Cambiar para bien

CDR somos todos y la contemporaneidad exige, para bien, cambiar.

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Languidece, aunque no sabe cómo ni cuándo se dieron los primeros síntomas. Más de cinco décadas pesan sobre los hombros multitudinarios.

Años de incesante vigilancia colectiva, trabajos voluntarios y convocatorias a donaciones de sangre. Hay sitios donde se aparenta cansancio, pereza, desgano. Sufren de apatía y, por momentos, no responden a estímulos de la vida emocional, social o física. Por suerte, la enfermedad no es crónica, aunque pudiera ser contagiosa.

Ilustración de Martirena sobre renovación en los CDR
(Ilustración: Martirena)

¿Qué provoca la dolencia de esos Comités de Defensa de la Revolución? ¿Cómo solucionarlo? Hay fuerza revolucionaria, solo que parte de las nuevas células llegan hinchadas de consumismo y enajenación. Otras, alienadas, pero no subversivas, se encuentran un tanto morosas. Sin embargo, existe una cura: rebatir allí el mutismo, convencer, explicar.

Debe renacer con fuerza el talento natural, explotar lo propio, lo indócil y transformador que late en su pecho. Rumbo al 9.o Congreso se trabaja en un tipo de tejido conjuntivo que aúne, proteja y auxilie su ser; que aporte a la defensa ante infecciones que buscan corromper la ideología; que propicie intercambios de sueños, anhelos y metas en pos del bien común; que logre un trabajo inspirador de igual a igual, sin prejuicios ante las costumbres de los tiempos modernos, para así salvar las raíces.

Los CDR siguen ahí, altruistas desde su sitio, pero prima que circule  la savia joven. Es tiempo de que caigan viejos muros y los más de ocho millones y medio de cederistas, longevos o bisoños, sean sinceros, críticos y edificadores. Dicen que no se reúnen, mas los codos se fraguaron en auxilio cuando azotó, poco antes del aniversario, el huracán Irma.

Negar los síntomas sería herir de muerte la organización, ahogarla en el virus de la extrema apología y el triunfalismo. Hay que integrarse y enriquecerse colectivamente, purgar los vicios del «yoísmo» y la inercia económica, abrir la puerta y poner un tanto la vista en los metros circundantes. CDR somos todos, y la contemporaneidad exige, para bien, cambiar.

Se han publicado 1 comentario

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  • Yoany Blanco

    En efecto los CDR a mi modo de ver las cosas están dejando de latir, corazón que si no atendemos con urgencia tendrá un deceso inminente. Pongamos la cabeza en su sitio y recordemos aquellos dias bien esperados de Septiembre donde yo como otros niños de entonces esperabamos con ansiedad la celebración de un año más de los CDR, hoy la tengo 33 años y mis hijos no tienen la dicha de ver los preparativos, de sentir los olores que dejaban las famosas caldosas o de disfrutar de las bromas y cuentos de algún que otro cederista, ellos no conocen lo que es participar en trabajo voluntario un domingo pues yo aunque era solo un niño también participaba pues formé parte de una familia revolucionaria desde siempre, yo vivo en el campo en pueblo que no me da miedo mencionar pues es la pura verdad su nombre para muchos es conocido y no tanto así para otros, se llama Miller perteneciente al municipio Placetas, yo trabajo en la ciudad y quisiera recuperar en mi pueblo natal lo que se ha perdido pues ya hasta las asambleas con los delegados ni se realiza con calidad todos asisten por pura disciplina pero todos tienen miedo a realizar planteamientos los cuales no conducen a nada, no existe una persona que se encarga de recoger el dinero de los CDR, tienen que asignar del municipio una persona para que recoja el dinero del año entero, dicha persona no es conocida por los pobladores y que todos ponen en duda que sea quien dice ser. Exijo y digo exijo se recuperen los CDR por el bien de todos ya que desde la base solida del pueblo se puede reforsar y perfeccionar el proceso revolucionario tan defendido por nuestros máximos lideres, los cuales no caerán en el olvido bajo ningun concepto. RETOMEMOS LOS CDR.