Con el escudo y con Fidel

El Comandante en Jefe siempre tuvo la claridad de que para hacer crecer al pueblo en toda su dimensión, la cultura y la educación constituían bases fundamentales e insustituibles.

Fidel en obra del pintor Ernesto Rancaño.
Fidel en obra del pintor Ernesto Rancaño. (Foto: Tomada de Internet)
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La huella de Fidel Castro en el desarrollo y crecimiento de la cultura en todos los ámbitos se mantiene indeleble. A ello puso su empeño, genio y corazón. Desde su encuentro con las más brillantes mentes del país en su momento, a quienes se dirigió con total respeto y honestidad en aquel memorable discurso conocido como Palabras a los intelectuales —del cual se cumplieron 60 años este 2021—, el Comandante en Jefe señaló el camino a seguir.

Apenas la Revolución cubana había andado un año y seis meses, y ya se comenzaba a erigir la Imprenta Nacional de Cuba , el ICAIC (Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos), las academias nacionales de Arte y de Artes Manuales, de Instructores de Arte, y disímiles iniciativas para posibilitar el acceso a miles de niños y jóvenes de familias humildes. No había tiempo para el descanso, solo para la creación.

Fidel siempre tuvo la claridad de que para hacer crecer al pueblo en toda su dimensión, la cultura y la educación constituían bases fundamentales e insustituibles. Exhortó a los creadores a contribuir a esa evolución espiritual colectiva a través de las obras, a ponerlas al servicio de la gente, de su apreciación y disfrute.

Instalación artística en homenaje a Fidel Castro Ruz.
Instalación artística dedicada a Fidel. (Foto: Tomada de Internet)

En medio de la crisis económica más profunda ante la desaparición de la Unión Soviética y el campo socialista, no dudó el Comandante en salvaguardar la cultura antes que todo lo demás. El «escudo y la espada» con que la nación libraría la lucha contra la hegemonía ideológica imperialista y el apabullante dominio de la industria cultural del capitalismo.

Ante tan adversas circunstancias la cultura devino horcón dentro de la Batalla de Ideas, concepto bien definido, elaborado y estructurado por Fidel a raíz de la lucha de todo el pueblo por el regreso del niño Elián González, secuestrado en Estados Unidos. En el empeño fueron surgiendo iniciativas para realzar la creación y profundizar en el desarrollo de nuestra sociedad.

Las escuelas de instructores de arte, el plan de libros de las imprentas Riso en los municipios, las ediciones de la Enciclopedia y Diccionario cubanos, bibliotecas populares y familiares, videos club juveniles, el remozamiento de los Estudios de Animación del ICAIC, el desarrollo de la escuela de San Alejandro, la décima, la enseñanza artística y el Ballet de Santiago de Cuba; la atención a la Compañía de Ballet de Camagüey, producción de tabloides y materiales impresos, inversiones en el Gran Teatro de La Habana y de Manzanillo (Granma), y la atención a personalidades de la cultura, fueron algunas de las más de 50 acciones realizadas.

A lo largo de estos años la cultura ha sostenido las ideas más profundas, y nuestros artistas han sido los embajadores y emisarios más auténticos. Hacia ellos y las instituciones se han enfilado los cañones del odio y la intolerancia desde Miami como epicentro del ataque, con la confabulación de la maquinaria mediática derechista de los medios de comunicación, en especial en Internet y redes sociales.

Y en esa batalla nos enfrascamos sin tregua ni descanso. Las agresiones y los linchamientos a los artistas que no se doblegan ni se venden han sido bestiales; la estrategia para serruchar o desmembrar todo lo relacionado con la política cultural trazada por la Revolución se ha vuelto obsesión en los obtusos enemigos.

Pero bajo la enseñanza y el legado de Fidel la cultura no se detiene en ningún rincón del archipiélago. La atención y protección a los creadores fue una de las prioridades del Gobierno desde el comienzo de la pandemia, y se destinaron millones de pesos para el pago salarial, a pesar del cese de las actividades; muchas entidades fueron remozadas o reconstruidas, y el arte no dejó de crecer por las más diversas vías y medios.

Cuentan que las madres espartanas alentaban a sus hijos, antes de partir a la guerra, a llegar con el escudo —que significaba la victoria— o sobre él, en referencia a morir en combate sin rendición alguna.

Y así la cultura, con las armas del corazón y la belleza, lucha y se defiende, con sus guerreros creadores, escritores, músicos, pintores, bailarines, escultores, artistas circenses, teatristas, cineastas, artesanos, instructores de arte y profesores, quienes no cejan en el empeño de triunfar a toda costa, hasta el final y sin lugar a la rendición, para regresar siempre con el escudo y con Fidel.