Feliz Año Nuevo

En el pasado, la tormenta; para el presente, la luz de la conquista; ansias de hacer perdurar un país que se recupera y se crece.

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Largo como pocos nos resultó. Llegó presagiando buenas nuevas, hermosos anhelos que corrieron el riesgo de dialogar con la naturaleza, pero nos crecimos ante las dificultades y supimos alcanzar la dignidad en tiempos sombríos de lágrimas y pérdidas.

Pese a las arbitrariedades de un 2017 pernicioso, diciembre disipa tormentas, lo hace caer por su propio peso. Supersticioso, jaranero, con total apego a las tradiciones, el cubano, histriónico por excelencia, se sumó a las decoraciones y costumbres navideñas; unos siguiendo tradiciones litúrgicas; otros aprovechando el lucro de la oleada de compras; los más, disfrutando de una época propia para estrechar lazos filiares y sentirse partícipes de una felicidad colectiva.

 Ilustración de Alfredo Martirena sobre el fin de año 2017.
(Ilustración: Alfredo Martirena)

El vecino contiguo pintó su hogar, desempolvó el arbolito y vetustos adornos, que fueron colocados con extremo cuidado, al igual que las luces ledes para que brille y alegre con colorido el salón.

Quien renuncia a la felicidad y a emprender nuevos proyectos queda fosilizado en vida, por eso Liborio recogió los trapos viejos y zapatos rotos, conformó el monigote grande y regordete, tabaco en mano y botella de ron al costado: «quemarlo elimina lo malo y reporta buenos augurios».

El tío guardó celoso un billete cuantioso para colocarlo el 31, a medianoche, bajo el talón derecho, «hay que tenerlo justo en la hora cero para disponer de dinero las 365 jornadas venideras», advierte.

Para la suerte en el amor la joven casadera tiene lista la lencería roja; también la maleta para emprender la vuelta a la manzana. Para pedir, pedir con ganas, la boda y el viaje.

En otras fronteras la fiesta será igual y, a la vez, diversa. Los españoles, en los predios de la Puerta del Sol, se comerán 12 uvas al compás de las campanadas de medianoche. Los chilenos se hartarán de lentejas llamando a la buena suerte. Mientras, en Ecuador, los hombres se disfrazarán de viudas y pedirán dinero en las calles; bailes y palabras picarescas simbolizarán el agravio que siente la loca viuda por la próxima partida de su esposo, representación del año en decadencia.

En mi caimán, toda la familia celebrará en torno a la mesa la felicidad de estar vivos, unidos y se estrecharán en un abrazo. Embriagará el aroma a lechón, pollo, guarnición de arroz congrí, buñuelos y ensalada; extrañaremos los chatinos, mientras que los postres de factura doméstica darán el toque de ázucar.

Esperaremos con buen pie el 2018. Cuando las razones son puras y la vía el esfuerzo, toda tarea es realizable, paso a paso, con voluntad, apoyo y tiempo; tú y yo lo sabemos.

En el pasado, la agonía, la tormenta; para el presente, la luz de la conquista; el ansia de hacer perdurar un país que se recupera y se crece. De momento, corporizar en palabras el privilegio de tener un mañana, un futuro no tan incierto y desear a gritos para sí y los otros: ¡feliz año nuevo!

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