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Para pintar el alma

¡Cuántas vivencias atesora el hospital pediátrico de Villa Clara durante 56 años de esfuerzos para reintegrarle a la infancia lo más preciado del ser humano!

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Cuerpo de guardia del hospital pediátrico univesitario José Luis Miranda, de Villa Clara.
El Cuerpo de Guardia atiende diariamente a unos 240 menores. La mayor incidencia recae en las enfermedades diarreicas, respiratorias y los síndromes febriles, entre otras causas. (Foto: Ramón Barreras Valdés)

Todavía recuerdan a una madre caibarienense que un día llegó al hospital con la finalidad de hablarle al colectivo del centro durante el transcurso del matutino. Alcanzó el podio, y con palabras que tocaron los corazones agradeció a todos por salvar a su hijo, ante un pronóstico de posibilidades mínimas.

Los precedentes fueron días y noches de tensiones, de confraternidad sentimental entre galenos y familia, hasta que apareció un rayo de luz, ese que siempre alumbra la esperanza, aun en condiciones difíciles.

En ese caso está también Estela López Pérez, una enfermera de profesión en el poli­clínico de Esperanza, acogida a las bondades de una madre cuidadora para velar los sueños de su primogénito Joan Michel Monteagudo López, quien el 15 de septiembre de 2006 entró a la institución sin imaginar que esta llegaría a convertirse en la prolongación del hogar.

Una marcada falta de aire e indicios de bronconeumonía llevó al ingreso en medio de una vida en que los juguetes han sido las caricias del alma, donde el reloj avanza con lentitud y, en ocasiones, se ignora si en los exteriores brilla el sol o ya cedió su  paso a la luna.

Joan Michel permanece acoplado a un equipo de ventilación artificial debido a un trastorno genético causante de atrofia progresiva de la musculatura. En su recuerdo permanece aquella jornada en que llegaron al hospital pediátrico universitario José Luis Miranda. Sus criterios son los de una madre a quien le «faltan palabras» para describir emociones. Ante todo evita detenerse en nombres, «porque la lista sería interminable».

Paciente del hospital pediátrico José Luis Miranda.
El doctor Owen González Cruz valora a Joan Michel mientras Estela, su mamá, permanece atenta al dictamen. (Foto: Ramón Barreras Valdés)

«Mi familia —dice— creció, soportan mis majaderías, pero me cala el amor de una forma especial. Cada uno está en el lado izquierdo de mi pecho».

Aun así, la vida es ancha para seguir el tornasol de un arcoíris cargado de ilusiones en ese pedacito hospitalario que acoge a Joan Michel —y a muchos niños más— en su tránsito por la existencia. 

Un árbol que fructifica

Incontables serían las historias que podrían referirse sobre esta instalación pe­diá­trica desde aquel 25 de junio de 1960, cuando, a las 10:30 de la mañana, el doctor José Ramón Machado Ventura, entonces ministro de Salud, lo dejaba inaugurado.

Hospital pediátrico universitario José Luis Miranda.
Hospital pediátrico universitario José Luis Miranda. (Foto: Ramón Barreras Valdés)

En aquel instante, Yandry Alfonso Chang, hoy director en funciones, no soñaba con guiar a verdaderos orfebres del bien. Tal vez en algún momento escuchó hablar de la ONDI, pero en realidad el centro, con este nom­bre, jamás existió.

Memorándum

♦ Al inaugurarse, la institución solo contaba con 109 trabajadores; entre ellos, 12 médicos e igual cifra de enfermeras; nueve técnicos, dos salas, 109 camas, dos consultas externas, otro tanto de salones de operaciones y un solo equipo de rayos X.

♦ En la actualidad dispone de 1219 trabajadores, 273 camas,11 servicios quirúrgicos y 13 pediátricos, a los que se integran secciones de referencia para la región central, apoyados en la oncohematología, nefrología y hemodiálisis, fibrosis quística, enfermedad celíaca, afecciones reumatológicas en edad pediátrica, cirugía neonatal y endocrinología.

♦ A la instalación se suman la Clínica del Adolescente, el Centro de Neurodesarrollo, la cirugía endoscópica de mínimo acceso, que evita en muchos casos recurrir al quirófano; el Sistema Ultramicroanalítico (SUMA), y servicios especializados de neurofisiología y atención a pacientes celíacos. Figura también el proyecto cultural Para una Sonrisa, que ya tiene 19 años.

♦ Desde 2010 posee acreditación para la praxis de trasplantes renales, incluso con donante vivo, que ya lo ha practicado, sin excluir la cirugía de cataratas en edades tempranas.

♦ La Neonatología exhibe alta supervivencia, a pesar de la gravedad de los infantes, con un colectivo que realiza guardia permanente. 

La historia cuenta que Marta Fernández Miranda, esposa del dictador Fulgencio Batista, asumía la dirección de la Organización Nacional de Dispensarios Infantiles (ONDI), por lo que cedió el terreno para un futuro hospital. Sin embargo, los fundadores rememoran que en enero de 1959 el sitio estaba lleno de yerba bruja y el ganado pastaba en sus alrededores. Escasamente existían dos paredes de lo que sería la esperada edificación. Su terminación compete a la etapa revolucionaria. 

Poco a poco comenzó a crecer y a configurar lo que deviene carta de presentación, con un Cuerpo de Guardia que incrementa cada año la cifra de menores atendidos durante las 24 horas de servicio.

De suma trascendencia es también la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI), considerada entre las mejores de su tipo en el país desde su constitución en la década de los años 80.

Sus diez camas reciben de 30 a 40 ingresos por mes, y gracias a las acciones desplegadas contribuye de manera notoria a la disminución de la tasa de mortalidad infantil del territorio, a pesar de la suma gravedad de los casos ante diferentes estadios de los procesos infecciosas (sepsis), tumores cerebrales, afecciones oncohematológicas o accidentes en la edad pediátrica, que prosiguen como un problema de salud en todos los tiempos.

Aun así, el equipo logra una supervivencia por encima del 95 %, con solo dos fallecidos en el transcurso del año. La premisa es entregarlo todo, más allá de los sacrificios o de los 2500 a 3000 dólares que cuesta solo un día de permanencia, de acuerdo con la gravedad y los requerimientos de cada paciente.

Si de sensibilidad se trata, habrá que detenerse en el servicio destinado al tratamiento de las enfermedades oncohematológicas, convertido en uno de los más complejos del hospital.

El panorama contemporáneo indica el incremento de este tipo de afecciones, incluso en edades cada vez más tempranas. De ahí que proliferen esas cabecitas ausentes de cabellos y brazos saturados de pinchazos por las continuas venoclisis. 

Y en medio de todo, las huellas del inhumano bloqueo de los Estados Unidos contra Cuba. Por eso imagino a la doctora Marta Beatriz García Caraballoso —y a todo el equipo— ante la falta de un citostático, en una especialidad que demanda medicamentos e insumos en extremo costosos, y que adquieren mediante terceros países.

Equipo en área de imagenología del hospital pediátrico de Villa Clara.
Algunos equipos son de alta tecnología, como este que, sin resultar de última generación, emite menos radiaciones en el mundo de la imagenología y posibilita diversos ángulos de visibilidad de las estructuras o sistemas por analizar. (Foto: Ramón Barreras Valdés)

Algunos de estos fármacos de primera línea resultan «acorralados» para la Oncohematología cubana ante una leucemia linfoblástica aguda, inscrita como la neoplasia más común en niños, y con una incidencia de tres a cuatro infantes por cada 100 000 habitantes.

Todavía me pregunto cómo hay personas en el mundo capaces de coartar los sueños infantiles. Pero la dignidad humana y el talento profesional han sido capaces de derribar murallas para convertirlo en un servicio que, por tradición, resulta de excelencia, y en múltiples momentos parece estar dotado de una magia que logra altos índices de reinserción a la vida ante enfermedades sumamente agresivas.

Contrastes

Ninguna obra es perfecta, y el Pediátrico no escapa de numerosos lunares que afectan la eficiencia y la calidad requeridas.

El estado constructivo muestra las grietas de los años en medio de una compleja infraestructura llena de laberintos y pasillos que cuentan, increíblemente, con baños cerrados en una sala tan importante como la de Nefrología.

Varias filtraciones dejan huellas en Terapia Intensiva. Falta por instalar el microscopio óptico para facilitar diversos procesos quirúrgicos, mientras el hospital carece de equipos de electrocardiograma, por lo que recurre al apoyo de otras instituciones para cumplimentar las indicaciones.

A pesar de no registrarse planteamientos en las últimas rendiciones de cuentas —ni en encuestas intrahospitalarias—, en ocasiones existen demoras en el Cuerpo de Guardia por la afluencia de pacientes y la limitada presencia de especialistas, a la vez que los trabajadores no disponen de la totalidad de los medios de protección y de otros insumos básicos para elevar esa satisfacción que merece la infancia como eslabón más sensible en la familia.

¿Tenemos o no nuestras Razones?

Otra sección que exhibe galas es la de Cirugía, que al cierre de mayo totalizaba 2111 casos —tanto mayores como menores—, con énfasis en la neonatal, que no reporta decesos desde hace más de tres años consecutivos, y convertida en un centro de referencia territorial.

Y si de perseverancia se trata, hay que dedicar espacio al servicio de Respiratorio, que también incrementa el registro de afecciones anuales a causa de neumonías, bronqueolitis y asma, al tiempo que dispone de un distingo de referencia territorial para el tratamiento de la fibrosis quística, que reporta 22 infantes registrados en la región central.

Mucho más pudiera decirse de hombres y mujeres que escriben la historia villaclareña para que la infancia cante y tenga el corazón feliz.

De esta manera transcurren las 24 horas en este hospital. Con noches agotadoras en las que médicos de guardia recorren los largos pasillos durante jornadas que pueden parecer interminables.

Aquí el personal de enfermería mantiene pupilas atentas, mientras pantristas y auxiliares de limpieza llegan de madrugada a fin de iniciar sus labores, y el llanto de un niño o el terrible desenlace destruyen las fibras humanas, sin dar pie a la costumbre.

Así lo siente el joven pediatra Yandry Alfonso Chang, quien con solo 30 años enfrenta la dirección de un centro en el cual el aporte del capital humano constituye el soporte de toda su historia.

Alguien que considera el trabajo con la infancia la meta del compromiso unido al sacerdocio de ser médico para pintar el alma. 

  • Juan Antonio Hernández Caraballo

Yo pinto

Yo pinto un alma tranquilo
De niño, con amor salvado,
Pinto un beso que ha llegado
A la vida, fresco asilo,
Pinto en el mejor estilo
Al médico trabajador,
Y pinto a todo color
Una bonita enfermera,
Que es la mejor mensajera
De la salud y el amor.