«Ayudas» escolares

El fraude escolar es un mal conocido en Cuba, que se perfecciona en detrimento de la moral de estudiantes, profesores y padres. 

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«Hay que salir bien en la escuela». Lo sabe ella, jovenzuela osada, que antes anexaba como mandamiento a su minifalda escolar, amarilla, una retahíla de fórmulas matemáticas. Y juraba y perjuraba ante su madre sacar notas limpias, rimbombantes. El tiempo ha pasado y ahora todo es diferente, para bien de su tranquilidad emocional.

Allí está ella, frente a la hoja en blanco y las cuatro paredes del aula. Solo tiene que repetir como papagayo, mecánicamente, lo que adjuntó en su memoria a tiempo parcial. Gracias a su mejor amiga y el milagro de la 3G en Cuba, la noche anterior durmió a piernas sueltas, con los «contenidos más importantes» guardados en su wasap.

«Esto no tiene que ver con compraventa de exámenes, ni con hechos masivos que llegan a los periódicos nacionales. Esto es menos. Periodista, seamos sinceras: fue solo una ayuda. Que nadie pague los platos rotos», me comenta, nerviosa por sus criterios.

Hoy día, el espectro del fraude ha alcanzado amplitudes sin precedentes. Hablamos de «ayudas» escolares para referirnos a todo aquello que transgreda la transparencia de las evaluaciones, a todo lo que promueva la «supervivencia» escolar. ¿Acaso el fraude se ha naturalizado en la sociedad? ¿Queremos peor torpeza?

Quien ose —como yo en este comentario— poner los puntos sobre las íes es juzgado y visto como una suerte de ave rara. «Chica, no me digas que tú nunca te fijaste», fue el primero de los criterios de otra joven que accedió a opinar sobre el tema. «Es mucho lo que me ayudaron y ayudé en las pruebas», me dijo orgullosa. Y cerró con broche de oro. «No seas aguafiestas».

Pasmada quedé. Sobre todo al escuchar el detalle de la «ayuda», del compañerismo desbordado, codo a codo, durante las evaluaciones. Para los jóvenes correctos, que estudian conscientemente para alcanzar buenos resultados, resulta una pesadilla lograr la concentración en el clima que envuelve esas aulas.

Me comentaron que en ese momento cada cual se defiende como puede. Unos demuestran lo aprendido, otros resuelven un par de ejercicios y cuelgan los guantes. Sin embargo, siempre hay quienes piden limosna intelectual, emburujan papeles, le dan toques de gracia al mejor aliado. Si no tienen «suerte» y el profesor impone respeto, comienza la espera de una reencarnación que les devuelva la cabeza para pensar con calma.

Nadie puede negar la existencia de ciertos y determinados profesores que, ciegos como la justicia, asumen la riesgosa tarea de atalayas del orden. «Shhhh», alertan de cuando en vez en un tono delicado, sin amenazas, hasta en extremo permisible. Sucedía en mis tiempos de preuniversitario; sucede ahora y me cuentan que con mayor frecuencia. 

También, constituye información de dominio público el comprometimiento material de ¿educadores?, que en medio del examen aclaran preguntas «dudosas» a algunos estudiantes; las trilladas artimañas de calificar con la mano zurda para falsificar la nota; las vistas gordas para permitir el uso de «chivos» en las pruebas. Llamemos las cosas por su nombre, sin eufemismos ni disimulos, como siempre digo.

Reza el refrán popular que entre cielo y tierra no hay nada oculto. Entonces, ¿cómo interpretar las notas pulcras, rimbombantes, de los estudiantes con recorridos académicos funestos? ¿Acaso sufren una metamorfosis a fin de curso? ¿Miente la novela cubana, que pone al descubierto situaciones extremas de delitos escolares?

Perdonen mi ignorancia, pero en toda mi educación media nunca conocí a algún compañero que fuera procesado por fraude, ni profesores expulsados por sobornos o conductas reprochables. Puede que se tomen medidas severas con situaciones muy escandalosos, pero los hechos menos evidentes quedan al margen de la ley.

A pesar de que los medios nos han acostumbrado a reflexionar colectivamente respecto al fraude en la isla, aún resulta complicado digerir un tema como este. Con dolor leí un reportaje de Juventud Rebelde: «Una nota a toda costa y costo», donde el 45 % de los padres interrogados aceptaban, sin remordimientos, la posibilidad de comprar un examen.

Compartimos, con orgullo, las conquistas del sistema educacional cubano. Para salvaguardarlas, critiquemos sin piedad sus defectos. Y lo hacemos, con responsabilidad, por las vías que tenemos para sentenciar lo mal hecho.

Porque respeto merecen los estudiantes correctos, de buenos valores, que son capaces de seguir confiando en su capacidad para construirse un futuro.

Porque respeto merecen los padres que educan a sus hijos en un hogar donde la moral no se quebranta, aunque a su lado explote una bomba nuclear: «Se filtró la prueba».

Se han publicado 6 comentarios

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  • Guillermo

    Artículo valiente, escrito con palabras claras y sin nubes que no dejen ver, como nos tienes acostumbrados, ya extrañaba este tipo de artículos tuyo, el fraude; como forma de engaño y manipulación, es tan viejo como la humanidad misma, en el caso del escolar, hubo una época en que se consideraba como violatorio de un 11no Mandamiento, tiempo ha pasado desde ese entonces, igual que ha cambiado la forma de estudiar, desde aquellas libretas gastadas de tanto leerlas, las marcas en los libros y las preguntas para aclarar dudas hasta las modernas formas electrónicas en laptops, tablets y móviles, ahora casi no se atiende al profesor, ¿para qué si lo tengo en el móvil?, en la medida que avanzas en complejidad escolar haces más uso de esas tecnologías, y no estoy en contra de ellas, hay que estar a tono con el momento y no se puede negar el avance, pero como profesor extraño "las dudas", por lo tanto, si ha cambiado la forma de estudiar; o no, ha cambiado la forma del fraude escolar, coincido contigo en todas esas realidades de alumnos que se aprovechan de otros, de padres que no se negarían a comprar una prueba y de profesores que no se negarían a venderlas o a aprobar al hijo o la hija de..., por suerte aún quedan alumnos, padres y profesores que se niegan a tales acciones, hay que analizar otra realidad, a los docentes se les piden altos por cientos de aprobados, en ocasiones "ponchar" a alguien es casi un sacrilegio que lleva a análisis y más análisis, y sin ser una justificación, a veces es mejor "poner la teja antes que caiga la gotera", lo cierto es que aquel que se gradúa gracias a engaños, se engaña a si mismo y engaña a todos y aunque no es moralmente aceptable si tiene aceptación social, hasta hacen los cuentos de lo que hicieron, hasta las tesis para terminación de estudios han sido "tocadas" con esta realidad.
    Son muchos los que niegan su existencia, son muchos los que no quieren ver, ni oír, ni opinar, son muchos los que dirán que exageras, "no hay peor ciego que aquel que no quiere ver", pero el fraude está ahí, delante de todos.
    Quisiera ser optimista y pensar que se va a acabar el fraude escolar, quisiera ser utópico y pensar que se van a acabar todas las formas de fraude, engaño, manipulación y mentira, pero el devenir actual no ofrece un panorama alentador.
    Por lo tanto nos queda seguir denunciándolo, atacándolo y lo más importante reconociéndolo como problema que nos afecta. Gracias Yinet.

  • yan

    conosco muchos niños que segun sus notas fueron brillantes en la secundaria y cuando llegaron al pre no saben nada, son los mismos que un dia regalaron un buen perfume regalaron cosas materiales de mucho valor a un buen profesor que lo ayudó cuando casi deja la prueba en blanco por no saber pero al final cogió 100, hay otros que son de 100 en el pre y pueden tener maravillosas notas y despues desaprobar las pruebas de ingresos acaso estas pruebas son en otro idioma? esos son los mismos de los que usted habla, los que se escriben el dobladillo, a los que un dia el profe le dijo la prueba para no tener desaprobados en el aula, incluso a los que mamá o papá le hicieron el trabajo final para que cogiera el maximo de los puntos esos siempre van a ser un fraude hasta en el trabajo se escudan detras de los conocimientos de sus compañeros hay que hacer una conciencia generalizada para limpiar esa mala imagen que se ha creado en nuestra educación. Una anécdota:
    La guía de los tres años de secundaria de mi hijo dijo delante de todos los padres el dia de la enterga de las carreras que gracias a ella muchos niños tenían el pre garantizado poque mucho que los había ayudado y no fue en conocimientos y ningun padre dijo nada incluida yo que el mio no estaba en la lista de los ayudados pq hizo pruebas para el ipvce pero no debí quedarme callada poque con el silencio no voy a ganar ninguna batalla

    • yinet

      Qué triste, Yan. El problema es que el fraude ya no es entendido como tal, ahora son ayudas que se han aceptado colectivamente como algo normal. Es una pena.

  • Rafael L Perez

    Si se poenen examenes que no sean memoristas puedes llevar todo el tu telefono y no harias nada con eso. Los examanes deben ser con el libro abierto pues deben ser de aplicacion de lo aprendido y de razonamiento y se acaba la fiijadera....

  • Ramoncito

    Soy de la generación de finales de los años 60 y siempre me enseñaron que tenía que estudiar porque el conocimiento nadie te lo puede quitar y el estudio permite tener buen puesto de trabajo con mejor remuneración.


    En aquellos tiempos a ningún barón se le ocurría dejar la escuela y quedarse en la casa sin hacer nada porque los padres no lo permitían y los obligaban a trabajar si estaban en edad laboral y por otro lado las autoridades de cada pueblo tenían bien definidas las estrategias para frenar este tipo de conducta.


    Por esas razones la mayoría de los jóvenes prefería estudiar hasta terminar el pre-universitario y los que querían carreras universitarias estudiaban de verdad y sin descanso para tener un buen escalafón, el resto trataba de hacer un Técnico Medio u Obrero Calificado para optar por un buen trabajo.


    En mis años dedicados al estudio las “ayudas” escolares se manifestaban más en la primaria, beneficiándose sobre todo los hijos de los que trabajaban en las tiendas de productos industriales donde mucha mercancía se controlaba por la “libreta” y los hijos de “personas importantes del pueblo” que podían conseguirle buenos puestos a los familiares del maestro o profesor (recuerden que en esos tiempos el trabajo resolvía las necesidades básicas y quedaba para pasear).


    Cuando estudié en la UCLV muchos profesores dejaban llevar a los exámenes libros, resúmenes, notas de clases y hasta el teléfono celular, si hubiera existido en esos tiempos. En los exámenes a nadie se le ocurría preguntar nada a ningún compañero de aula.


    En el primer año de la carrera se llenaron 2 aulas de estudiantes, cada una con más de 20, y nos graduamos entre 10 y 15. El primer año vimos abandonar la carrera y desaprobar a muchos que en la secundaria y pre-universitario tuvieron su “ayuda escolar” de las formas descritas aquí, algunos por intento de fraude y otros porque no tenían los conocimientos básicos que requería la carrera y no pudieron encontrar la “ayuda” de ningún profesor.


    Desde la primaria hasta la universidad todos mis maestros y profesores estaban bien preparados e impartían las clases en los horarios planificados y con la calidad requerida. No recuerdo de problemas con la plantilla de maestros y profesores, siempre recibía la materia que correspondía porque cuando un profesor, por razones justificadas, no podía asistir al aula siempre había otro que la impartía. Eso de buscar a alguien para “cuidar a un grupo al que no hay quién le imparta un turno de clases” es una frase que no existía en aquel entonces.


    Que distinta la situación actual, lo único que queda de lo que les he comentado es que el conocimiento que bien se adquiere nadie te lo puede quitar, el fenómeno de la hace que la juventud no se motive por estudiar porque el que no estudia puede llegar a tener mejores ingresos que el que lo hace.


    Los jóvenes conocen bien que para muchos cargos de dirección que tengan “búsqueda”, a distintos niveles, no se requieren estudios ni conocimientos profundos de su entorno de trabajo (muchos de los que dirigen actualmente con sus conocimientos y títulos académicos no pueden optar ni por la plaza de menor remuneración de su entidad) pero la “ley del elegido” es la que muchas veces funciona en la selección de los cargos de dirección y con una buena palanca y dinero recibido de remesas (o ilegalidades) se puede llegar a dirigir algo que tenga “búsqueda”.


    Con las plazas que tienen que ver con el turismo (que aunque no se paga bien tienen buena “búsqueda”) sucede algo parecido, se rigen por la “ley del elegido” y los que estudian para desempeñarse en esos puestos si no tienen “palanca” no hacen falta en esos lugares (aunque tengan necesidad de ellos porque buscan a quien se comprometa a “soltarles algo de la propina” de forma sistemática) y sin embargo se puede ver realizando esas labores a personas que no tienen los conocimientos ni la calificación requeridos para ello.


    Hasta ahora he mencionado elementos que tienen que ver con la motivación para estudiar relacionada con la actividad laboral como vía de recibir ingresos pero quedan aristas mucho mas preocupantes que últimamente se están haciendo moda en los jóvenes como los que prefieren vender sus cuerpos para tener lo que con el trabajo no pueden ni soñar y los que deciden abandonar el país por cualquier vía para lograr lo que saben que trabajando como profesionales nunca tendrán.


    A mi entender esas son las mayores motivaciones que tiene la juventud actual para «no interesarse en adquirir conocimientos académicos» y solo buscar que le regalen un título (o comprarlo) para tenerlo como pura formalidad.


    Realmente cada día que pasa se hace mas difícil buscarle una solución objetiva a estas situaciones y para ello hay que lograr movilizar a todos los que apostamos por “enderezar la pirámide invertida”, facilitar y agilizar las soluciones que no se pueden posponer y sobre todo quitar del medio a todos esos “oportunistas” que dirigiendo detrás de un buró se benefician de estas situaciones que impiden que el trabajo sea la principal fuente de ingresos y que la formación académica sea la vía para llegar tener un buen trabajo honesto.

    • Ramoncito

      Por caprichos de las reglas que utilizan estas plataformas de "Gestión de Contenidos" como la que se utiliza para esta publicación, lo que se escribe entre los caracteres que representan los símbolos "mayor que" y "menor que" no sale cuando se autoriza el comentario porque parece que son interpretados como código html. Les pido disculpas por utilizar estos caracteres en mi escrito como frases explicativas, que ayudan a entender lo que digo o enfatizan algo, y les dejo a continuación mi comentario con todo lo que escribí:

      Soy de la generación de finales de los años 60 y siempre me enseñaron que tenía que estudiar porque el conocimiento nadie te lo puede quitar y el estudio permite tener buen puesto de trabajo con mejor remuneración.

      En aquellos tiempos a ningún barón se le ocurría dejar la escuela y quedarse en la casa sin hacer nada porque los padres no lo permitían y los obligaban a trabajar si estaban en edad laboral y por otro lado las autoridades de cada pueblo tenían bien definidas las estrategias para frenar este tipo de conducta.

      Por esas razones la mayoría de los jóvenes prefería estudiar hasta terminar el pre-universitario y los que querían carreras universitarias estudiaban de verdad y sin descanso para tener un buen escalafón, el resto trataba de hacer un Técnico Medio u Obrero Calificado para optar por un buen trabajo.

      En mis años dedicados al estudio las “ayudas” escolares se manifestaban más en la primaria, beneficiándose sobre todo los hijos de los que trabajaban en las tiendas de productos industriales donde mucha mercancía se controlaba por la “libreta” y los hijos de “personas importantes del pueblo” que podían conseguirle buenos puestos a los familiares del maestro o profesor (recuerden que en esos tiempos "hasta mediados de los 80" el trabajo resolvía las necesidades básicas y quedaba para pasear).

      Cuando estudié en la UCLV muchos profesores dejaban llevar a los exámenes libros, resúmenes, notas de clases y hasta el teléfono celular, si hubiera existido en esos tiempos. En los exámenes a nadie se le ocurría preguntar nada a ningún compañero de aula.

      En el primer año de la carrera se llenaron 2 aulas de estudiantes, cada una con más de 20, y nos graduamos entre 10 y 15. El primer año vimos abandonar la carrera y desaprobar a muchos que en la secundaria y pre-universitario tuvieron su “ayuda escolar” de las formas descritas aquí, algunos por intento de fraude y otros porque no tenían los conocimientos básicos que requería la carrera y no pudieron encontrar la “ayuda” de ningún profesor.

      Desde la primaria hasta la universidad todos mis maestros y profesores estaban bien preparados e impartían "todas" las clases en los horarios planificados y con la calidad requerida. No recuerdo de problemas con la plantilla de maestros y profesores, siempre recibía la materia que correspondía porque cuando un profesor, por razones justificadas, no podía asistir al aula siempre había otro que la impartía. Eso de buscar a alguien para “cuidar a un grupo al que no hay quién le imparta un turno de clases” es una frase que no existía en aquel entonces.

      Que distinta la situación actual, lo único que queda de lo que les he comentado es que el conocimiento que bien se adquiere nadie te lo puede quitar, el fenómeno de la "pirámide invertida" hace que la juventud no se motive por estudiar porque el que no estudia puede llegar a tener mejores ingresos que el que lo hace.

      Los jóvenes conocen bien que para muchos cargos de dirección que tengan “búsqueda”, a distintos niveles, no se requieren estudios ni conocimientos profundos de su entorno de trabajo (muchos de los que dirigen actualmente con sus conocimientos y títulos académicos no pueden optar ni por la plaza de menor remuneración de su entidad) pero la “ley del elegido” es la que muchas veces funciona en la selección de los cargos de dirección y con una buena palanca y dinero recibido de remesas (o ilegalidades) se puede llegar a dirigir algo que tenga “búsqueda”.

      Con las plazas que tienen que ver con el turismo (que aunque no se paga bien tienen buena “búsqueda”) sucede algo parecido, se rigen por la “ley del elegido” y los que estudian para desempeñarse en esos puestos si no tienen “palanca” no hacen falta en esos lugares (aunque tengan necesidad de ellos porque buscan a quien se comprometa a “soltarles algo de la propina” de forma sistemática) y sin embargo se puede ver realizando esas labores a personas que no tienen los conocimientos ni la calificación requeridos para ello.

      Hasta ahora he mencionado elementos que tienen que ver con la motivación para estudiar relacionada con la actividad laboral como vía de recibir ingresos pero quedan aristas mucho mas preocupantes que últimamente se están haciendo moda en los jóvenes como los que prefieren vender sus cuerpos para tener lo que con el trabajo no pueden ni soñar y los que deciden abandonar el país por cualquier vía para lograr lo que saben que trabajando como profesionales nunca tendrán.

      A mi entender esas son las mayores motivaciones que tiene la juventud actual para «no interesarse en adquirir conocimientos académicos» y solo buscar que le regalen un título (o comprarlo) para tenerlo como pura formalidad.

      Realmente cada día que pasa se hace mas difícil buscarle una solución objetiva a estas situaciones y para ello hay que lograr movilizar a todos los que apostamos por “enderezar la pirámide invertida”, facilitar y agilizar las soluciones que no se pueden posponer y sobre todo quitar del medio a todos esos “oportunistas” que dirigiendo detrás de un buró se benefician de estas situaciones que impiden que el trabajo sea la principal fuente de ingresos y que la formación académica sea la vía para llegar tener un buen trabajo honesto.