Cinco años sin Fidel

Falleció Fidel. La noticia en la noche del 25 de noviembre de 2016 estremeció a los cubanos e impactó al mundo.

Fidel Castro Ruz haciendo saludo militar.
Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz. (Foto: Tomada de Internet)
Visto: 314

A los 90 años, tras haber derrotado a 11 administraciones norteamericanas y haber sobrevivido a más de 600 atentados, moría el mayor ícono revolucionario de las primeras décadas del siglo XXI. El hombre convertido en paradigma mundial de lucha en defensa de los pobres. Alguien odiado y amado por millones, y que para nosotros, los cubanos, era simplemente Fidel, nuestro invicto y querido Comandante en Jefe.

Su hermano Raúl, primer secretario del Partido, y presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, se encargó de dar la infausta nueva:

«Pueblo de Cuba: Con profundo dolor comparezco para informar a nuestro pueblo, a los amigos de Nuestra América y del mundo, que hoy, 25 de noviembre del 2016, a las 10:29 horas de la noche, falleció el Comandante en Jefe de la Revolución cubana, Fidel Castro Ruz».

Fidel Castro Ruz en la Sierra Maestra.
Fidel durante la lucha en la Sierra Maestra. (Foto: Tomada de Internet)

Sucedía lo inevitable, lo inconcebible para millones de seres humanos: el Caguairán, el vencedor de cientos de combates, el hombre del Moncada, de la Sierra, del triunfo del 1.o de Enero de 1959, el sabio conductor y líder de la Revolución cubana, había pasado a la inmortalidad, y al sagrado templo de los héroes y mártires de la Patria.

Su desaparición física coincidía con el aniversario 60 de la partida del yate Granma del puerto mexicano de Tuxpan, pues seis décadas antes, en una noche tormentosa, salía hacia Cuba al frente de 82 expedicionarios, para cumplir la palabra empeñada de, en 1956, «ser libres o mártires!».

Los días posteriores resultaron de desasosiego. Había que asimilar la noticia de no tener más a Fidel con sus consejos, con su ejemplo, con sus atinadas reflexiones, y, junto a tanto dolor, había que rendirle, como se hizo, los honores que merecía.

Recorrido el cortejo fúnebre del Comandante en  Jefe Fidel Castro Ruz, en noviembre-diciembre de 2016.
(Foto: Tomada de Internet)

El tránsito hasta el cementerio patrimonial de Santa Ifigenia, en Santiago de Cuba, fue revivir, al revés, la Caravana de la Libertad de 1959. Aquella del enero victorioso fue de alegría por la caída de la dictadura, esta otra, de La Habana a la Ciudad Heroína, fue de llanto, de devoción, de banderas y flores al paso del armón con la urna que contenía sus cenizas; pero, también, de la ratificación de seguir sus ideales y continuar defendiendo la obra por él conquistada.

El «¡Yo soy Fidel!» inundó millones de gargantas, y al preguntársele al pueblo dónde estaba el invicto Comandante en Jefe, el coro de voces afirmaba al unísono: «¡Aquí! ¡Aquí!».

En cada lugar hubo un simbolismo especial, pero el de Santa Clara quizás fue el mayor, pues coincidieron la noche del 30 de noviembre al 1.o de diciembre, los dos inmortales comandantes: Fidel y el Che, en Complejo Escultórico que contiene los restos del Guerrillero de América.

Salida de la Plaza Ernesto Che Guevara del cortejo fúnebre del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz.
De la Plaza Ernesto Che Guevara partió el cortejo fúnebre, para iniciar el recorrido por la ciudad de Santa Clara. (Foto: Archivo de Vanguardia)

Volvían a encontrarse el primer expedicionario del Granma con el hombre que supo ver primero, y mejor que nadie, que el momento en Cuba era revolucionario y no político; el ardiente profeta de la aurora, como el propio Che lo bautizara.

De entonces acá han pasado cinco años. Un lustro de lucha, combates, sacrificios, y, sobre todo, de renuevo generacional y de continuidad de las ideas de Fidel, ahora personificadas en el actual primer secretario del Partido y presidente de la República, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, heredero de su legado ideológico y de su inconmovible fe en la victoria.

Cuba sigue firme sin la presencia física de Fidel, pero inspirada en su ejemplo y prestigios imperecederos. Ese que nos hace enfrentar peligros y amenazas con la misma firmeza de quien vaticinó, en Cinco Palmas, que cinco hombres y siete fusiles bastaban para ganar la guerra.

Nuestra patria, fiel a su legado, no olvida sus enseñanzas. Y es que Fidel, como Martí, es también, junto al Partido Comunista que ayudó a fundar, alma de la nación cubana.