El 2035 ya está aquí

Antes del próximo fin de semana ya será papá. En la casa no habrá asado este 31, posiblemente llegará a las 12 am abrazando a extraños que también esperan, y casi se ve a sí mismo contando los deditos de su niña, cerciorándose de que nada le falte...

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A los padres de Melodía.  A mis amigos que sueñan con un bebé

Le dijeron que con 12 paquetes de culeros desechables no tendría «ni para llegar a fin de mes», y él, padre primerizo con apenas una pelusa por bigote y el azoro típico de los honestamente aterrados, disimulaba su desengaño con una risita baja: «no puede ser que 50 centímetros de persona c… y m… tanto». Que sí, que no paran ni dormidos ni despiertos; que su mujer necesitará apoyo y dulzura, que le diga que no quedó gorda y que la maternidad le viene mejor que un bikini a Marilyn Monroe; que no estorbe, opine ni se ausente y, sobre todo, que compre pampers —muchos, todos los que pueda— porque eso es «salud mental»….al menos, para los demás.

La espera de un padre con un hijo por nacer Esperan a una niña. El día que lo supo se le anudó el estómago, como si el corazón se le desprendiera y fuera a parar al fondo del ombligo. La suegra lo miró entonces con expresión de gata ladina —«ahora tú vas a saber cuánta chinchila pelá le cabe a un saco»— y la esposa, con ojos nublados por la alegría, lo besó como mismo lo hizo el día en que él le colocó entre las manos su primer salario tras el aumento: «ay papi, ¡si ya nos imagino celebrándole los 15!».

Debe nacer entre el 29 de diciembre y el primero de enero. ¡Tremendo estreno de año nuevo! Sin embargo, la ingresaron en el Materno a fines de noviembre porque la glicemia «se le fue de revoluciones» y los médicos pensaron que, además de la dieta, debía permanecer bajo estricta observación. Desde entonces, el cuasi papá se ha dedicado a «cazar carretillas» para comprar guayabas verdes, escucha Entérese cada día con la esperanza de que alguien venda un corral barato, lleva almuerzos y comidas bajitos de sal y acompaña a  su mujer, estoico como un apóstol, mientras escucha historias de macrofetos de 11 libras, desgarros vaginales y puérperas perturbadas porque «el parto se les fue para la cabeza».

Ya es amigo de otros papás de estreno y también de consagrados. Rafelito se come la uñas, Yandry se fatiga con el olor a creolina; Otoniel jura, sobre los restos de su abuela, que durante los embarazos de sus tres hijos sintió las mismas náuseas que la esposa, y Jose, el hermano de una madre soltera de 17 años, dice que él será el padre, el tío y lo que sea que necesite el bebé por nacer. Los conoció en las escaleras y en la sala y, después de un mes de visitas diarias, han creado una suerte de cofradía parental.

El día 25, al mediodía, lo llamó su mujer. Sintió algunas punzadas y la panzota le ha descendido, como montaña en pleno deslave. «Pero tranquilo nene, que las dos estamos bien y dicen los doctores que esto puede demorar algunos días». Papá no se ha movido más de la entrada del Materno, no sea que se ponga de parto y él esté escuchando Entérese o a medio camino, montado en una «Diana». Allí están casi todos los demás, y cuando conoce que alguno «ya salió de eso», se le enciende el alma con una felicidad gloriosa. Le desea suerte, que el chama le salga saludable, que las noches sean tranquilas y que rebajen los culeros desechables.

«¿Cuántos paquetes tienes comprados?». Carraspea un segundo, como quien prepara el terreno para revelar lo inaudito. «Catorce, ¡de 24 cada uno!». Otoniel, el padre por partida triple, saca sus cuentas. «Trescientos treinta y seis, a un ritmo de cinco por día….te alcanza para par de meses….Tás bien… Y de toallitas húmedas, ¿cuántos guardaste?». ¿Eh?

Antes del próximo fin de semana ya será papá. En la casa no habrá asado este 31, posiblemente llegará a las 12 am abrazando a extraños que también esperan, y casi se ve a sí mismo contando los deditos de su niña, cerciorándose de que nada le falte, correteando para cumplir órdenes de la suegra.

Dicen que en el 2020 aumentarán otra vez los salarios. « Dios mío, ¡tírame un cabito con eso!». Que sí, que no puede ser de otra forma: comenzará este año con el pie derecho, más completo que nunca antes, con pampers para dos meses y unos quinces por celebrar.     

Se han publicado 6 comentarios

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  • Eli95

    Liena, muchas felicidades por ese comentario. Está genial, a veces las mujeres nos olvidamos de la otra parte, sin embargo es bueno hablar de estos temas en tiempos de la equidad de género. A veces la Evolución tiene que ser de ambos sexos. Esta emotivo y muy escrito. Felicidades una vez, de una futura colega a la que inspiras.

    • Liena M. Nieves

      Gracias Eli95 por tus lindas palabras, y claro que la equidad de género debe enfocarse mucho más en la parte masculina, que también teme, sufre y disfruta su paternidad como mismo nos sucede a nosotras. Saludos y feliz año nuevo

  • yan

    recuerdo como si fuera hoy el nacimiento de mis 2 hijos hace 15 y 10 años respectivamente y así mismo se veía mi esposo, nervioso, con miedos y no se queria ir del materno si lo dejaban se quedaba conmigo por si pasaba algo ja ja ja y cuando nacieron lloramos juntos de la alegria.Te agradesco que tengas en cuenta a los padres pq siempre hablamos de mamá pero papá es muy importante en esos momentos

  • Felix Yglesias Jacomino

    Liena, muy bueno el comentario y la estadística también, pero con esos cálculos es posible que disminuya la natalidad. Pero los futuros papás no tienen que preocuparse, pues la retaguardia está garantizada con las tías, tíos (de sangre o no) y los abuelos. ASÍ DE SOLIDARIOS SOMOS LOS CUBANOS.

    • Liena M. Nieves

      Y si los tíos y los abuelos son de la estirpe Yglesias Echevarría y Suárez Oliva, pues la natalidad está garantizada por la loma de Belén! Un abrazo!!!!!!

  • Pool

    Confieso que varias veces le había pasado por alto a este artículo. Hoy lo leí por primera vez.
    Hace casi 28 años, fui papá. En una época donde no estaba generalizado el uso de Pampers, sino los culeros de gasa; uso de pañales que había que mandar a hacer del rollo de no recuerdo cuántos metros daban por la libreta.
    Esos pañales y culeros había que lavarlos infinidad de veces, -y hervirlos- y nadie se murió por eso.
    Recuerdo que a mi esposa le hicieron cesárea, y yo pedí 15 días de vacaciones para atenderla. En ese entonces tuve que lavar, cocinar, limpiar... ; y lavar un montón de culeros y pañales diariamente.
    Ningún tío, tía, primo, u otro familiar me alivió el trabajo. Y tampoco me morí por eso.
    Mi hijo nació en pleno periodo especial. Imaginen las odiseas -en plural-, para conseguir jabón de verdad, no el de soya que muchos fabricaban en esa época.
    La malanga tenía que ir a buscarla a la provincia de Sti Spiritus. Acá la lata valía más que los metales preciosos. Y tenía que hacer yogur casero, porque mi hijo se negó rotundamente a tomar leche. Como decimos vulgarmente “se viraba al revés”.
    Cada padre tiene una, o varias historias que contar. La mía tuvo momentos felices, y otros no tan felices; pero sin dudas fue una historia que recuerdo con mucho cariño.
    La paternidad no se puede comprender hasta uno pasa por ello. Y es sin dudas, un regalo de Dios.