Por ellos y por nosotros

El cuidado de los ancianos resulta una prioridad en la compleja situación que vive nuestro país a causa del nuevo coronavirus.

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Villa Clara es la provincia más envejecida de nuestro país. Los ancianos devienen el sector más vulnerable ante la creciente amenaza del nuevo coronavirus. No es alarmismo, sino una sencilla estadística que obliga a replantearnos la forma en que cuidamos a nuestros abuelos.

Ilustración de Martirena
(Ilustración: Martirena)

Sin consideraciones de edades: el SARS-CoV-2 es un riesgo para todos. Sin embargo, las cifras no resultan nada halagüeñas en el caso de los mayores de 60 años. Aunque los datos analizados fríamente no causen alarma, debemos recordar que más del 80% de quienes sucumbieron ante el virus en Italia pasaban las seis décadas.

Por ello, la protección del adulto mayor en nuestras familias —y en nuestro andar cotidiano— debe ser prioridad, para que esta tragedia culmine de una vez y por todas con el mejor de los finales.

El 23.7% de los villaclareños pertenece a este círculo vulnerable. Son 184 795 personas que, por simple naturaleza, no se encuentran en igualdad de condiciones para enfrentar una enfermedad que a más de un joven ha dejado convaleciente. Entonces la seguridad del grupo de la tercera edad merece todas nuestras energías.

A medida que envejecemos, nuestro sistema inmunitario se deteriora. Somos más vulnerables a contraer infecciones y no sobreponernos con normalidad, por lo que ante todo hay que prevenir el contagio. ¿Cómo? Pues quedándonos en casa el mayor tiempo posible.

Sin embargo, no hay que caminar mucho para ver ancianos en las calles —con nasobuco o sin él— en colas del banco, tiendas, bodegas y farmacias, desafiando sin necesidad el peligro inminente. ¿Nadie más en el hogar puede asumir la tarea?

Es nuestra responsabilidad impedir la afluencia de personas mayores en sitios riesgosos. Mantener la distancia de un metro y medio o dos respecto a otras personas ayuda, pero no es la solución ideal, pues el virus puede sobrevivir en otras superficies contaminadas. La mejor opción, reiteramos, es quedarse tranquilitos en casa.

Los abuelos que presenten otras enfermedades, por ejemplo asma, diabetes o hipertensión arterial, han de mantenerlas controladas con la medicación y dieta adecuadas para evitar complicaciones en caso de contraer la enfermedad. Nosotros, los jóvenes, debemos preocuparnos y ocuparnos. Ellos nos cuidaron, ahora es nuestro turno.

El gobierno ha tomado medidas para garantizar la seguridad de los 1628 ancianos en los 15 hogares y 23 casas de abuelos del territorio. Acciones que resultan vitales para cerrarle la puerta al virus de una vez y por todas.

Lo principal en estos centros es garantizar la higiene, tanto la de los ancianos como del personal que allí labora. Para quienes visiten estas instituciones, el correcto y frecuente lavado de las manos y el empleo de la solución de hipoclorito se convierte en ley, así como el uso obligatorio del nasobuco.

Igualmente —y previo acuerdo con los familiares—, las visitas y los pases cesaron por el momento. Y un equipo médico las recorre cada día para detectar a tiempo posibles síntomas de la enfermedad.

Los que presenten algún padecimiento respiratorio se aíslan del resto del personal, y en caso de encontrarse en régimen seminterno, no se le permite la entrada. Quienes lo prefieran y tengan las condiciones, pueden trasladarse a su casa sin perder el derecho a la cama.

Es el momento de velar por los indefensos, de crecernos como país, y, sobre todo, como seres humanos. Cuidar a los ancianos es cuidarnos a nosotros mismos, pero también saldar parte de una deuda —eterna— con esos que algún día nos llevaron de la mano al círculo infantil, a la escuela, o nos peinaron con suavidad o nos dieron dulces a escondidas.

Es ahora. No hay mejor deber ni mejor obligación.

Se han publicado 2 comentarios

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  • Maidelys

    100% de acuerdo, excelente artículo, cómo bien dice no es solo preocuparse, hay que ocuparse de que nuestros mayores estén bien y no les falte nada, para que no salgan de casa.

  • Ignacio

    Laura buen artículo ojalá y se logre controlar las colas.Tu sabes Laura quién soy y donde trabajo y la verdad es q cada vez q me llega un viejito a la sala los pronósticos son .....