Cuida’o con «la cosa» que muerde calla’

A veces tratamos a los demás y, por tanto, somos tratados, como poco menos que estorbos con zapatos. De una u otra forma, «la cosa» está difícil para la mayoría.

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«La cosa está dura», dijo, con el sol estampado en el cogote y un ligero temblor en los labios manchados por el tabaco. «Avemaría purísima, ¡qué clase de calor!», le respondió la abuela que se abanicaba con el tarjetón del Captopril, mientras estiraba una jaba sobre la acera y se dejaba caer con gestos de muñeca de trapo.

Veinte o treinta personas más les siguieron la cantinela quejosa. Bajo la intemperie de un mediodía odioso habían aguardado, durante más de tres horas, por su turno para entrar a la farmacia.

Ilustración de Martirena
(Ilustración: Martirena)

De pie o recostados a un poste. Demasiado viejos para acuclillarse; demasiado necesitados para irse. Dentro del local —amplio, fresco y oloroso a remedios e infusiones dulces— solo la chica que despacha y un mensajero con no sé cuántas libretas de abastecimiento: llegaron las almohadillas sanitarias.

El señor de labios manchados asomó la nariz a través de la puerta para averiguar por qué «la cosa» —¡que ya estaba dura!— demoraba tanto.

—Esta farmacia no ofrece servicio de urgencias, ¡y se me quita de ahí!, que hoy trabajo sola y aquí dentro no puede haber más de un cliente.

—Claro, porque tú estás a la sombra y con ventilador…

La chica de bata blanca y moño recogido con un lapicero nunca levantó la mirada de sus anotaciones. Solo murmuraba, entre fastidiada y desentendida, como quien devela por lo bajo una verdad elemental: «Así están las cosas».

¿Las cosas? ¿O las personas? ¿O será que en algún punto del camino se torció el rumbo de tal manera que treparon sobre la gente y les dieron un puntapié?

A veces, incluso, tratamos a los demás y, por tanto, somos tratados, como poco menos que estorbos con zapatos. Y no influyen en esta situación ni dueños —estatales o privados— ni contextos específicos: todos vivimos y padecemos situaciones similares. De una u otra forma, «la cosa» está difícil para la mayoría.

Los padres de niños pequeños, porque desde hace semanas la mayoría de los culeros desechables de la provincia se venden en las candongas de la zona hospitalaria a 18, 20 y 22 CUC el paquete; las familias de vacaciones, porque el cerdo echó alas y, cuando «aterriza», la libra no baja de 40 CUP; el vendedor de helados, comprando vasos re-re-reciclados de sabrá Dios dónde —tampoco tiene otra opción—, y el que los consume, convencido y tranquilo porque «al cubano no le entra na’»;  la ciudad, con sus vertederos acorralando esquinas, mientras se destinan miles con tal de limpiarle la cara y recordarle que siempre fue bella.

Y para justificar el estado actual de «la cosa» individual y/o colectiva, sobran razones ya clásicas de tanto mascarlas. Lo imperdonable del asunto, sin embargo, es que seamos los del pueblo los grandes perjudicados por la doble moral de quienes pueden y deben definir soluciones, y la de los que, como ciudadanos responsables de nuestro rol social, nunca debimos asimilar lo inaceptable sin antes hacer valer los derechos constitucionales que nos asisten. De hecho, exigir explicaciones cuando da lugar, constituye una de las formas más puras de la civilidad.

Por ejemplo, que Comunales recogiera los contenedores azules para que los desalmados no les hurtaran las ruedas.

O que en los hospitales «desaparezcan» los barandales metálicos de las escaleras.

O que se construyeran en el área del Sandino quioscos para el expendio de alimentos, sin toma de agua ni fregadero.

O que la condición de asalariados nos marque —como a los 17 hijos del Coronel Aureliano Buendía, en Cien años de soledad— con una cruz de ceniza en la frente, en señal de inevitable predestinación al vivir a merced del featuring Oferta y Demanda.

Y sí, puede que «la cosa» nos traiga al galope y con sed, aún cuando comprendemos que se hace mucho para que los esfuerzos y posibilidades del país rindan al triple. Sin embargo, tampoco tenemos por qué normalizar y extender absurdos e injusticias que se abrieron paso en lo interno, al no encontrar una resistencia efectiva.

A golpe de mansa asimilación ni se educan hijos ni se resuelven problemas, y no hay por qué tocar fondo para que, más temprano que tarde, las cosas mejoren.

Se han publicado 8 comentarios

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  • El planificador

    Que buen comentario, espero que tenga segunda y terceras partes. Estamos muy mal, con muchas posibilidades de empeorar y no de mejorar. La ciudad de Santa Clara es un asco suciedad, basura por todos lados en la zona hospitalaria no encuentras un cesto para depositarla y a los ciudadanos que se le dificulta echarla aun mas. Las ofertas gastronómicas estatales casi ningunas dentro de poco a las hamburgueseras tendrán que cambiarle el nombre, solo pan con jamón. El calor insoportable y el buen trato y la cortesía casi en peligro de extinción. Las tiendas TRD con unos surtidos de ropa y zapatos que ni comparados con las de segunda mano...

  • Gilberto Hernandez

    Es la realidad de esta ciudad,desgraciadamente estamos tan acostumbrados a estas situaciones q' muchos pensaran q' el cubano es asi , debemos cambiar la mentalidad ,saber q' es para bien de todos,la higiene y educacion civica esta tan lejos q' ya no se ven yo creo si se hace todo lo contrario la mayoria de las personas se sentirian incomodas como el buen trato, no arrojar basuras en el piso,etc ,espero q' no sea asi.

  • Yo

    mas de lo mismo, cuando se emplazara a estos organismos encargados de velar por la higiene, la organizacion de la ciudad, de su limpieza, de que los edificios que se caen se vuelvan a levantar, (si se ponen a ver alrededor del parque entre derrumbes y cercados van para 5 ) donde esta el aporte del 1% que hacen las empresas para el mejoramiento local??? que dice el gobierno local sobre el tema?? se deben haber gastado miles en el parque de las Arcadas y la farmacia de Campa, no digo que no, pero y esos edificios caidos y que se han quemado? no son prioritarios? y por favor que si los cogen para vivienda sean para aquellas familias de verdad necesitadas y que a traves de investigaciones (digo yo) o a travez de alguna disposicion no las vayan a vender, porque todos sabemos esas casas para quienes son o seran.

    • ALEXIS

      Estimados,

      Liena, excelente artículo, gustó mucho desde que salió en la prensa escrita..."la cosa está mala", quizás una frase utilizada para simplificar todo lo malo, o por miedo a no decirlo como realmente tiene que llamarse...pero lo cierto es que es un mal generalizado en todo el país, pero en Villa Clara la cosa está más mala que en otras provincias...Coincido con El Planificador, este artículo tiene que tener segunda parte sobre quienes permiten y por qué permiten que la cosa esté mala....

    • Liena M. Nieves

      Sucede que nos hemos acostumbrado a la cantinela de lo mala que está la cosa y ya lo damos por normal. Y una se pregunta (con respuestas incluidas la mayoría de las veces), cómo y por qupermitimos que a 60 años de la Revolución, continuemos estancados en problemas que ya a estas alturas debían haberse superado.
      Gracias por leernos!

  • Tay

    muy bueno comentario, creo que en santa clara hay mucha tela por donde cortar referido a la "cosa ...", les cuento que llevo tres dias tratando de comprar unas sandalias en la tienda TRD "El Billarista" , ubicadas en el tercer piso y no he podido comprarlas, el porqué, pues porque las dependientes que trabajan en ese piso no han venido en estos tres dias y no hay personal para que cubran, no hay importancia por las ventas que se han perdido, ni hay importancia por las incomodidades que le pueden causar a los clientes, se resolvió el problemas solo poniendo una cinta de papel que cierra el paso a la escalera que lleva al tercer piso de la tienda y no se sabe cuando va abrir de nuevo,

  • Neo

    ...como esas situaciones q nos golpean y nos cuesta creerlas por lo absurdo e injustificado, por el alto grado de insensibilidad.. le comparto esta anécdota: mitad de agosto, previa reservación destino Cumanayagua, omnibus de las 10 de la mañaba destino Cumanayagua, anunciado previo a su salida, con desperfectos en el "taller", hasta aquí puede ser entendible para cualquier cubano, por razones obvias... pero lo lamentable es q nunca fue anunciado como cancelado.. tuvimos q esperar hasta la proxima salida 2 de la tarde, en dialogo con los directivos (administradora y jefe de turno) aluden a q esa situacion escapa de sus "responsabilidades"... es el taller, ellos no tienen omnibus ni tienen q ver con la taquilla de reservaciones... dando como solucion mediata reintegro, con la consecuente perdida de tiempo y cancelación de planes o... la opción de esperar la proxima salida del turno de Cumanayagua, con la incetidumbre lógica de las capacidades... asi, con mansa resignacion esperamos, y providencialmente pudimos viajar... muchos pasajeros del primer turno decidieron irse... mi pregunta: ¿ante la impunidad, se piensa alguna vez en el costo humano?

  • Tuffa

    Saben que es lo que más me duele y/o molesta, que todos y digo TODOS, saben como está la COSA y no sucede nada, ningún cambio, mucho discurso, palabras bonitas, que momentaneamente nos animan, pero por desgracia nada más