El bloqueo daña, pero no doblega

Desde hace 60 años nuestro país sufre un bloqueo genocida que busca rendir por hambre y penurias a nuestro pueblo, lo que no conseguirá nunca.

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El entramado de leyes que sustenta el bloqueo contra nuestro país resulta difícil de entender, pero sus efectos contra nuestro pueblo son fáciles de percibir por los daños económicos y humanos causados

Oficialmente fue puesto en vigor el 7 de febrero de 1962 por el presidente de los Estados Unidos John F. Kennedy. Desde entonces comenzó el mayor acoso económico, comercial y financiero que la humanidad haya conocido contra país alguno a lo largo de la historia.

Ilustración de Martirena
(Ilustración: Martirena)

Su aplicación fue la instrumentación suprema de las aspiraciones norteamericanas de apoderarse de Cuba, enarboladas desde inicios del siglo xix con la teoría de la Fruta Madura, la Doctrina Monroe y el Destino Manifiesto, entre otras, y desde entonces ha buscado impedir la independencia de Cuba y su Revolución por todos los medios posibles.

No se pueden olvidar en esas apetencias imperiales las instrucciones secretas enviadas al almirante norteamericano Nelson Miles, cuando iniciaba la intervención militar yanqui en la guerra hispano-cubana en 1898, que le indicaban bombardear hasta donde tuvieran alcance los cañones, traer el hambre y la peste al pueblo cubano y enfrentar al fuerte contra el débil para así anexarse a la Perla de las Antillas.

Más reciente en el tiempo, el documento del Secretario de Estado asistente Lester Mallory, el día 6 de abril de 1960, donde se instruía la política a desarrollar desde entonces por las administraciones norteamericanas:

«La mayoría de los cubanos apoyan a Castro […] No existe una oposición política efectiva […] Hay que poner en práctica rápidamente todos los medios posibles para debilitar la vida económica [… ]negándole a Cuba dinero y suministros con el fin de reducir los salarios nominales y reales, con el objetivo de provocar hambre, desesperación y el derrocamiento del gobierno».

Desde entonces han pasado 60 años. Pero acá, en la isla insurrecta e insumisa, seguimos firmes e indoblegables. No solo dispuestos a sobrevivir, sino, y por sobre todo, a desarrollarnos.

Ahora esta genocida política se ha arreciado en un intento desesperado de la administración Trump de destruirnos y hacernos responsables por su fracaso en Venezuela, cuya última manifestación ha traído consigo la actual crisis energética coyuntural por la que atravesamos. Pero, como ha afirmado el presidente cubano Miguel Díaz-Canel Bermúdez: «No nos vamos a rendir y seguiremos resistiendo, avanzando y venciendo».

Fidel nos inculcó en las más difíciles circunstancias el espíritu de vencedores de dificultades y obstáculos. Lo que estamos viviendo en estos días en toda Villa Clara y Cuba nos lo corrobora con creces.

Seguir pensando como país es un deber. La verdad está de nuestro lado y, como ha venido sucediendo desde 1992, cuando en el venidero octubre se lleve de nuevo al seno de la ONU la resolución cubana contra el bloqueo, el mundo nos apoyará de manera aplastante y volverá a ponerse al desnudo la perversidad del Gobierno de los Estados Unidos.

Fidel, al referirse a la criminal política del bloqueo, afirmó: «Nosotros tenemos un adversario bastante poderoso como lo es nuestro vecino más próximo: Estados Unidos. Le advertimos que resistiríamos el bloqueo, aunque eso podía implicar un costo muy elevado para nuestro país. Nadie se haga la ilusión de que el pueblo de este noble y abnegado país renunciará a la gloria y los derechos, y a la riqueza espiritual que ha ganado con el desarrollo de la educación, la ciencia y la cultura».

Mientras Raúl, el 26 de Julio de 2018, expresó: «Nuevamente se ha conformado un escenario adverso y otra vez resurge la euforia en nuestros enemigos y el apuro por hacer realidad los sueños de destruir el ejemplo de Cuba. No será la primera vez, ni tampoco la última, que la Revolución cubana deberá enfrentar retos y amenazas. Hemos corrido todos los riesgos y resistido invictos 60 años».

Y con esa convicción, seguiremos luchando hasta vencer.

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