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SPM, ¡mamá a los 61! y vidas frías

Decidimos dedicarles a las féminas la edición de Sexeando de mayo, pues este es, sobre todo, el mes de las mujeres más amadas.

SPM
(Foto tomada de Internet)
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¡El quinto mes del año! Días largos, ¡larguísimos!, de sol brillante y lluvias locas. Cada jornada se va pareciendo más al verano, y entre las 12 del mediodía y las tres de la tarde, a muchos nos cae un «no sé qué» en el alma —que nos escurre casi cualquier motivación— aunque no quede otra que hacerle frente a los «imponderables» que impone el deber.

Pero mayo es, sobre todo, el mes de las mujeres más amadas. Las pensamos, las añoramos; las queremos cerca si están lejos; vivas, felices, sanas. ¡Madres!, y no digo más. Por ello decidimos dedicarle a cada fémina esta edición de Sexeando, y espero que nadie tome a mal un acto más espiritual que arbitrario.

Recuerden que nos mantenemos en el correo de siempre — liena@vanguardia.cu —, para recibir sus mensajes y darles voz y argumentos a sus pensamientos y dudas más personales.

¡Feliz día de las madres!, a quienes ya lo son, lo serán, o ya aman a otros con ese sentimiento tan inenarrable que tal parece que te romperá el pecho. Hasta junio entonces, y que estos días vengan repletos de salud, suerte y mucho amor.

Mundosex

Dicen que no hay ser humano sin demonios. Ni siquiera las almas más nobles podrían decir que, en algún momento de sus existencias, no les brotaron palabras duras, ideas horribles, deseos inexpresables. Entérense: a las mujeres nos ocurre mes tras mes, y duele decirlo, pero el Síndrome Pre Menstrual (SPM) nos convierte en criaturas atormentadas, odiosas y, lo peor, peligrosas.

Yo peleo en ráfagas y pierdo el apetito; mi amiga L siente que nadie la quiere; a C le sucede lo mismo, pero en su caso se añaden cambios anímicos que varían de la depresión más «emo», a crisis de euforia que solo se apaciguan después de una buena tanda de llanto. Y no, no estamos locas. Las causas del SPM no se conocen con claridad. Sin embargo, los especialistas coinciden en que los cambios hormonales constituyen el clásico gatillo que dispara las crisis anímicas y del comportamiento, pues no es casual que los síntomas aparezcan entre los siete y los diez días previos al inicio del ciclo menstrual.    

Síndrome pre menstrual SPM
La ciencia no ha podido determinar las causas exactas de SPM, pero coincide en que el factor hormonal es el desencadenante de los síntomas. (Foto tomada de Internet)

No obstante, el «drama» femenino tiene sus particularidades en cada caso, y ello también depende del contexto emocional que rodee a la mujer. La depresión y la ansiedad sí constituyen estados reiterados para casi todas: lo que varía son los niveles con que nos afectan. Las cargas externas —estrés familiar y laboral, tareas pendientes, relaciones «tóxicas», problemas por resolver— pueden agravar las manifestaciones a tal punto que, desde 1982, sendos tribunales en Estados Unidos e Inglaterra reconocieron al SPM como atenuante de determinados delitos.

El primer caso fue una camarera de 29 años que amenazó con un cuchillo a un policía; el segundo, el de una muchacha de 27 que atropelló fatalmente a su pareja tras una fuerte discusión. Ninguna tenía antecedentes violentos, y a ambas se les concedió la libertad condicional. Ya imaginarán en este punto de la lectura cuál resulta en factor común entre estas historias: SPM de por medio.

Y discutieron juristas y doctores sobre la justeza o no de tal decisión, hasta que salió al ruedo el criterio irrefutable de una de las eminencias mundiales en dicho campo. El Dr. Robert L. Reid, profesor adjunto de Ginecología en la Universidad de Queens, en Kingston, Ontario, manifestó en aquel momento que «es un problema real, hormonal, que puede causar verdadera desestabilidad o incapacitación temporal en algunas mujeres. Los síntomas son de corta duración, y el resto del tiempo, esas mismas mujeres funcionan normalmente. […] Muchas de estas mujeres, completamente sanas y normales, pueden, en ese mismo momento, desde pegar a un niño hasta apretar un gatillo, pero la mayoría de ellas aprenden a controlar los síntomas y entretenerse en otras cosas para evitar este tipo de situación».

Hasta el día de hoy, son tantas las voces contrarias como las coincidentes. Algunos —hombres casi siempre— desvirtúan los efectos del SMP, pero nosotras y los que nos acompañan en ese trance mensual, sabemos que las leyes del cuerpo dominan, incluso, a las más pasivas.

Sin embargo, las «endemoniadas», las tristes, las inapetentes o las belicosas, también pueden ayudarse durante esos días en los que no nos ajustan ni las medias. La Dra. María Elisa Moltoni, ginecóloga en el Halitus Instituto Médico, en Argentina, así lo asegura: «Como regla básica se indican modificaciones del estilo de vida, tales como dejar el tabaco y la cafeína, comer sano, aumentando la ingesta de pescados, frutas, verduras y fibra, disminuyendo las grasas saturadas, incluir suplementos vitamínicos.

SPM
(Foto tomada de Internet)

«Se recomiendan ejercicios aeróbicos y pueden ayudar también los de relajación, meditación o yoga, o que incluyan técnicas de manejo del estrés, en especial en aquellos casos de ansiedad o estrés. Existen también anticonceptivos formulados para combatir este síndrome, que minimizan los cambios hormonales, mejorando mucho la sintomatología. En algunos casos puede ser necesario el uso de psicofármacos como por ejemplo los antidepresivos, que en ocasiones se indican algunos días del mes, en los que la paciente se encuentra afectada. Cada caso debe ser evaluado individualmente para establecer, de acuerdo a los síntomas, la mejor manera de tratarlos y el área emocional no debe ser minimizada en este tipo de cuadros».

¡Está dicho! Así que dennos espacio si nos notan tensas, o solo hágannos saber que nos entienden. De cualquier forma, difícilmente acierten con lo que en realidad demanda nuestro estado de ánimo, porque «de vez en mes» nos convertimos en desconocidas, incluso, para nosotras mismas.

¡No me lo vas a creer!

Cuando Matthew Eledge, profesor de Inglés en un instituto privado católico de Omaha, Estados Unidos, informó en 2015 que planeaba casarse con un hombre, la reacción inmediata de la dirección de la escuela fue despedirlo. No obstante, formalizó su relación con Elliot Dougherty y se mudaron a Nebraska, uno de los estados más conservadores del país, cuyas reacias políticas respecto a la comunidad LGBTIQ+ lo convierten en una de las pocas regiones que aún no cuenta con leyes estatales que prohíban la discriminación basada en la orientación sexual o en la identidad de género.

Mujer de 61 años da a luz a su nieta
Matthew, Cecile, Uma y Elliott: una familia feliz
Matthew, Cecile, Uma y Elliot: una familia feliz. (Fotos tomadas de Internet)

Pero Matthew y Elliot querían más que solo unir sus vidas bajo un mismo techo. Un sueño: ser padres de un bebé propio, algo aparentemente irrealizable bajo los estrictos términos de la Biología, y para lo cual habrían ahorrado durante años hasta reunir los más de 40 000 dólares que costaba la fertilización in vitro, los gastos médicos, los honorarios de los especialistas….En 2017, al conocer de los planes de su hijo, Cecile Eledge, entonces de 59 años, le había dicho que si querían que fuera la gestante, lo haría encantada. ¡Una broma! Tierna, pero impensable.

Sin embargo, meses después y ante la ausencia de otra candidata fiable, la propuesta fue tomada muy en serio por los especialistas al frente del proceso. Postmenopáusica y a punto de cumplir 60, pero saludable y llena de amor y voluntad de ayudar, Cecile fue fecundada con el esperma de Elliot y los óvulos que donó Lea, su otra hija. Contra todo pronóstico, quedó embarazada en el primer intento, los nueve meses transcurrirían sin complicaciones, y el pasado 25 de marzo dio a luz —por parto natural— a Uma Louise, una niña perfectamente sana.

Los debates moralistas no han cesado desde ese momento. La maternidad subrogada continúa asumiéndose con cautela en la mayoría de las naciones, y no fueron pocos los que cuestionaron la decisión «egoísta» de un hijo que puso en riesgo la vida de su madre, ni el dilema ético de llevar en el vientre a una criatura que nunca la llamará mamá, sino abuela. Cecile lleva más de un mes respondiendo lo mismo: «lo hice por amor».

Palabras mayores. Y eso es la maternidad: una obra sin entreactos en la que la felicidad de un hijo se eleva, incluso, sobre la lógica de la mayoría.

Sexo al Derecho

Desde hace una década, la Organización de Naciones Unidas (ONU) lanzó un llamado mundial para erradicar una de las prácticas más siniestras que hasta este día violenta a una de cada 20 niñas y adolescentes en el mundo. La Mutilación Genital Femenina (MGF) —consiste en realizar cortes, lesiones o eliminaciones parciales o totales de la parte externa de los órganos genitales—, es la pesadilla de más de 200 millones de mujeres sobrevivientes a un proceso brutal que las inhibirá, de por vida, de toda experiencia sexual placentera.

Mutilación Genital Femenina (MGF)
(Foto tomada de Internet)

Pero estos casos son solo las cifras de las que vivieron para engrosar estadísticas: las muertes en pleno acto, o asociadas a complicaciones post operatorias, son silenciadas bajo el peso de la ignorancia y la aceptación de lo «inevitable».

Sin embargo, las justificaciones que refrendan socialmente el hecho de mutilar a menores de edad, develan, más que arraigo cultural, el profundo machismo latiente en varias naciones africanas, asiáticas y del Medio Oriente, además de en comunidades de inmigrantes asentadas por toda Europa, Australia y Norteamérica. Razones clásicas: desde mantener el mito de la virginidad para conseguir casamientos provechosos, hasta exaltar a la mujer virtuosa —pues el placer nos «descarría»—, promover falsos ideales de higiene y belleza y aumentar el goce sexual masculino.

Pero lo cierto es que la MGF no solo bloquea las sensaciones naturales del cuerpo y destroza, de paso, la autoestima de sus víctimas. También provoca infecciones recurrentes, trastornos urinarios, periodos menstruales irregulares y dolorosos y la imposibilidad de dar a luz de manera natural, ya que en las formas más extremas de mutilación no solo se cortan el clítoris y los labios mayores y menores, sino que se reduce drásticamente la abertura natural de la vagina. De hecho, a lo largo de sus vidas, muchas mujeres recibirán docenas de suturas, hechas y deshechas una y otra vez, cada vez que se embaracen y llegue el momento del parto.

La Organización Mundial de la Salud también se sumó a la campaña de tolerancia cero de la ONU, y en el intento por anular todo tipo de agresión quirúrgica, promueve planes y estrategias informativas en las regiones con mayores índices de MGF. En este empeño, cientos de mujeres decidieron descorrer el velo de su vergüenza y se convirtieron en incansables activistas, como resulta el caso de la joven keniana Bishara Sheikh Hamo, quien a los 11 años fue mutilada, con una cuchilla de afeitar, por su propia abuela. «Es un requisito para toda niña, porque eso las hace puras», le explicó. Desde ese día ha vivido su propia versión del infierno.

En el caso de Sudamérica, Colombia resalta por ser la única nación donde la práctica de la MGF ya se registra desde el 2007 como un problema de salud que demanda intervención estatal, luego de que se conociera la historia de dos recién nacidas de la comunidad indígena embera que murieron tras el procedimiento. Sin embargo, el lado espeluznante de este tema está en que solo se reconocen a las víctimas fatales. Las mártires cotidianas continúan ahí, mientras intentan transitar por una vida helada, y se exponen a repetir el mismo crimen con sus propias hijas.     

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