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Primavera, Trump antiabortos y niñas rotas

Esta edición ofrece información «fresquita» sobre los efectos de la primavera en la sexualidad, el matrimonio infantil en Latinoamérica y las campañas antiaborto de Trump.

Fiebre primaveral
(Foto tomada de Internet)
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¡Hola a todos! Después del equinoccio de primavera, de los exámenes intersemestrales que ocupan a la mayoría de los estudiantes; de lo feliz y no tan feliz que hayan vivido durante el último mes, llegamos a una nueva entrega de esta cita nuestra a la que acudo con tanto de placer como de compromiso. Para la edición de abril les propongo una selección de noticias aún tibias de tan recientes, pues Sexeando no se contenta con el simple hecho de ilustrarles sobre un tema atemporal. Educación, conciencia crítica y conocimientos: crean u opinen lo que deseen, pero siempre sobre la base de información de calidad.

Recuerden que estas puertas no se les cierran jamás y que continuamos en el correo liena@vanguardia.cu. Lo que les ocupe y preocupe, lo que les avergüence o, simplemente, les «pique» la curiosidad, tiene espacio y oportunidades para ser tratado en una sección cuyo principio continuará invariable: permanecer junto a sus lectores.

¡Hasta mayo entonces!, y que vengan por delante días de salud, suerte y mucho amor.

Mundosex

De ser 100% fiables los estereotipos con que pretendemos etiquetar y comprender al mundo, hechos aberrantes como el matrimonio infantil no se conocerían más allá de las fronteras culturales y religiosas de naciones africanas o del Oriente Medio. Cosas de película, de novela turca…. o, en todo caso, pesadillas de otros.

Matrimonio infantil en Latinoamérica
Foto tomada de Internet

Sin embargo, América Latina y el Caribe es la única región del globo donde este fenómeno desconcertante no ha disminuido su prevalencia durante las últimas tres décadas. Hoy se estima que el 25% de las muchachas de entre 20 y 24 años residentes en el área—o sea, una de cada cuatro—, se casaron o se unieron a sus parejas mucho antes de cumplir 18. Otro detalle: la mayoría lo hizo con hombres considerablemente mayores, lo cual refuerza la teoría de que miles de estas niñas fueron intercambiadas como solución momentánea para las familias pobres; la trata en una de sus expresiones más devastadoras, legitimada por quienes debían ampararlas.

El más reciente informe de la Unicef revela que, diariamente, más de 41 000 niñas y adolescentes contraen matrimonio o se unen en relaciones de convivencia, con estadísticas sorprendentes para el caso latinoamericano. La proporción del matrimonio infantil tiene sus peores números en África Central y Oriental, con un 36% de incidencia, superando — ¡solo por 13 puntos!— al área de América Latina y el Caribe, con un 23%.

El tercer puesto lo ocupan Oriente Medio y el norte de África (18%), aunque según declaraciones de Shelly Abdul, asesora regional de Unicef, «a nivel mundial, la prevalencia de matrimonio infantil y las uniones tempranas ha estado disminuyendo lentamente, sin embargo, América Latina y el Caribe es la única región del mundo donde el matrimonio infantil no está en declive. […]Si pudiéramos contar, contabilizar mejor las uniones tempranas o las uniones de hecho informales, porque cada país las llama de forma distinta, probablemente la prevalencia regional será mucho más que 23%».  

Las zonas rurales, las comunidades indígenas y las áreas con peores ingresos y potencialidades para el desarrollo, resultan el escenario clásico de estos casamientos que no solo despedazan la infancia de millones de niñas, sino que constituyen una transgresión flagrante contra los derechos humanos. A la repercusión psicológica de asumir una adultez violentada, se añaden riesgos mortales como el embarazo y la muerte materna y fetal, el analfabetismo, la violencia de género y la inequidad estandarizada como timón del patriarcado latinoamericano.

De hecho, se estima que en México —nación que ocupa el octavo puesto en el ranking internacional de matrimonios infantiles, solo superado por Brasil, en el cuarto lugar— conviven hoy más de ocho millones de mujeres que debieron casarse antes de los 18 años. En República Dominicana, tres de cada cuatro bebés son hijos de chicas que no alcanzan la mayoría de edad, y en 2017, el 14.3% de las adolescentes guatemaltecas menores de 17 años ya estaban embarazadas.

Ante esta situación, y con la mira puesta en la total erradicación de una práctica abusiva, varios países de la región han modificado sustantivamente sus cuerpos legales, con lo que contribuyen a concretar una de las metas de la ONU con el Objetivo de Desarrollo Sostenible 5, dedicado a la igualdad de género. El desafío radica en suprimir, antes del 2030, toda posibilidad de enlace legal con menores de edad. Sin embargo, de no tomar el toro por los cuernos, para esa fecha más de 150 millones de niñas se habrán convertido en esposas, madres o víctimas fatales.

¡No me lo vas a creer!

Primavera y sexualidad
Foto tomada de Internet

En un país como Cuba, donde la línea divisoria entre las estaciones del año no es mucho más gruesa que una pestaña, la idea de vivir la primavera— o, en todo caso, una versión sin 30 grados al mediodía— parece menos probable que llevarse un gato al agua. Mi primavera personal es puro Disney: arboledas sonrosadas por tantas flores, rayitos de luz cálida filtrándose por las hendijas, gorriones haciendo nido, romanceo dulzón y sin segundas intenciones. Así nos la vendieron Vivaldi, Monet y el ciervo Bambi; encendida, plena y más hormonal que una leona en celo.

Sin embargo, la llamada «fiebre primaveral» con que la sociedad pretende liarnos en el eterno ciclo del emparejamiento y la reproducción, no resulta un simple truco publicitario para vender condones y lencería de lujo. El término no se registra como tal en la literatura especializada, pero la ciencia sí la distingue como uno de los cambios psicológicos estacionales que experimentamos a lo largo del año. Bienestar, optimismo y liviandad de cuerpo y alma, unidos a la necesidad de relacionarnos con otros y al aumento de la libido… ¿el resultado?: orgásmico, literalmente hablando.

A ver, que todo tiene una explicación seria, pues el imperio de la naturaleza interviene, incluso, bajo nuestras sábanas. Resulta que con el incremento de las horas de luz durante el día, también aumentan el tiempo y las probabilidades de estar expuestos al sol. Nuestros cuerpos, entonces, sintetizan mejor la vitamina D, cuyas funciones no se restringen a mejorar la absorción del calcio y el fósforo en el intestino. En el caso de los hombres, permite que segreguen más testosterona, dopamina y serotonina —estas últimas se relacionan con las sensaciones placenteras—, con una evidente mejoría en el rendimiento sexual. A las mujeres nos ocurre exactamente lo mismo: solo cambie la testosterona por progesterona y estrógenos, y el coctel hormonal estará en su clímax…perdón, en su punto.

No obstante, para la Dra. Sonia García, psicóloga española experta en terapia sexual, afectiva y de pareja del Centro de Psicología Paz de Roda, la fiebre primaveral constituye, más que un coctel molotov sexual, el resultado de una construcción subjetiva colectivamente compartida: llegó la primavera, mostremos más piel, ¡hagamos el amor!

«Año tras año se refuerzan y aprueban socialmente con simpatía estas sensaciones. Cuando nos sentimos alegres y valientes, damos una imagen vivaz e independiente, que resulta altamente atractiva al ser humano. A la vez que nuestra autoestima se reafirma esa seguridad nos lleva a relacionarnos, y a atraer a los demás», afirma la especialista.

O sea, química y fisiología apartes, el supuesto erotismo de la estación tiene tanto peso psíquico como orgánico, y no valdrían de nada la vitamina D ni medio día de insolación, si no confiamos en nuestra propia proyección. ¿Luces sexy?, ¡felicidades!, pero si en vez de corroborarlo frente un espejo te lo dices para tus adentros, garantizo un éxito perdurable de invierno a invierno.

No obstante, sea leyenda urbana, realidad mitificada o simple casualidad, lo cierto es que la primavera trae incorporada la doble cualidad de ser hermosa y, para colmo, romántica.

Sexo al Derecho

Si hay una «virtud» que reconocerle al personaje naranja que ocupa la Casa Blanca, sería, precisamente, la capacidad de contravenir lo dispuesto en leyes para convertirlo en la peor adaptación posible. Su cruzada contra el aborto clínico, despenalizado en Estados Unidos desde 1973, resulta una suerte de punta de lanza con la que ha venido aguijoneando los derechos femeninos en materia de planificación familiar. Un Trump pro-vida y vehemente defensor de las madres y sus hijos… ¿en serio?

Un mes atrás, frente a una teleaudiencia de más de 47 millones de espectadores, el presidente estadounidense le solicitó al Congreso que prohibiera los abortos tardíos —hasta la semana 24 de gestación, aunque resulta un procedimiento excepcional y solo aplicable a casos muy justificados—, con lo que echaría por tierra la posibilidad de interrumpir el embarazo si la vida de la mujer estuviese en peligro, o el feto fuera inviable. Trump, dice, no puede resistir el llanto de un inocente, pero se las arregla, sin mayores perjuicios, para apañárselas con la muerte de la madre, el bebé, o de ambos.

Protestas antiaborto en Estados Unidos
Durante el 2018, EE.UU registró la tasa más baja de abortos desde la despenalización, 46 años atrás. Sin embargo, los especialistas consideran que este positivo saldo no constituye una consecuencia directa de las restricciones de Trump, sino el resultado de una correcta educación sexual, unida a la accesibilidad a métodos anticonceptivos eficaces y de bajo costo. Pero la realidad cambia para peor, a pesar de las protestas masivas a lo largo y ancho del país. (Foto tomada de Internet)

Se le da muy bien lo de atrancar puertas. El pasado 26 de marzo, el gabinete de Trump endureció la conocida como «ley mordaza global» —fue aprobada por Ronald Reagan en 1984, y las sucesivas administraciones la derogaron o retomaron según las pretensiones del partido de turno en la silla presidencial—,una medida consistente en prohibir a los proveedores sanitarios en países en vías de desarrollo, así como a las ONG que atienden a sectores poblacionales desfavorecidos, que empleen fondos del gobierno de Estados Unidos para proporcionar asesoría sobre el aborto. O sea, no solo quedan fuera las mujeres pobres que deciden abortar, sino las que precisan de atención post quirúrgica e, incluso, quienes solo demandan información sobre sus opciones.

En poco más de dos años, Trump anuló la ley que le exigía a los empleadores la inclusión de métodos anticonceptivos en el plan de salud destinado a sus trabajadores y, además, planea revocar los principales beneficios de un programa de planificación familiar —el Título X— destinado a adolescentes y mujeres con bajos ingresos, con lo cual impediría que los propios especialistas puedan proporcionarles la ayuda necesaria a sus pacientes.

Los Estados conservadores han hecho «el pan» bajo esta oleada de restricciones amparadas por el presidente, y ya fueron aprobadas algunas de las reglamentaciones más férreas en la historia de la nación: en Iowa, salvo los casos de inviabilidad materna, fetal, o porque el embarazo sea producto de una violación o de incesto, se prohíbe practicar un aborto desde el momento en que se detecten los latidos cardiacos del feto. Leyes similares se han propuesto en otros ocho Estados, se redujeron drásticamente los centros de atención y capacitación clínica, y los promotores de programas e instituciones médicas vinculadas con la educación sexual, temen que la encerrona con que Trump boicotea la legislación de 1973, repercuta en una derogación inaceptable para millones de estadounidenses.  

Se han publicado 1 comentario

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  • Juan Antonio Hernandez Caraballo

    Exogimos que se respeten las niñas y las damas en el mundo entero, nadie tiene derecho a tronchar la felicidad de las que producen la vida en nuestro planeta.