Parar a tiempo la «bola»

Ciertos rumores callejeros causaron confusión y temor en muchas personas en Santa Clara. Las llamadas «bolas» causan más daño si nos sumamos a su difusión.

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(Ilustración: Alfredo Martirena).

Hace varios años una excondiscípula de la universidad se sumó a la divulgación de una «bola» que rodaba por La Habana —y por todoel país— sobre la supuesta desgracia sufrida por un cantante cubano muy popular entonces. Según versiones, había sido sodomizado y vejado por varios hombres. Aquel chisme volaba como pólvora, pero yo no me creí el cuento.

Al comentarle mi incredulidad, me espetó con marcada firmeza que una amiga de ella tenía un tío médico trabajador del hospital Hermanos Ameijeiras, que pertenecía al equipo multidisciplinario que atendía al referido artista. Dos días después, la supuesta víctima salió muy campante y sonriente en vivo en el programa televisivo Piso 6, donde tiró una «puyita»indirecta contra el rumor que denigraba su reputación. Fin de la historia.

Algo así ha sucedido en Santa Clara, pues sin pruebas ni evidencias ni base alguna, han rodado «bolas» sobre sucesos terribles en la calle, como niños desaparecidos, un caso de violación o un cartel con espeluznantes amenazas públicas. En fin, una vorágine de informaciones rarísimas que, poco a poco, se extendieron por la ciudad y causaron preocupación en la gente.

La «bola» creció cuando Educación Municipal de Santa Clara indicó a los padres de los alumnos de escuelas primarias ocuparse personalmente de la entrada y salida de sus hijos en los centros educacionales. Ya sugestionados por los rumores callejeros, los padres relacionaron la orientación con lo que se corría, y la inquietud creció.

Para tratar de esclarecer, Vanguardia buscó declaraciones del director municipal, Yosbel Lima Alfonso, quien explicó que con la medida cumplía lo establecido por el Ministerio de Educación.

Ello fue reiterado por Lien O’Farril Mons, director provincial del sector educacional, quien informó a los medios sobre la total normalidad con que transcurre el curso escolar, sin hechos extraordinarios ni incidencias.

Dijo también que la medida se toma para mayor organización de las escuelas y su responsabilidad con los alumnos, por lo cual los padres debían acordar con la institución si serían ellos, un familiar o un tutor quienes llevarían y recogerían a los niños, o si los autorizaban a que fueran y salieran solos.  De existir un gran peligro para los muchachos, la medida sería otra, más extrema e imperativa, y no es así.

Para más tranquilidad, el teniente coronel Remberto Gutiérrez Romero, jefe de la PNR en el municipio de Santa Clara, afirma categóricamente que no existe en lo absoluto ningún caso de secuestros ni de menores ausentes de sus hogares, y no se ha hecho ni una sola denuncia en las unidades policiales.

En las redes sociales y en comentarios escuchados en la calle,  muchas personas tomaron con beneplácito la medida. Por ejemplo, la actriz del grupo dramático de la CMHW, Mary Fefi Roché Sánchez, comentó en Facebook que en el seminternado de primaria Juan Oscar Alvarado los padres debían firmar una autorización para permitir que los niños salieran solos de la escuela, y si lo hacían con otra persona era con su consentimiento. También refirió ejemplo similar en la secundaria básica Capitán Roberto Rodríguez. Mary Fefi se sentía «muy agradecida y orgullosa de que su hija haya estudiado en estos dos centros escolares santaclareños donde se cuida y atiende a los estudiantes».

Otra cubana residente en el extranjero anotó: «Aquí en Alemania también existe esa ley o condición. Los padres deben dejar por escrito el primer día del curso un documento donde aclara si su hijo o hija puede ir y regresar solo de la escuela. Si por alguna razón se terminan antes o después de la hora normal las clases, llaman al padre y le preguntan si el hijo puede irse solo, aunque ya haya llenado ese documento».

En nuestro país, cuando de verdad ocurre un hecho violento con un menor, se sabe con pelos y señales quiénes son los padres, a qué familia pertenece, dónde ocurrió el hecho, etcétera. Entonces, en una ciudad no tan grande como Santa Clara, pienso no es difícil encontrarse con alguien que sea su vecino o conozca a algún familiar, y hasta ahora nadie ha dicho un nombre de las supuestas víctimas.

Por otra parte, si lo del cartel hubiese sido cierto, me pregunto cómo no ha aparecido todavía «en internet», tomada con un celular, ni una sola foto del anuncio amenazador.

Infundir falsos rumores no es correcto. Las «bolas» se alimentan y crecen gracias al comportamiento casi «automático» de las personas de repetir, irresponsablemente, sin constatar ni indagar en fuentes confiables, oficiales o fidedignas sobre lo que escuchan. A ello se suman los fabulistas, quienes agregan nuevos elementos a la historia, que va creciendo y creciendo, narrada de mil maneras, hasta convertirse en una especie de bola de nieve cuesta abajo, enorme, imparable.

Las «bolas» se debilitan cuando no nos sumamos a su difusión ni las echamos a rodar, y también cuando oportunamente los medios de comunicación serios informan al respecto, porque ante la verdad irrefutable, las «bolas» se convierten en humo y cenizas, que se elevan hasta desaparecer.