, Amanda González, de levantamiento de pesas, supo desde hace mucho que el boxeo femenino sería su camino. «No le tengo miedo a los golpes. Desde pequeña amo este deporte, y ya me acerqué a los profesores para que sepan que quiero apuntarme si abren la matrícula».

En otras circunstancias, posiblemente Yacira, Iraima y Amanda representarían a Cuba en una serie mundial o en un evento semejante. En lo que esperan se sientan en una esquina del salón, mientras ven a los varones acomodarse los guantes y presumir de las técnicas aprendidas. El futuro de ellas, y de todas las amantes del boxeo en la Isla, está en las manos demasiado rezagadas de la Federación Cubana de Boxeo, del INDER y hasta de la propia FMC.

Que ninguna mujer cubana anhele sin remedio una vida pasada, como Fela, o un camino hasta hoy prohibido, como Namibia, depende en realidad de toda la nación. Nadie puede —o nadie debería— darse el lujo de negar un sueño posible a sus hijas.

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