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Soltería, ¿estilo de vida o falta de opciones?

Mientras algunos sienten miedo a enamorarse (filobobia), otros padecen de anuptafobia, o temor a estar soltero. La soltería ¿elección o falta de opciones?

Joven con flor y ojos tapados por pétalos.
(Foto: Sadiel Mederos Bermúdez)
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A mi abuela, maga de la vida,
enamorada hasta el último día.

A los seis o siete años decidí tres cosas. Primero, que las matemáticas y yo no compaginábamos ni aunque nos vistiesen igual; segunda, que los animales del circo me provocaban tristeza y, por último, que jamás sería una solterona.

Mi abuela lo había dejado claro: «En esta familia ninguna mujer se queda para tía». Y un buen día, analizando en retrospectiva mientras intentaba estructurar un árbol genealógico a base de fotos amarillentas, me percaté de que, ciertamente, lo que más abundaba por línea materna eran casamientos, fugas a caballo y paritorios. Incluso, cuando mi abuela de 15 años comenzaba a noviar con mi abuelo de 17, un tío de ella y una tía de él —pasados de tan maduros y más solteros que el papa— decidieron unirse ante Dios y ante los hombres. En carrera meteórica contra la menopausia, la «nueva» pareja tuvo tres niños.

«Pero se montaron en el último tren —decía mi abuela—. Menos mal que ¡los pobres! pudieron disfrutar de algo».

—¿Y de qué disfrutaron, Lela?

—¡Ay, hija!, de lo alegres que son las bodas.

Tomé entonces su palabra como fe de vida. ¿Pa’ tía yo? Ni aunque el diablo me amenazara con zambullirme en su caldero de aceite hirviente.

Así que, con una sayuela sobre la frente y un anillito de falso carey, ensayé el gran día con novios imaginarios, amigos del barrio de mi niñez y amigas que engolaban la voz cuando no había representante masculino para asumir el papel de esposo feliz.

Pero «pasó el tiempo y pasó» y el futuro —como suele ocurrir— se torció cuanto quiso. Ni siquiera el amor de mi abuela y el destino radiante que intentó procurarme me exoneraron de lo triste, de lo decepcionante. «Esa es la vida, por eso, el día que decidas casarte, tienes que escoger bien», como si el ser humano estuviese hecho de una placa transparente, como si un acta notarial ahuyentara los problemas. Y ella lo sabía, como mismo sabía leerles los ojos a los suyos. Mas, no por ello cedió.

Entre las muchas historias de mi infancia, la de Sidney Trifonia Bertalina, dama de tanta alcurnia como nombres, solterona y casta, le angustiaba el alma. «Infeliz, morirse un día sin saber lo que es querer a los nietos».

—Pero, Lela, no todos tienen por qué asumir el mismo proyecto de vida, ¿no te parece?

—Sí, es verdad. Aunque en la familia de nosotros no se ven esas cosas.

¿Fobias o simples elecciones?

A algunos se les da mejor que a otros lo de hablar de sus asuntos. En temas sentimentales, lo más común radica en establecer cierta tendencia justificativa sobre el comportamiento. Por desgracia, la sociedad presiona sin piedad para que exterioricemos lo que sea que nos alegre, complazca o abrume.

Curiositas para solteros

♦ Un estudio publicado en el 2008 por la Universidad de Texas, en Austin, Estados Unidos, y que analizó durante 21 años una muestra de 1,2 millones de norteamericanos, develó que quienes  nunca habían contraído matrimonio gozaban de mayor bienestar y salud.

♦ Las personas solteras tienen mayor capacidad de mantener a sus amigos en el tiempo, aumentar su red social, y ver a sus amistades y familiares de forma más frecuente que aquellas que han consolidado una relación o están casadas. Así lo afirma una investigación liderada por el Dr. Kelly Musick, profesor de la Facultad de Ecología Humana de la Universidad Cornell, en Nueva York.

♦ De acuerdo con una investigación realizada por el portal de citas web Match.com, a 6000 personas, entre solteros y casados, el 97 % de los encuestados que reconocieron no tener pareja estable aseguraron que, en lo que se refiere al disfrute, prefieren satisfacer primero a su compañero durante la relación sexual antes que imponer su propia satisfacción. El dato de los casados, sin embargo, es muy poco significativo en este sentido.  

Una lectora —que insistió en mantener oculto su nombre— relata en breves párrafos lo que bautizó como las cruzadas de su vida.

«He ido de relación en relación desde la secundaria. Al principio le pareció normal hasta a mi mamá, quien decía que la inseguridad forma parte del comportamiento típico de los adolescentes, pero hasta este día nunca he podido concretar algo real. Es imposible, pues lo único que veo son los defectos de los demás, las cosas que tienen que corregir para estar conmigo.

«Siempre termino en medio de rupturas feas e hirientes. Después me odio a mí misma y digo que me daré un tiempo para recapacitar y prepararme, pero en cuanto conozco a alguien que me interesa, se me olvida lo que pensé. Vivo en un círculo vicioso en el que me frustro y frustro a los demás, y esa es una actitud despreciable. Sin embargo, no sé ser de otra manera y tampoco puedo estar sola por mucho tiempo. Si no consigo ayuda me volveré mi peor enemiga».

Para otros, el núcleo de sus problemas contiene mucho de inexplicable. Desde Remedios, un hombre de 34 años —también solicitó el anonimato— se mantiene expectante por una soltería que ya ha durado demasiado.

«No logro una relación. Estudié, tengo un buen trabajo y un negocio particular, o sea, que estoy luchando para mantener una solvencia decorosa. En mi opinión, aunque los problemas de carácter entre las parejas son difíciles de sobrellevar, tampoco pesan tanto como una convivencia con carencias económicas. Eso, conmigo, no sería una preocupación».

Sheila M. Olazábal casi llega a los 30, pero no la inquietan ni las observaciones ajenas ni los aparentes inconvenientes de no tener pareja.

«He vivido lo malo y lo bueno de varias relaciones. Mis pretensiones son simples: pasarla bien, dar y recibir. Me encanta estar sola y dedicarme tiempo y mimos; a veces digo que mi mejor amante está en mí misma. Cada persona es un universo, con sus propios traumas y defectos, y, realmente, lidiar con tal carga negativa es una responsabilidad que no me llama la atención.

«No me atraen ni el matrimonio ni los niños. El sexo tampoco es una preocupación. Lo disfruto con quien me guste, pero sin compromisos. Este es mi estado ideal y nunca he necesitado a alguien más. Quizás no busco una media naranja porque me siento completa».

La ciencia, claro está, también elaboró sus teorías para estos casos. Por un lado, la anuptafobia (que en latín se interpreta como carencia de nupcias) describe el temor anómalo a estar solteros, por lo que quienes la padecen son capaces de aferrarse patológicamente a sus parejas, aun cuando sean del tipo destructivo.

Presiones sociales de las que etiquetan de fracasados a los que no han logrado una estabilidad sentimental, como celos compul­sivos, dependencia emocional y baja autoestima, entre otros detonantes, constituyen clásicos síntomas de los anuptafóbicos.

El psicólogo español Jorge Castelló Blas­co, especializado en dependencia emocional y trastornos de la personalidad, aclara que se trata de «un problema en la personalidad que produce que el sujeto que la padece priorice el mundo de la pareja sobre cualquier otro, hasta el punto de anularse en exceso por las relaciones de pareja o vivirlas con una intensidad emocional normalmente negativa y desbordante».

Jonathan García-Allen, psicólogo, entrenador personal y director de Comunicación de la reconocida revista en línea Psicología y Mente, plantea que los orígenes de la anuptafobia podrían localizarse en la propia infancia.

«Son muchas las investigaciones que alertan de consecuencias negativas futuras si los niños no son criados de manera correcta. Pero no solamente la falta de cariño puede ser un problema para el futuro desarrollo de una persona, sino que el exceso de protección también puede causar que ésta sufra pánico a la soltería al hacerse mayor. En este sentido, es muy importante que los padres tengan las herramientas necesarias para educar en inteligencia emocional a sus hijos.

«La relación con los padres será determinante en la creación del mundo mental del niño y puede ocasionarle patologías futuras, como problemas en sus relaciones».

Como contraparte, la filofobia o temor al amor supone  comportamientos más probables y comunes de lo que pensamos. Este trastorno nervioso implica altísimos niveles de ansiedad, aislamiento social y gran estrés emocional y físico. De hecho, la literatura médica describe posibles reacciones defensivas ante una persona que los atrae, en forma de ataques de pánico, arritmia cardiaca, sudoraciones y desórdenes gastrointestinales.

Sin embargo, el disparador casi generalizado para la mayoría de los filofóbicos resulta clásico: sentimientos de fracaso no superados, divorcios traumáticos, abandono y desamor. 

Hombre y mujer de papel, representación del matrimonio o soltería.
(Foto: Tomada de Internet)

El Dr. García-Allen ofrece en su artículo «La Filofobia o el miedo a enamorarse» varios consejos para estos casos. Pasos simples nomás, pero tremendamente prácticos: exponerse al miedo, vivir el presente, expresar los temores, concederse el tiempo necesario y pedir ayuda profesional.

«La Filofobia es un ejemplo más de un fenómeno muy curioso: allí donde llegue la imaginación humana y nuestra capacidad de pensar en conceptos complejos, puede llegar a existir una fobia específica basado en ideas abstractas. Somos capaces de desarrollar miedos irracionales ante elementos que ni son materiales ni han ocurrido todavía: las fobias pueden nacer de la simple anticipación de un hecho que no tiene por qué ocurrirnos nunca».

Dichosos los que aman

¿Acaso la ciencia podría ponerle un nombre a todo lo que somos y sentimos, a lo que padecemos y deseamos? Para las patologías extremas, quizás, aunque lo que sucede en cada zancada de nuestra vida afectiva resulta demasiado difícil como para contenerse en unas cuantas letras.

Entre personas equivocadas y queridas o correctas, pero no deseadas, la gente escribe las mejores historias. Leí un día que «no existe amor en paz», y me encanta pensar que, de esos romances intensos y perturbados —en los que a veces somos verdugos y a ratos reos— sobrevivimos siendo más fuertes.

Solitarios crónicos o principiantes, rendidos o en pie de guerra: lo único que pretendemos es ser felices. De paso, también evitamos que haya un solterón en la familia.

¡Menos mal que en la mía no se ven esas cosas! 

  • NoOne

Creo que en el punto de que algunos exigen tanto de los demas, que obvian que nadie es perfecto, está intrinseca la otra parte, el exigido, el que no es perfecto y solo quiere ser aceptado y amado con sus defectos y virtudes, pensamientos y actitudes, y opta por no tener pareja a costa de seguir siendo como es sin que nadie le reproche, lo digo por experiencia propia, nunca he querido cambiar a nadie y acepto a las personas como son, solo pido que sean igual conmigo, pero lamentablemente no he encontrado a alguien que sea capaz de aceptarme como soy, y creeanme, a veces es un suplicio tener a alguien criticando en todo momento tu forma de ser, que, sin dañar a nadie, te hace feliz y sentirte bien contigo mismo.

  • Gualterio Nunez Estrada

Eres una hormiguita trabajando.

  • Gualterio Nunez Estrada

La mujer, mientras mas educada, le es mas dificl buscar un hombre que corresponda con ella debido a la educacion machista del hombre. Aqui en Estados Unidos, donde existe machismo, es peor que en Cuba, el 50% de la poblacion nunca encuentra pareja, una tragedia nacional, segun siquiatras norteamericanos, y los hombres no quieren casarse.