Crónica de una Cumbre arruinada

La VIII Cumbre de las Américas, con sede en Lima, Perú, estaba condenada al fracaso.

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Desde el inicio se sabía que la VIII Cumbre de las Américas, con sede en Lima, Perú, estaba condenada al fracaso. Predestinada a morir aun antes de nacer.

La renuncia, primero, del presidente del país anfitrión, obligado a dimitir por corrupción, la misma causa que la Cumbre pretendía discutir como tema central, y luego la decisión de no asistir del presidente estadounidense, Donald Trump, le acabaron de dar el tiro de gracia. Un desenlace tragicómico, aun antes de nacer.

Ilustración de Pedro Méndez
(Ilustración: Pedro Méndez)

Los días vividos han servido para demostrar que las Cumbres de las Américas, que nacieron torcidas desde la primera, en Miami, no son el escenario ideal para ventilar y resolver los problemas de gobernabilidad y corrupción en el hemisferio. Estos no son pocos ni fáciles para encontrarles solución, pero lo visto hasta ahora en esta de Lima supera con creces cualquier expectativa previa de fiasco.

Se esperaba a Trump en su primera gira por lo que los Estados Unidos de Norteamérica consideran su traspatio. Unos, para alabarlo, los menos; los más, para decirle en su cara lo que merece un hombre tan xenófobo y de tanto desprecio por los pueblos de la región, especialmente, por los que vivimos por debajo del Río Grande.

Pero ni eso fue posible. Un invento de ataque químico en Siria, del que ni el propio Pentágono dice tener pruebas, lo «obligó» a quedar a resguardo en casa, mientras «fabricaba» la próxima escalada militar al país árabe, y enviaba a su vicepresidente y a secuaces torcidos como Marcos Rubio, el senador ultraderechista de origen cubano.

Arick Wierson, consejero político norteamericano, considera eso una excusa y afirma que las palabras de Trump, en sus declaraciones del pasado martes en la noche, de que «me hubiera encantado haber ido», no engañan a nadie: «Dado el desprecio del presidente Trump por la región, su gente y sus instituciones, combinado con su total falta de interés en América Latina, excepto por su propia piñata personal, uno solo puede considerar la cumbre de Lima muerta a su llegada».

La Organización de Estados Americanos (OEA) con Luis Almagro, Almugre, al frente, no ha hecho otra cosa que ir de ridículo en ridículo y de payasada en payasada, y temerosa ante la verdad, ha hecho lo que acostumbra: huir con el rabo entre las piernas, y llevarse de los espacios públicos a su redil de ovejas y mercenarios pagados por agencias gubernamentales norteamericanas.

El «Con Cuba no se metan» se ha oído bien alto en cuanto espacio y tribuna pública se ha dado la oportunidad, a pesar de los intentos manifiestos de excluir de algunos de esos lugares a la verdadera sociedad civil cubana, y darle entrada a un reducido grupo de gente inescrupulosa y de oscuro y maquiavélico pasado, tal como denunciara de manera enérgica y valiente el embajador, Juan Antonio Fernández.

Nuestro país ha utilizado el espacio que, por derecho propio, merece y le fuera reconocido en la anterior Cumbre de Panamá, para denunciar todo tipo de arbitrariedades y defender el Gobierno bolivariano y chavista de Nicolás Maduro Moros, excluido injustamente del foro hemisférico, como también el encarcelamiento, con marcados fines políticos, y sin pruebas, del expresidente y candidato por el Partido de los Trabajadores de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva.

De igual manera, Cuba ha sabido librar también la batalla mediática, tan importante en tiempos de Internet, redes sociales y monopolio de la información. El sitio América Nuestra, de Cubadebate, ha reportado minuto a minuto lo que acontece en la VIII Cumbre y sus foros paralelos. La verdad de Cuba y la izquierda latinoamericana ha sido dicha y oída. Se les ha dado voz a quienes no la tienen.

Tampoco la delegación cubana ha estado sola. Mucho menos, aislada. Al contrario, la han acompañado los pueblos, y la comisión donde estuvieron nuestros jóvenes fue la más nutrida y aclamada de todas. Incluso, el pueblo peruano ha roto carteles y escrito consignas revolucionarias en vallas aparecidas, de manera «milagrosa», por las principales avenidas de Lima, pagadas por no se sabe bien quién y permitidas por un Gobierno peruano abiertamente parcializado, que cuestiona y critica el sistema político de la Isla.

Hoy será la reunión cumbre de la Cumbre. Hablarán los jefes de Estado y Gobierno o sus respectivos jefes de delegaciones. De antemano, se sabe que habrá ausencias, algunas ya anunciadas, como también que lloverán las críticas a Estados Unidos y sus imposiciones hegemónicas, incluidos aliados consustanciales de otros momentos. Y allí, los organizadores no podrán acallar a nadie o interrumpir sus discursos, sea cual fuere la tónica de ellos.

Si habrá o no Declaración Final, eso aún se desconoce. No la hubo en Cartagena de Indias, como tampoco la hubo en Panamá. Habrá que esperar para ver si se logra un consenso que hasta ahora no se vislumbra.

Cuba pondrá sobre el tapete todas sus verdades y estará al lado de la integración latinoamericana. Esa unidad continental preconizada por Bolívar, Martí, Chávez y Fidel que debemos seguir defendiendo a capa y espada.

Ha sido una reunión hemisférica descafeinada. Insulsa, aunque ya no esté Insulza, al frente de la OEA, sino Almugre, y parodiando a García Márquez, ha sido la crónica de una Cumbre arruinada.

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