Los bafles del irrespeto

El uso excesivo de bafles portátiles interfieren cada domingo en el buen desempeño de la Banda Provincial de Conciertos en el parque Leoncio Vidal de Santa Clara.

Visto: 368

El himno de la patria es sagrado. Nada justifica que mientras se interprete en lugares públicos, los presentes alrededor hagan caso omiso y hasta se mofen de la melodía.

No exagero. Así ocurrió el domingo 29 de octubre cuando al iniciar la retreta de la Banda Provincial de Conciertos (BPC), un grupo de muchachos siguieron escuchando la música de sus bafles portátiles y hasta bailaron, mientras la orquesta tocaba las notas del Himno Nacional.

Ilustración de Alfredo Martirena sobre uso de bafles portátiles en áreas públicas.
(Ilustración: Alfredo Martirena)

Lo anterior ha estado ocurriendo desde hace un mes. Domingo tras domingo, a las 8:00 p.m., la Banda ejecuta sus conciertos. Quizá sea la única del país que ha mantenido la tradición que tanto agrada a citadinos y foráneos. También tocan los jueves a la misma hora; aunque ese día de la semana no acontecen las indisciplinas antes relatadas.

Lo que aquí se narra sobrepasa los límites. La muchachada estaba ubicada sobre el césped, justo entre la glorieta y la estatua de Marta Abreu. Ello obligó a que el director de la Banda, bajo su responsabilidad y con toda razón, decidiera suspender la tradicional retreta del último domingo. La competencia entre los bafles ahogaba el sonido de los instrumentos.

«No estamos en contra de que los muchachos utilicen ese tipo de aparato —dice Félix Toriza, director de la BPC—, pero nuestro espacio y momentos hay que respetarlos, más cuando se trata de nuestro himno. Algo tan elemental que se enseña desde el círculo infantil».

En nuestra opinión, la primera responsabilidad es de la familia que permite que los hijos salgan a la calle con esos bafles. Pueden ser mejor utilizados en sus hogares, en fiestas de amigos, mas invadir los espacios públicos resulta inadmisible.

En segundo lugar, las autoridades del orden público que rondan por el parque Leoncio Vidal también deben tomar cartas en el asunto. Están allí para velar por el cumplimiento de la disciplina social; sin embargo, las de esa noche esquivaron el problema.

Al indagar en el departamento de control de ruido del Citma, los especialistas nos informan no haber realizado mediciones de las potencias auditivas de tales bafles. No obstante, advierten que no deben exceder los decibeles permisibles. Y creo que si son capaces de interferir un concierto de la Banda, la potencia de estas cajas acústicas portátiles ha de ser bien alta.

Sería recomendable que los expertos se inmiscuyan también en el asunto, pues existen leyes, normas y decretos que prohíben invadir los espacios colectivos con niveles altos de volumen. Para los violadores de dichas restricciones se emiten sanciones y multas.

Y si la música «intrusa» fuera melodiosa y refinada, otro gallo cantaría, pero se trata de reguetón y trap, cuyas letras dejan mucho que desear, ni cantos ni gallos, más bien rugidos y leones. Inadmisible, pues, que se imponga a una actividad programada ni a un repertorio de kilates como es el de la BPC, la cual está celebrando sus 115 años de fundada.

Si cada cual actuara como le corresponde, esas indisciplinas sociales no tuvieran lugar. Nadie tiene el derecho de violar reglas comunes ni de irrespetar el buen gusto.