Contundente victoria en un nuevo amanecer Latinoamericano

Aires de Revolución retornan a Latinoamérica, y Cuba sigue firme y victoriosa.

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De poco sirvieron las presiones del Imperio, solo para arrastrar al descrédito mundial a algunos lame botas. ¡Ciento ochonte y siete países votaron a favor nuestro!, tres en contra: EEUU, Israel y Brasil, y dos abstenciones: Colombia y Ucrania.

(Ilustración: Martirena)

De nuevo, la verdad de Cuba y los principios que defiende fueron apoyados de manera abrumadora por la comunidad internacional, quien, por vigésimo octava ocasión consecutiva, dijo NO al injusto y criminal bloqueo contra la isla rebelde y verdeoliva de Fidel, de Raúl y de once millones de cubanos dispuestos a defenderla hasta la muerte si fuera necesario.

Resultó una contundente victoria de la razón y la vergüenza contra la falacia y el odio irracional de un enemigo que no acaba de aprender las lecciones de la historia.

La dignidad cubana se puso tan alta como las palmas del Turquino, y los atronadores aplausos al darse a conocer la votación humillante para los EE.UU.fueron la prueba unánime del rechazo de la humanidad progresista a la extemporánea y desajustada política imperialista yanqui.

La de ahora –a pesar de que la administración Trump la obvie y menosprecie- trae connotaciones distintas, pues se alcanza, a pesar de la abyección de los Bolsonaro y compañía, en un nuevo amanecer latinoamericano, en un resurgir de la izquierda latinoamericana, que se alza en contra del unilateralismo, del neoliberalismo y a favor de la unidad continental, esa preciada unión de pueblos tan semejantes en orígenes y tradiciones que fuera defendida desde los tiempos de Bolívar, Martí, Eloy Alfaro y otros tantos próceres, hasta llegar a los de Fidel y Chávez.

El presidente cubano, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, en la clausura del Encuentro Antimperialista de Solidaridad, por la Democracia y contra el Neoliberalismo, había retomado las palabras de Salvador Allende, el presidente constitucional chileno asesinado en La Moneda, para afirmar que de nuevo «se estaban abriendo las grandes alamedas por donde pasan ya hombres libres para construir una sociedad mejor».

Frase llena de simbolismo y contenido patriótico, pues desde el Río Grande, con el gobierno progresista de Andrés Manuel López Obrador, en México, hasta la Patagonia, con la victoria electoral del binomio de Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner, en Argentina, se vislumbra la senda hacia ese mundo mejor posible, necesario y urgente, que el propio Díaz-Canel pedía se luchara por él.

Se da otra vuelta a la rueda de la historia. Deberá ser aprovechada. Ahí también está Evo, con su Bolivia plurinacional, está el digno Lula da Silva, en Brasil, y el pueblo chileno decidido a lograr el cambio democrático.

Corren tiempos de renovación. La nueva victoria contra el bloqueo no es más que otro escalón en la lucha por la verdadera y definitiva independencia. El nuevo amanecer latinoamericano se vislumbra promisorio.

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