La calidad se impone frente al pizarrón

Planificar una clase exige tiempo. Los maestros dedican horas de preparación. El principal deber del docente es preparar y desarrollar clases de calidad. 

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Mirta, Pastora, Aidalina, Daniel y Dignora son nombres de algunos de mis maestros. Con ellos aprendí no solo las materias de Español, Geografía, Matemáticas, Ciencias Naturales e Historia. También conocí de hábitos y conductas necesarios para la vida.

A pesar de mi corta edad, pude entender que se esmeraban por enseñarnos a sus discípulos los contenidos necesarios y los valores cívicos imprescindibles para el desenvolvimiento social.

(Ilustración: Martirena)

Con el tiempo, al transitar por los distintos niveles de enseñanza, conocí a otros profesores con idéntica entrega. Luego, al pasar los años y cumplir con el rol de profesora, comprendí que autoprepararse, amar y sentir pasión por lo que se hace —en resumen, amar a los alumnos— constituye el requisito primordial para transmitir conocimientos.

Planificar una clase exige tiempo. Los maestros dedican horas de preparación. Se esfuerzan en la búsqueda de los elementos necesarios para cotejar los contenidos a impartir y, muchas veces, sacrifican el espacio que deben dedicarle a la familia en aras de concebir una buena clase.

El principal deber del docente en la actualidad es preparar y desarrollar clases de calidad. Siempre lo ha sido. Con o sin aumento salarial. Aunque, sin duda, percibir una mayor remuneración económica ha conllevado a exigirles a los claustros una elevada tenacidad en su desempeño.

Para ello existen indicadores que deben tener en cuenta los educadores como vía para estar a la altura de los tiempos en que viven, sin pretender esquematizar el proceso de enseñanza- aprendizaje, ni limitar la creatividad del profesor en el aula; todo lo contrario, se trata de elevar su nivel profesional y el rigor científico de lo que enseña.

El éxito de la educación de las nuevas generaciones radica en el análisis, como una influencia importante, de la dirección del proceso pedagógico, y ello condiciona la valoración del quehacer didáctico del catedrático, responsable fundamental, ya que la clase es la forma de organización básica y, a la vez, su pequeña gran obra pedagógica.

Y, ¿cómo definir la clase? Pues no es más que la actividad docente en la cual los estudiantes, guiados por el profesor, se enfrentan a la solución de problemas de su vida. El momento en que educador y educandos se relacionan constituye la forma fundamental de organización del proceso docente educativo. Durante 45 o más minutos, se materializa el cumplimiento de los planes y programas de estudio, la relación entre los objetivos, el contenido y los métodos para proporcionarles a los alumnos los conocimientos, habilidades y hábitos, así como para desarrollar sus capacidades cognitivas.

Durante este tiempo rigurosamente establecido que el maestro permanece frente a un grupo constante de estudiantes y en un lugar acondicionado para este fin, con pizarrón mediante, él debe cumplir con las dos tareas básicas del proceso de enseñanza-aprendizaje.

En este sentido, la calidad educativa es la que desarrolla en los estudiantes las competencias de aprendizaje, personales y sociales, que les permite actuar de manera democrática, pacífica e incluyente en la sociedad. Tal como lo hicieran en su momento maestros como Mirta, Pastora, Aidalina, Daniel y Dignora.

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