Martí, en manos de la esperanza

Contrastantes ejemplos de acciones con bustos y esculturas del Apóstol José Martí  demuestran cómo los niños sienten y respetan al «hombre de La Edad de Oro».

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José Martí
«Los niños son los que saben querer, los niños son la esperanza del mundo», expresó José Martí, el Héroe Nacional de Cuba. (Ilustración: Alfredo Martirena)

Aquellos marines, ebrios de alcohol y arrogancia, inflamaron el fuego de todo un pueblo cuando escalaron hasta la cima de la estatua del Apóstol en el Parque Central de La Habana, el 10 de marzo de 1949. Bastó conocer el hecho y la publicación de aquella infausta imagen para que miles de cubanos salieran a las calles a exigir castigo a los infames por tamaña afrenta.

Nadie quedó impasible. Los energúmenos no habían mancillado una escultura, mancillaron el alma de Cuba.

A la distancia de 70 años, el pequeño Jorge Daniel apenas se preocupó por sus juguetes y pertenencias arrastrados por el agua. Ante el caos provocado por el huracán Irma en su pueblito de Punta Alegre, Ciego de Ávila, acudió raudo hacia el busto de Martí enterrado en el lodo, lo levantó con sus «manitas de hombre fuerte» y  lo lavó con la misma agua de lluvia.

El fotógrafo Yander Zamora lo inmortalizó con su cámara. Cuba se sobrecogió con aquella imagen del pequeño aferrado al «hombre de La Edad de Oro», su amigo. El ya desaparecido doctor Armando Hart Dávalos, entonces presidente de la Sociedad Cultural José Martí, le hizo llegar al niño un ejemplar de dicho libro con una carta, y en uno de los párrafos le expresó:

«[…] Sin proponértelo, te has convertido en un símbolo de amor en medio de la tragedia y también en inspiración para la dura tarea que tenemos por delante».

El primero de enero de este año 2020, al igual que aquellos marines, dos individuos —hijos de esta tierra cubana, y por tanto, aún más doloroso el hecho— denigraron con sangre de cerdo varios bustos del Héroe Nacional en la capital de nuestro país.

En los sitios digitales y medios de comunicación al servicio de quienes no cejan en el empeño de destruir el sistema socialista cubano, elogiaron la actitud de los lumpens. A la vez, cientos de miles de compatriotas salieron en defensa de quien murió de cara al sol.

Mientras, en la ciudad de Santa Clara, el niño Yordan Yoel, de apenas cinco años, buscó un pequeño cubo con agua, un cepillo y una brocha. Con el impulso de su corazón acudió a cuanta escultura del Apóstol existiera en su entorno, para librarlas del polvo y la suciedad.

«Me motivé a limpiar los bustos de Martí porque estaban sucios, y a Martí no se le puede hacer eso porque es nuestro Héroe Nacional de la Patria», dijo en una entrevista en la serie infantil Rodando fantasías, dirigida por el profesor y realizador César Ramón Irigoyen.

En un pequeño material titulado «El amigo de La Edad de Oro», creado por el propio niño y su familia, se observa a Yordan Yoel en su noble faena, sin pedir nada a cambio, solo con la pureza y el amor de su alma.

Ante tan contrastantes ejemplos, reconforta hasta el infinito que «los que saben querer» lleven en su pecho al hombre que tanto les quiso y respetó. A ese gigante que no dudó nunca que los niños, nuestros niños, son «la esperanza del mundo». En ellos depositamos el futuro.

Se han publicado 1 comentario

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  • Francisco Fuiz

    Ledebemos a las niñas y niñoscubanos y a todo el pueblo la aplicación rápida y ejemplarizante de nuestras leyes para esos cobardes mercenarios cumplan las penas que les corresponden.
    Sí de mi dependiera haría publico el juicio.
    Viva Cuba que es lo mismo que gritar Viva Martí.