Evo volverá hecho millones

Las   lecciones de Bolivia deben ser aprendidas. Al imperialismo, ni tantito así, frase del Che que nunca pierde vigencia.

Evo Morales
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«De golpe al corazón de la democracia y de los pueblos de Nuestra América» calificó el presidente cubano Miguel Díaz-Canel Bermúdez la asonada cívico-político-policial que obligó a renunciar al presidente constitucional de Bolivia, Evo Morales Ayma.

Doloroso ha sido ver los desmanes cometidos y la exacerbación del odio racial y clasista, de la mano de una derecha retrógrada y conservadora que aspira a retomar los recursos naturales del país y regresarlos a sus antiguos dueños, tanto nacionales como foráneos.

Un franco retroceso de una etapa de 14 años de gobierno popular que vio convertirse a Evo en el primer presidente indígena de un país multiétnico, fundado en 1826. Lamentable presenciar la continuidad de la política de golpes de Estado que la derecha regional ha llevado a cabo en Honduras contra Manuel Zelaya (2009), en Paraguay contra Fernando Lugo (2012) y en Brasil contra Dilma Rousseff (2016).

A Evo se le pueden recriminar muchas cosas, incluso hasta errores de ingenuidad política, al confiar en la desprestigiada OEA para la validación de unas elecciones que había ganado o, como afirmó el politólogo argentino Atilio Borón, optar por una política de apaciguamiento y de no respuesta a las provocaciones de los fascistas, lo que solo sirvió para envalentonarlos.

El más importante de todos sus pecados, y que nunca le será perdonado, fue dar a los pobres la equidad y los beneficios sociales que siempre les habían sido esquilmados. Tampoco le van a perdonar que haya convertido a la Bolivia que fue testigo de la epopeya del Che, en una nación próspera y la de mayor incremento del Producto Interno Bruto (PIB) de toda América Latina, con un crecimiento del 4,2 % en el 2018.

A Evo se le ataca por el pecado de haber nacionalizado los hidrocarburos y por pasar a manos del Estado los inmensos recursos naturales, como el litio —ese elemento químico clave para las baterías de celulares, y de motos y autos eléctricos—, que cuenta con una reserva estimada en unos 21 000 000 de toneladas, la mayor del mundo.

Por suerte, ante tanta ignominia, con la bandera whipala de los pueblos originarios quemada y vilipendiada y con una usurpadora en el poder, la mano generosa de México salvó su vida, y ahora el exmandatario se apresta a continuar la lucha, pues como ha dicho en su cuenta de la red social Twitter: «No daremos ni un paso atrás ante los racistas y golpistas. Hoy vemos quiénes son los verdaderos enemigos de nuestro pueblo. Mientras tenga vida, la lucha sigue. ¡Patria o Muerte! ¡Venceremos!».

El indio aymara Túpac Katari, al ser descuartizado por los españoles hace más de 200 años, lanzó una profecía que gustaba repetir Chávez: «Pueden matarme a mí, pero volveré hecho millones».

Nuestro Che, en 1964, ante sucesos semejantes en el Congo belga —que dieron al traste con el proceso revolucionario liderado por Patricio Lumumba— afirmó que la bestialidad imperialista no tenía fronteras ni pertenecía a un país determinado; por eso alertaba: «No se puede confiar en el imperialismo ni un tantito así, nada»

Son lecciones que no debemos olvidar. La rueda de la historia seguirá girando y mucho más temprano que tarde, como dijera el inmolado presidente chileno Salvador Allende, volverán a abrirse las grandes alamedas por donde pase el hombre libre para construir una sociedad mejor.

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